lunes, julio 26, 2004

El castillo vibracional...

Hace algún tiempo tuve la oportunidad -mejor dicho, me dio la gana- replicar a Francisco Padrón por un artículo antológicamente disparatado que publicó en un periodiquillo paranormal llamado «Atlantes» que se editaba en La Palma y que ya debe haber desaparecido, cosa que no me entristece, precisamente. El artículo en cuestión era una colección de falacias y «paridas» dirigidas contra los escépticos en lo paranormal, y mi réplica llevaba por título «Carta escéptica a Francisco Padrón». Lógicamente a «Atlantes» debió parecerle muy fuerte mi escrito pues no fue publicado; en cambio «el escéptico digital» sí se hizo eco de él (edición 2001 - número 38 - 26 de noviembre de 2001, también en http://www.arp-sapc.org/eedigital/carta_esceptica.pdf).

Ahora me da la gana de nuevo de replicar a Francisco Padrón por un artículo publicado en su columna dominical de humor de «Diario de Avisos» titulado «El castillo de los fantasmas» (11-4-2004) porque de nuevo vuelve a hacer referencia a los escépticos, aprovechando el paso de Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, por ese programa televisivo, también ya desaparecido, «El castillo de los mantas, perdón, de las mentes prodigiosas». Armentia actuó como «juez» del circo de «freakies» que allí tenía lugar. «El castillo...» era un programa, para quien tuvo la suerte o la precaución de no verlo, que parecía directamente inspirado en lo que Francisco Padrón lleva cantando y contando en los últimos 30 años en diversos medios de comunicación. El aire de familia es evidente. Con esto lo digo casi todo, y se pueden hacer una idea...

Padrón asegura que los escépticos califican de tontos o analfabetos a quienes se interesan «por estos temas». Cuando Padrón dice «estos temas» se refiere a toda la quincalla paranormal, al mito ocultista de los viajes astrales, a la farsa de las psicofonías, a la leyenda de los platillos volantes, a la afección psicológica llamada «abducción extraterrestre», a la invención teosofista de los «estados vibracionales», a los «paquetes energéticos» que tanta gracia hacen a los físicos y que provocan gestos obscenos consistentes en llevarse la mano abierta a la entrepierna para asegurar que «yo también tengo un "paquete energético"»... Bueno, no tiene por qué ser especialmente tonto quien se interesa por estas cosas; todas ellas pueden ser estudiadas crítica o racionalmente con el mismo ahínco y rigor que la teoría de la evolución o la formación de planetas extrasolares. Lo que sí es cierto, y además evidente y notorio, es que todos «estos temas» atraen, como dijera James Oberg de los ovnis, una proporción superior a la media de chiflados. En todas las profesiones y campos de estudio hay heterodoxos que bordean la chifladura, pero los ovnis y «todos esos temas» parecen haberse puesto de acuerdo para embelesar a buena parte de esas almas etéreas y «vibracionalmente» desequilibradas que tanto material proporcionan para los científicos sociales y psicólogos.

A continuación el visitador de otros estados (no políticos sino pluri-dimensionales) por excelencia de Canarias cita sin citar -con su proverbial precisión- al curso interdisciplinar «Ciencia y pseudociencias: realidades y mitos» que finalizó el día 4 de mayo de 2004, y que presentó un panorama general de la ciencia contemporánea y de buena parte de las creencias irracionales que pseudo-periodistas como el que me ocupa se encargan de administrar a la parroquia crédula. Y contrapone la iniciativa de la Universidad de La Laguna a la de un psicólogo llamado Alejandro Parra en la Universidad de Granada, que por lo que se ve llevó la buena nueva de la parapsicología a los alumnos de la ciudad andaluza. No tengo el gusto de conocer al citado, pero sí al grupo organizador, una de esas asociaciones de jóvenes que se ronchan cuando hay algún escéptico cerca, o incluso a través de Internet, a miles de kilómetros de distancia... Mal pudo hablarles Parra de la parapsicología científica porque, a la larga, son términos contradictorios. Yo ya me he cansado de pedirle a nuestro Paco referencias concretas, citas de revistas con árbitros y otras cosas que son totalmente innecesarias para todos aquellos a quienes una creencia irracional, como las que sirven de apoyo a la parapsicología, se les incrustó en la mente de forma indeleble... Quizá en pocos constructos pseudocientíficos -al margen de las religiones- se transparenta tanto el miedo a la muerte como en la parapsicología. Supongo que Parra hablaría a sus oyentes de la ley básica de la parapsicología: cuantos más controles rigurosos hay sobre un fenómeno o experimento paranormal mayor tendencia se detecta a que tal ocurrencia misteriosa no se produzca. Quizá esto sea en sí mismo un auténtico fenómeno paranormal, je. ¿Les comentó también la «ley» propuesta por Henri Broch sobre la decadencia histórica de las fuerzas psíquico-paranormales del ser humano? (véase "Conviértase en brujo, conviértase en sabio. La desmitificación científica de las supersticiones y los fenómenos paranormales". Georges Charpak y Henri Broch, Ediciones B, Barcelona, 2003, pp. 199-202). ¡Ah de aquellos tiempos en los que los pascuences movían los moais -toneladas de piedra- con la fuerza mental! Luego los «paranormales» y «dotados» se conformaron en el siglo XIX con mover sillas, mesas y objetos de pocos kilos de peso; y cuando los trucos fueron descubiertos pasaron en el siglo XX a mover lápices, a doblar cucharas y a poner en marcha relojes «gellerianamente». Y ahora nos hablan de la micropsicoquinesis (con perdón), cuando el mago, quiero decir el psíquico, sólo puede mover objetos muy livianos. Y dentro de unos años seguro que saldrán con que pueden alterar la estructura subatómica... Tiempo al tiempo. Basta con poner la palabra baúl «cuántico» detrás de cualquier truquito de magia para principiantes disfrazado de «poder oculto de la mente». Esta progresión decreciente de las capacidades paranormales históricas da que pensar, no me lo negará... Pero siempre habrá algún encantador de serpientes y planetas que nos permitirá seguir pensando que el mundo es «mágico», que en la Luna hay ruinas arquitectónicas, que Jesucristo compró billetes de primera fila para el Coliseo romano, que la «salida en el astral» no es una salida por la tangente del sentido común y nos da pistas de un más allá, que las sincronicidades son algo más que una majadería esencialmente vacía de contenido y que a San Borondón la pillaron por sorpresa en un vídeo de vergüenza ajena.

El siguiente objetivo padroniano es Javier Armentia, conocido divulgador científico y escéptico frente a las pseudociencias, al que acusa de «vendido a la pasta» por su aparición en «El castillo...». A Armentia no hace falta defenderlo porque se defiende bastante bien solo, pero repetiré aquí lo que ya he comentado en Internet y al propio Armentia cara a cara en su visita a Tenerife con motivo del curso interdisciplinar arriba citado: creo que las críticas a su presencia fueron exageradas. Las de los escépticos porque quizá algunos tengan un concepto del prestigio un tanto exigente, por un sentimiento a veces un poco corporativo, y porque creo que le otorgan demasiada importancia a un foro como el de la televisión. Y las de los «fabricantes de misterios» por su torpeza una vez más demostrada, por su inquina y por el ridículo hecho hasta cuando podrían haberlo hecho bien. La comandita paranormal y misteriosa española no puede ver a Armentia ni en fotos y han abusado de la crítica en Internet basada en argumento de que la presencia en un acto lo sanciona positivamente, y de que ahora no está legitimado para criticar las actuaciones y afirmaciones de los más consumados especialistas en el «misterio» de España. Una única razón, según dicen, debió mover al astrofísico a acudir en compañía de Apeles y demás a ese show: el dinero. Bien, quizá sea cierto, pero ¿contribuyó realmente Armentia al aumento de la credibilidad «profesional» de los adivinos allí amontonados? Además, yo le digo que es más fácil y legítimo acudir a un espectáculo de estos que a un curso en la Complutense pro-ovni o pro-misterios, y que esto es menos tolerable, si se hace con afán sensacionalista, que lo de la tele porque es más cínico, más falso, más perjudicial para el desarrollo del pensamiento crítico y más fraudulento porque la realidad queda pervertida apoyándose en el prestigio social de la universidad. Al fin y al cabo la televisión es la televisión, y nadie se tragó las recetas de Paco Porras, al contrario que la pseudociencia y el disparate disfrazado de investigación científica con chaleco multi-bolsillos o de veterano viajero del alma que no aporta una gramo de materia intelectual digerible jamás, porque abunda la gente joven y menos joven que comulga con estas ruedas de molino. Por otro lado, para acudir a un programa televisivo como el de las mentes cochambrosas «en plan juez» hace falta cierto estilo, cierto ejercicio de surrealismo, cierta visión lúdica, cierta visión daliniana de las cosas y cierta intención de ser un caballo de troya -al margen de que lo consiguiera o no- que en vez de atacar pretende reducir al absurdo un planteamiento indefendible; y todo esto no está al alcance de cualquiera. ¿Me comprende Vd., señor Padrón? ¿Empieza Vd. a entender ahora por qué, a mi juicio, Armentia «puede ser jurado de un cúmulo de patrañas» a pesar de que «para este astrofísico no existen los fenómenos paranormales»? Su «razonamiento» me recuerda a esa pregunta de «si no crees ¿para qué investigas?», que tan buenos ratos me ha hecho pasar con los amigos y que tengo puesta en mi particular colección o antología del disparate remarcada con rotulador fluorescente.

Quizá lo mejor de su artículo es la larga cita del resumen que el bioquímico Javier Corzo redactó de su conferencia sobre el fraude científico, también en el curso interdisciplinar de la ULL. No sé si ha comprendido el sentido de la charla de Corzo: en la ciencia hay fraudes, hay ciencia débil y patológica (lea «Ciencia o vudú», de Robert L. Park, Grijalbo Mondadori, Barcelona, 2001) como en todas las facetas de la vida, pero la ventaja de la ciencia es que estos fraudes o imperfecciones acaban saliendo a la luz y son abandonados, y el prestigio de sus promotores queda seriamente «tocado». En cambio, en la parapsicología o en la ufología los fraudes no causan efecto alguno, los amaños, las mentiras, las exageraciones periodísticas, la tergiversación de testimonios sobre platillos volantes descubiertas, no causan un efecto comparable al que causa en el terreno científico. Ahí tenemos a contumaces propagandistas de sus mismos inventos y de los que otros paren que son adorados como si hubiesen inventado la penicilina. Estas creencias son inamovibles y, por otro lado, el hecho de que algunos científicos se interesen por estas cuestiones no quiere decir que la carta de naturaleza les haya sido otorgada. ¿Quiere que le pida una vez más referencias concretas y réplicas o confirmaciones independientes de estudios sobre «estos temas»? Por cierto, señor Padrón, llevamos cuatro años esperando que se pase por las jornadas del curso interdisciplinar sobre ciencia y pseudociencia, para que aporte todas las pruebas que dice poseer, para que demuestre sus extravagantes afirmaciones de una vez por todas, para que no siga distribuyendo pseudo-cultura a voleo cada domingo. De todas formas Vd. mismo ha dicho en público que no hace falta demostrar nada, faltaría más.

Yo intuyo que a Francisco Padrón le quedó cierto mal sabor por no haber podido replicar in situ a Javier Armentia en las pocas cosas que dijo mientras su compromiso le obligó a aguantar el tipo en el engendro televisivo del castillo. Y sospecho que Padrón no se habría puesto una capa dorada como el del planetario pamplonés para responder: él habría bajado a la arena y se habría puesto al lado de Porras y Leevon Kennedy. Es su lugar natural, aunque se disfrace de «investigador», de perseguidor del misterio en Las Cañadas, en la Tejita o en los amontonamientos de piedras del barrio de Chacona güimarero, con sus artículos atiborrados de comas, como si puntuara con un hisopo que en vez de agua bendita contuviera estos pequeños signos.

viernes, julio 23, 2004

Cuando los paranormales se disfrazan de normales.

¿Por qué tantos medios de comunicación se muestran incapacitados para distinguir, y segregar convenientemente, la cultura de la pseudocultura? Toda esa cuadrilla de tarotistas, adivinadores, limpiadores de «energías» positivas y negativas e investigadores de lo paranormal que muestran sus taras intelectuales se han colado en nuestras televisiones y radios locales como si fuesen uno más, como si estuviesen a la altura de la desaparecida «La clave» o de una retransmisión radiofónica desde la ópera de Milán. Los presentadores los adulan, los tratan con condescendencia, los igualan al científico que, cual bicho raro -y no me refiero al inexistente Nessie o Yeti- y por casualidad ha intervenido inmediatamente antes. El caso más reciente del que tengo conocimiento fue la intervención de psicólogo social Luis Díaz Vilela, del Departamento de Psicología Cognitiva, Social y Organizacional de la Universidad de La laguna, hace unos pocos meses en una radio local tinerfeña para hablar del curso interdisciplinar "Ciencia y pseudociencia: realidades y mitos", que dirigió este año. Nada más finalizada su entrevista, y sin solución de continuidad, dos próceres de la irracionalidad local ofrecieron su visión de lo paranormal, no fuera que los oyentes y la superficial presentadora estuviesen expuestos al escepticismo durante demasiado tiempo.

Risueños presentadores, más o menos amanerados, presentadoras más o menos partidistas, malas de libro, predispuestas a lo facilón, y sus paranormales invitados, son incapaces de distinguir entre una opinión personal y un descarado y ridículo fraude. O entre una imaginación personal cercana al delirio y un juicio basado en la interpretación de unos hechos contrastados. Hay periodistas buenos y malos, y luego otros fuera de categoría por lo bajo, que si no cantan tanto como los malos médicos sí lo hacen más que los malos zapateros, porque aquéllos dan la cara o la voz en los medios. Todos los paranormalistas, todos, adivinen el futuro todo el día o a ratitos, mediante «flashes» (¿Vd. se lo cree?; yo no), echen las cartas o perpetren programas radiofónicos sobre misterios caducos pertenecen a la misma murga, al mismo club social de compadreo paranormal, a la misma fábrica de misterios S.A., a la misma tienda de productos para engañabobos; sólo hay pequeñas variaciones de estilo, más chulos unos que otros para sacar a pasear su falaz lengua y confundir y engañar miserablemente al oyente o televidente, arropados éstos por un disfraz de investigador con chaleco multibolsillos y aquéllos lindando sin pudor con lo freak, con lo monstruoso, con lo ridículamente monstruoso (y qué más quisieran los citados que ser auténticos monstruos, de los que estamos tan necesitados en estos tiempos ahormados y normalizados); su labor no es más que la de mamporreros del desorden establecido en su sección de «imaginarios de saldo, prefabricados del cambio de conciencia-apertura mental, aglomerados de pseudo-misterios, y top-manta tarotista, criptozoológico y esnifada astral».

Existen unos estudiosos que se llaman teóricos de la comunicación; entre ellos los hay especialmente interesados en la televisión y la radio, en cómo nos influyen, en cómo pueden emocionar e informar y en cómo prolongan la ignorancia y muestran impúdicamente las llagas morales e intelectuales de personas causadas por una deficiente instrucción, de la que no tienen por qué ser culpables. Son inocentes, en el fondo. Enseñar al que no sabe es una obra de caridad, virtud teologal de la que carecen los auténticos culpables: los responsables de esos programas televisivos y radiofónicos -junto con los directores de esos medios que lo permiten- donde la basura irracional se presenta como una opción más, en pie de igualdad con la cultura, como un muestrario de colores a elegir; y ellos, sus responsables, lo saben, pero son unos mercaderes de sonrisa sardónica y vergüenza extraviada.

Joder, tíos, cómprense un par de toneladas de decencia. O mejor aun: multiplíquense por cero, que dice un personaje de dibujos animados que deja en paños menores a los antiguos cínicos.

Se hace saber que...

... este blog no tiene la pretensión de descubrir ningún misterio, ni de reivindicar la necesidad de que la NASA, el CSIC, el IAC o el club de la tercera edad de Roquenegro (Tenerife) investigue los "enigmas" de los platillos volantes, las caras y caraduras de Bélmez (Jaén) o cualquier otra fabricación mediática de las que caen bajo el pretencioso manto de los "misterios de la ciencia", que aquí son los MIHTERIOH DE LA SIENCIA, por aquello del acento (o "asento") y del cachondeo. Creo que la NASA, el CSIC y el IAC tienen cosas más importantes que investigar. Incluso el club de la tercera edad del citado caserío tinerfeño debe tener cosas más importantes en que pensar...

Aquí sólo estaremos atentos a las cosillas que se oyen y se leen por ahí relacionadas con lo paranormal y "mihterioso" y tar... , y daremos una opinión crítica y escéptica de vez en cuando. A pesar de tratarse de un mundo de pamplinas, de rumores y leyendas refritas y administradas año tras año, se trata de un mercado amplio que se nutre de la ignorancia científica; por ello es conveniente poner en su lugar a los "paracientíficos" y a los que pretenden que se confunda lo que es auténtica ciencia revolucionaria con una mona vestida de seda.