miércoles, septiembre 29, 2004

Compendio escéptico-divulgativo

Como es sabido y evidente el mercado editorial de lo alternativo y misterioso publica mucha mierda: teologías posmodernas en formato caballos de trolas, conspiraciones sobre el atentado del 11 de septiembre de 2001, paridas imaginadas por los caras de Bélmez que no hay quien se crea y otras muchas de tipos que se dedican a reescribir la historia como si los historiadores contrastados fueran unos inútiles y unos zoquetes que no habían percibido la conexión oculta de tal o cual acontecimiento histórico. Es posible trazar una línea que una los engendros citados con toda esa numerosísima quincalla de libritos de cambio de conciencia, angelitos que nos protegen, maestros ascendidos, reencarnaciones y otras píldoras de auto-engaño. Precisamente el auto-engaño es lo que hace posible, de entrada, apercibirse de esa conexión; pero no sólo eso: es más importante la vinculación que se produce en el universo ideológico que todos ellos comparten en mayor o menor medida: cambios de paradigma, apertura mental, negativismo, escepticismocomolepranefanda, etc. Esto da para mucho, porque es entrar en el mundo de pensamiento mágico, gran solar parcelado en el que habitan desde los cazadores de marcianos con ademán de estar de vuelta de todas las batallas magufas hasta el tarotista televisivo, espiritista y amanerado, todo ello al mismo tiempo. Pero no es el momento de cerrar la mente a todas estas vergüenzas sino de abrirla a tope para hacer unos breves comentarios sobre una novedad editorial: CIENCIA Y PSEUDOCIENCIAS: REALIDADES Y MITOS, editorial Sirius, Colección Mileniun, 2004). Sus editores científicos son Inés Rodríguez Hidalgo Instituto de Astrofísica de Canarias/Departamento de Astrofísica de la Facultad de Física de la ULL; Luis Díaz Vilela, del Departamento de Psicología Cognitiva, Social y Organizacional de la ULL; Carlos Álvarez González, colega de Departamento del anterior; y José María Riol Cimas, del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la ULL.

La obra está escrita por 26 autores y basada en la segunda edición (2002) del curso Interdisciplinar Ciencia y pseudocencias: realidades y mitos de la ULL, del que tendremos quinta edición el próximo año.

Tengo la suerte de haber vivido de cerca el proceso de gestación de la obra, desde que surgió la idea de plasmar por escrito la citada segunda edición del Curso de la ULL hasta su presencia final en las librerías, pasando por la laboriosa tarea de edición de los originales y el contacto con los autores para sugerirles cambios y mejoras. Felicidades a los cuatro editores: han producido una obra inédita y por tanto pionera en España en lo que a la divulgación del escepticismo se refiere y a la divulgación de los principales campos científicos contemporáneos, que son las dos grandes partes del libro. Entre ambos terrenos existe, pensamos, una relación simbiótica, aunque cada uno frecuente una trinchera u otra con más frecuencia. Espero que sirva de ejemplo y en los próximos años veamos ensayos y monografías en el mercado editorial español que empiecen a compensar la abrumadora presencia de los delincuentes culturales especializados en dar gato por liebre libraco tras libraco. Y si alguien cree que esto es una falta de respeto a la libertad de opinión y publicación de no sé quién pues que se tome dos tazas de este caldo...

Otra suerte paralela a la anterior, paralela pero de esta dimensión, no paralela por multidimensional, como el universo por donde revolotean los astralófilos, es la de tener a un buen número de amigos entre los autores, escépticos, activamente escépticos, tinerfeños la mayoría, que viven aquí quiero decir, colegas de vasilón y tar... Todos del frente anti-magufos, y que no decaiga, cual chatarra espacial, que hay mucho por hacer, muchas charlas que dar en institutos de Secundaria, en la ULL, en Ayuntamientos, muchos artículos que escribir, muchas refutaciones, muchas cartas de protesta, muchos programas de radio, muchas mentes que abrir escépticamente, mucha difusión de la cultura, de toda, sin adjetivos, porque esta es la mejor arma contra el engaño publicitario convertido en costumbre. Después de todo, la crítica al mundo prefabricado de ciertos medios de comunicación especializados en suministrar pienso mágico y alternativo para mentes abiertas y flotantes no es más que un paso previo para la necesaria revuelta total contra el mundo dado. Quizá la batalla final se dirima en este siglo. Pero ahora, a la mano, estamos ante un libro que trata de cultura, de una buena selección de temas de cultura (con permiso de uno de los editores, la cultura emerge por encima de los cerebros) que le permitirá echar un vistazo amplio a la ciencia y a un puñado de extendidas creencias, desde lo cerradamente irracional al amago de ciencia, es decir, pseudociencia. El prólogo es del conocido divulgador científico Manuel Toharia y la adecuada introducción justifica la existencia del libro sobradamente.

En la página web del Curso Interdisciplinar pueden acceder al índice de la obra: en la parte inferior de la portada está el link. También El lobo rayado ha subido algunos comentarios a su blog.

Por último, dos avisos:

El jueves 7 de octubre de 2004, a las 20:00 horas, tendrá lugar en el salón de actos del Centro Cultural Cajacanarias (junto al monumento al chicharro) en Santa Cruz de Tenerife la presentación del libro, con la presencia del Rector de la ULL, Ángel Gutiérrez (también participante en las ediciones posteriores del curso), y de los editores científicos.

Y el jueves 28 de octubre de 2004, a las 19:30 horas, se presentará en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con la asistencia por confirmar de Manuel Toharia, de Manuel Calvo Hernando, presidente de la Asociación Española de Periodismo Científico, y de Jorge Ruiz, director de la editorial, así como de los editores científicos.

Otro día, con un poco de tiempo, subo una reseña más ortodoxa.

miércoles, septiembre 15, 2004

Pic-nic ufológico

En la nota anterior me referí, al final, a algunos epítetos que A.J. Gevaerd dedicó a Kentaro Mori y a Ceticismo Aberto al rechazar la propuesta de someter un solo caso ovni al examen de una comisión científica independiente (una iniciativa, en mi opinión, a medio camino entre el Panel Sturrock y el Proyecto Magonia, je, je). Junto al de que no Gevaerd le pegó un pase de pecho a Mori, Kentaro, tal que así: ... um amontoado de céticos que pesquisam Ufologia de gabinete (esquentação de poltrona e clicação de mouse), que, en traducción literal, viene a querer decir que no me toquen los ufos; que te vayas a tu gabinete o al salón de tu choza a sentarte en tu poltrona (o butaca escéptica) delante del ordenador; y que no jodas la marrana haciendo click con el ratón y destripando los casos de platillos volantes que yo me he currado a pie de obra para beneficio de la humanidad.

Luis Ruiz Noguez, científico mexicano, ufólogo experto en casos ovni fotográficos y frecuentador de butacas o poltronas escépticas (voy a preguntar en Ikea), de los que hacen todo el día click con el mouse y también vecino en la lista Anomalist, de la Fundación Anomalía, hizo un par de comentarios, que reproduzco a continuación:

Aunque esto es general en todos los ufólogos, en este caso particular Gevaerd y Werner afirman que ellos sí investigan, mientras que los escépticos no. Cuando mucho conceden que los escépticos hacen investigación de gabinete. En estos términos para ellos la investigación de gabinete, o no es investigación o es una investigación de segunda. Independientemente de que eso no es así (muchos de nosotros hemos salido al terreno a entrevistar, analizar, medir, cronometrar...). En su gran mayoría los ufólogos no tienen ni idea de lo que es una investigación. No saben lo que es una prueba en periodismo, en abogacía, mucho menos científica (ahí esta Gevaerd proponiendo demostrar la negación). Ellos piensan que investigar es ir a tomarse la foto con el abducido en turno; hipnotizarlo; transcribir sus notas y publicar un reportaje o aparecer en la radio o televisión mostrando que las suelas de sus zapatos son prueba irrefutable de que ellos sí investigan. Se han tomado muy a pecho aquello de que son investigadores. Ya ni a ellos les gusta que les llamen ufólogos. Eso de investigadores, por lo menos en México, salió después de que en los programas de TV nos presentaban como escépticos. Ellos quisieron que los presentaran como "investigadores". Pero que yo sepa, el antónimo de escéptico no es ni ufólogo ni investigador. La palabra correcta es "crédulo".

Yo firmo esto, claro. A continuación reproduzco un pequeño fragmento de un librito que saldrá próximamente a la luz, si mi editor lo tiene a bien (ya daré noticias). Fue escrito en 1997 y pasó unos cuantos años en un oscuro rincón de mi disco duro hasta que lo desempolvé. Si usted tiene 20 años y es aficionado a los Mihterioh de la Siensia es probable que le venga bien leerlo.

Investigación de campo-investigación de gabinete: un enfrentamiento ficticio



Una de las falacias más asentadas en la Ovnilandia española (jocoso término que empleo como traducción del equivalente Ufoland, introducido por Robert Sheaffer en Veredicto OVNI, Examen de la evidencia, Tikal Ediciones, Gerona, 1994, para referirse al mare mágnun de creyentes acérrimos, fabricantes de misterios y otras subespecies de la fauna ufológica) es la separación entre ufólogos de campo y de gabinete, a menudo denominados peyorativamente de salón. Según soy capaz de imaginar -porque nadie ha ofrecido nunca una definición precisa de lo que ambas expresiones significan- el ufólogo de campo es aquel que infaliblemente entrevista a pie de terreno al que divisó el ovni y recaba su valioso testimonio. El de gabinete sería aquel que no entrevista personalmente a los testigos y que se limita a dar opiniones basadas en los datos obtenidos por los primeros (desde tal perspectiva yo podría considerarme botánico o entomólogo si me dedicase unos cuantos meses a recoger plantas e insectos practicando la genuina investigación de campo, aunque nunca haya estudiado formalmente esas ciencias ni tenga interés en elaborar estudios anatómicos, comparativos, etc., de gabinete, con los ejemplares recolectados). De entrada es necesario aclarar que no es posible separar ambas facetas de la investigación, excepto en los casos de observaciones nocturnas y lejanas, en las que, de hecho, es suficiente en muchas ocasiones echar un vistazo a las efemérides planetarias correspondientes para determinar la causa de la confusión. Creo que, si bien no existe un sólo ufólogo de gabinete exclusivamente, sí existen ufólogos (o algo parecido) únicamente campestres; son como un entomólogo que captura mariposas por el simple placer de darse un paseo por el campo, sin ningún interés posterior por analizar, en su laboratorio o gabinete, los ejemplares obtenidos. Ciertamente tal proceder tiene bien poco de científico -lo cual a algunos importa bien poco- y debe ser relegado al terreno de las aficiones intrascendentes e inútiles.

Tal clasificación, ilógica y artificiosa, sirve para perpetuar el tradicional enfoque aberrante y superficial de la ufología, hasta tal punto que los que se arrogan el calificativo de investigadores de campo no son más que alegres cultivadores de la creencia en extraterrestres, escritores de ufología-ficción o pintorescos convocantes de alertas ovni. Al mismo tiempo ha servido para el intento, nada oculto, de segregar de la comunidad de investigadores a los que desde sus inicios se caracterizaban por no seguir modas y por plantear críticamente todos los contenidos positivos de la ufología. Al contrario de la creencia habitual, los investigadores que han sido acusados de no realizar jamás investigación de campo no sólo la han realizado, sino que se han preocupado de mostrar las pautas básicas de la encuesta ufológica en el terreno de cara a futuros interesados. La ufología platillista no suele dejar pasar la ocasión de colgar algún sambenito al ufólogo crítico, con la intención de que la masa de crédulos se mantenga alejada de un análisis imparcial y aséptico. Humorísticamente, Manuel Borraz definió tal actitud como la ufología para quien la trabaja, es decir, para el excursionista aventurero disfrazado de Indiana Jones que persigue ovnis y recoge testimonios sin método alguno, sólo para satisfacer el apetito mágico de la mayoría y generar sub-productos para el sector más consumista de lo paranormal.

Si miramos hacia los ovnis con ojos etnólogo -y es una manera muy productiva de mirar- no podemos por menos que valorar en su justa medida la recogida de datos in situ. Existen numerosos manuales en los cuales se sistematizan están técnicas, básicas cuando lo que se pretende estudiar son relatos orales de testigos de hipotéticos fenómenos anómalos. Pero, ¿queda ahí la labor del etnólogo? ¿Es éste un mero transmisor del folclore autóctono y además lo interpreta al pie de la letra? ¿O lo valora de acuerdo con su posicionamiento ideológico y estrategia de investigación, lo compara con otros hallazgos y establece conclusiones sobre las causas de los comportamientos y creencias?
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Añado un comentario para cerrar esta nota.

Es conveniente poner en evidencia esta retórica mema y crédula, no sólo por el prurito de quien, como yo, suele pasear de vez en cuando por los barrios de Paranormalandia, sino por los jóvenes interesados que puedan albergar cierto interés científico por estas cuestiones: cuanto antes aprendan a distinguir entre investigación científica y el teatrillo de los misterios y a hacer uso de las armas del razonamiento crítico, antes sabrán valorar justamente creencias como los platillos volantes, los caretos marcianos, belmezianos y sindonológicos y otras mandangas. Por supuesto, esto no quita para que el interés sociológico o antropológico por todas estas creencias irracionales esté más que justificado. El programa televisivo Planeta encantado es el cadáver de un asesinado: es necesario que un equipo del CSI lo abra, analice los restos de sangre y otros fluidos, identifique los necrófagos, halle curiosos fragmentos que relacionen la muerte violenta con presuntos sospechosos teósofos, dänikenianos, pauwlesitas y bergiersitas, que lo embalsame para posteriores análisis... Así trabajan los forenses, pero también los antropólogos y todo aquel que se dedique a la ciencia de la interpretación. Destripar "misterios", como los niños, que destripan sus juguetes para ver cómo son por dentro. Ruego por los magufos, que me dan alimento espiritual.

martes, septiembre 14, 2004

Prueba tú que no existen (perla magufa)

Los cazamarcianos no dejan de dar motivos para pensar un poco, como de pasada, en esta gran leyenda que son los platillos volantes. Caen en las mismas falacias y torpezas una vez tras otra. La última ha sido el cebo que el escéptico brasileño de origen japonés Kentaro Mori, editor responsable de Ceticismo Aberto, ha mostrado a la entidad crédula Centro Brasileiro de Pesquisas de Discos Voadores (CBPDV). Como ven, no se cortan ni un pelo y llaman a su cofradía "de Discos Voladores". Supongo que en el idioma portugués brasileño la expresión "Discos Voladores" debe significar lo mismo que en castellano, o sea un frisbee de cc., una lenteja mutante de 20 metros de diámetro, una gigantesca hostia con la que deben comulgar semana tras semana los creyentes en cosas raras que vuelan en nuestros cielos, en particular, ahora, los del Centro Brasileiro.

Lo que pasa es que a Mori, participante en lista Anomalist de la Fundación Anomalía, se le ocurrió proponer al Centro brasileño una prueba: que eligieran un solo caso ufológico investigado por ellos y que una comisión de expertos independientes probase que se trata de un disco volador, es decir, según la definición del Centro platillista, veículos espaciais que nos visitam... originários de outras civilizações. Parte de esos expertos podían ser designados por el propio Centro, con la condición de que no perteneciesen al mismo; la otra parte sería seleccionada por Mori. El director de grupo, A.J. Gevaerd, le respondió a Mori que pa tu tía, y estiró el dedo medio apuntando al cielo, en adaptación sui géneris del saludo de los vulcanianos de Star Trek, una de las razas que podrían estar pilotando los dichosos discos voadores.

La verdad es que el premio que ofrecía Mori no era demasiado atrayente para quien ya goza de predicamento en la prensa y recibe miles de visitas en su desquiciada web: si esa comisión de científicos conseguía probar que el episodio elegido era algo raro el Centro de Pesquisas tendría un espacio permanente de 5 megas en la web Ceticismo Aberto. Claro, si el análisis resultaba un fiasco Gevaerd debía cambiarle el nombre al centro y enviar un comunicado a sus asociados y a la prensa informando del fracaso. ¿Se comprende ahora lo del dedo estirado?

Pero lo mejor de todo fue la contra propuesta de Gevaerd: desafió a Mori a probar que los ovnis no existen. Si Mori lo consigue tendrá un espacio mensual en la web de la Revista UFO, la página ovni más visitada del mundo, con 1.465.000 accesos, además de 10 páginas mensuales en UFO, la publicación impresa del Centro, para hacer todo el escepticismo que quieran. Seguramente el lector sabrá de la dificultad de probar hechos negativos. Es como si Gevaerd pretendiese probar que él no es de Neptuno. Pero bueno, no hay más leña que la que arde en Ovnilandia y ésta es la lógica que impera, que algunos desalmados fomentan y que un porrón de crédulos se chuta mensualmente.

Luego, o mañana, subiré otra nota con otra perla del comentario de Gevaerd sobre los escépticos, esos que pesquisam Ufologia de gabinete (esquentação de poltrona e clicação de mouse). Arremánguense los esfínteres, como diría Douglas O'Brien.