domingo, abril 10, 2005

Quien calla otorga

Después del descalabro en Blogalia, por aquí andamos de nuevo, gracias a la amabilidad de Víctor, que ha reconstruido provisionalmente los contenidos originales, al margen del formato. Próximamente recuperaré los enlaces a otras páginas.
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La producción de majaderías ocultistas, misterios de papel cuché y libros sobre falsos enigmas históricos destinados a exprimir el bolsillo del consumidor, previa lobotomización de la facultad crítica del comprador, es abundante en nuestro país. Sobran números, que seguramente son altos, aunque quizá menores que los de otros países europeos: me basta con la presencia habitual de engañabobos en los periódicos, en la televisión y en la radio, últimamente escorados hacia la historia y sus misterios, disciplina que es sometida, violada, maltratada, retorcida, y usada por los especialistas en inventarse lo que no supieron aprender en las facultades correspondientes. Le comentaba recientemente a un periodista que echaba pestes de El código da Vinci que el éxito editorial de invenciones históricas como ésta es un síntoma llamativo, quizá de algo más que del simple aburrimiento y el tedio generalizados. El éxito de El código da Vinci como movimiento obsesivo-compulsivo del espíritu, semejante al de esos mamíferos enjaulados que trazan la misma trayectoria una y otra vez en sus prisiones.

Esa producción misteriófila siempre ha tenido un volumen tal en España que la labor crítica y refutadora se ha visto limitada a pequeñas acciones -aunque no por ello poco efectivas- comparadas con la cantidad de barbaridades mediáticas. Hay que sacar a los kioskos una revista al mes, un programa de radio o un artículo a la semana, y la cantidad de absurdos intercalados entre preposiciones, verbos y artículos es sorprendente. Los escépticos sensibilizados se han visto siempre desbordados, y cuando no, han decidido dejar que el rosario de perlas magufas corra, convencidos de que no vale la pena hincar el diente a tamaños despropósitos, porque nadie con cierto sentido común se los va a tragar. Entre los escépticos también hay algunos más ilusos que otros...

Afortunadamente en los últimos tiempos han aparecido algunas críticas con afán exhaustivo, es decir, se coge un libro con contenidos disparatados, pseudocientíficos o pseudohistóricos y se refuta de principio a fin, como quien ara en una finca hasta el último metro cuadrado. Este esforzado trabajo lo están realizando dos escépticos en estos momentos con otros tantos libros, así que considero que vale mucho la pena citarlos aquí, y que quien quiera lo haga constar donde le parezca oportuno.

El primero de ellos es el historiador José Luis Calvo Buey que desde su blog Escritos desde el páramo (que nada tiene que ver con unos hipotéticos diarios de Mad Max, creo) está desmenuzando el contenido de Los guardianes del secreto de Lorenzo Fernández Bueno, una obra escrita al calor de la afición por los pseudo-enigmas históricos. Es de risa, por eso Calvo ha titulado su sección Los diversos misterios jocosos. Con anterioridad, Calvo se metió con el ya citado código "davinciano", de ese lince que es Dan Brown, que seguramente no tuvo la precaución de leer El péndulo de Foucalt de Umberto Eco, novela que satiriza lo que pasados los años se convertiría en una manía consumista y en un negocio editorial basado en las falsificaciones históricas, y en una falta de respeto, por tanto, a los muertos, y a los vivos que no son capaces de discriminar entre la divulgación histórica de calidad y las pajas mentales de inspiración teosófica y neo-vondänikeanas. Quisiera añadir un comentario sobre la posición desde la que Calvo examina la obra citada, y por extensión, cualquier manifestación literaria sobre historia alternativa, oculta o esotérica, que es la que cuenta con el favor del público. El aporte de datos que contradicen las tesis mantenidas en la obra que analiza no tiene la esperanza de convencer a nadie, puesto que lo esotérico y misterioso se basa en una lógica hecha a medida inmune a las críticas externas. Estas creencias son previas a la búsqueda de confirmaciones empíricas o historiográficas. Esto es totalmente cierto, creo, y lo sensato es tenerlo en mente siempre que la crítica escéptica pretenda la desaparición de ciertas ideas o imaginaciones; pero no por ello es menos necesaria esa clarificación, ya que los adeptos, creyentes o consumidores que albergan esas creencias en sus cabezas no forman un todo compacto, y no todos han claudicado en su capacidad de poner en cuestión las gilipolleces que el gurú ufológico, paranormalista, o astroarqueólogo ha soltado de palabra o de obra escrita. La crítica se siembra a voleo, que luego germinará donde encuentre lugar propicio; y siempre lo hay.

La otra autopsia la está efectuando Lola Cárdenas Luque en su blog Uno por uno, uno; uno por uno, dos; uno por uno..., y el cadáver es un librejo de Pedro Amorós, presidente de una congregación llamada Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP), ex ingeniero, ex miembro de SETI, ex del FBI y ex del Mosad, el de las teleplastias, vaya, otro con chaleco multibolsillos, el de los muertos parlanchines psicofónicos, y otro montón de cosas extraídas de la cultura popular pseudocientífica. El libro de Amorós lleva por título, agárrense, Psicofonías, ¿quién hay ahí? El misterio de la transcomunicación, y las detalladas críticas de Lola pueden leerse aquí y aquí. La cosa iba acompañada de un CD con grabaciones psicopómpicas, perdón, psicofónicas, a las que también dedicó otra entrada. La autora irá agregando, poco a poco, nuevas críticas de los capítulos de la citada obra, así que habrá que estar atentos. No me olvido de señalar especialmente el pormenorizado análisis que de las jornadas parapsicológicas del SEIP celebradas en la casa de la cultura del Ayuntamiento alicantino de Monforte del Cid los días 1 y 2 del presente mes ha empezado a subir Lola al citado blog Uno por uno..., y sobre las que se reunieron 77 firmas indignadas tras una iniciativa surgida de la lista Charlatanes. Ayer sábado La Opinión de Tenerife reprodujo la carta de protesta. Pueden verla yendo a la sección "Suplementos" y luego a "2·c", página 4.

Al margen de estos trabajos en marcha, me apetece recordar otros dos análisis desmitificadores especialmente significados, uno en forma de artículo y otro con formato de libro. Hay más, afortunadamente, y quien quiera puede recordarlos en la zona de comentarios de esta entrada, que serán bienvenidos y tenidos en cuenta en el futuro. Es bueno periódicamente refrescar la memoria, ya que los tópicos misteriosos suelen pasar a primera línea de escena cada cierto tiempo; los nuevos interesados deben tener a su alcance también las críticas y los datos incómodos para la farándula paranormalera.

El artículo tiene por autor a Luis Alfonso Gámez, que efectuó una crítica -considerada un pequeño clásico del escepticismo español- de El código secreto. Los misterios de la evolución humana, una de las colecciones de barbaridades que a Bruno Cardeñosa le ha dado por sacar a la luz (o más bien a la oscuridad) en los últimos años. La crítica de Gámez lleva por título Un feriante en la corte de Lucy. Les recomiendo su lectura, o relectura, mejor aún. Recuerden que la risa produce hipo a veces.

El libro lleva por título El expediente Manises, y no trata sobre el cultivo y comercialización de tan sabroso fruto seco, sino del más acojonante relato platillista (¿qué no sabe Vd. lo que es el platillismo?; otro día se lo explico) ocurrido en nuestro país. Juan Antonio Fernández Peris fue el analista que, pacientemente, dedicó muchos años a destripar la fantasiosa construcción en que se basó desde el mismo año 1979 el relato de los testimonios de los pilotos de la aeronave que decidió aterrizar en el aeropuerto valenciano de Manises, los del personal de tierra del citado aeropuerto, y el del piloto del Mirage F-1 que se dedicó a perseguir la negrura nocturna durante un buen rato por si quedaba algún rastro de lo que, supuestamente, habían visto sus compañeros civiles. La historia, bien adornada, reconvertida y violentada por un encantador de planetas, se convirtió en una especie de fetiche para los creyentes en los ovnis, en un objeto de culto en forma de libros para lectores con amplias tragaderas. La Fundación Anomalía publicó el ensayo de Fernández Peris en 2001, a lo siguió ruido de cadenas, rechinar de dientes, lamentos a lo alto y simulaciones de ordenador que pretendían demostrar la imposibilidad de las tesis del autor. La segunda edición de la obra está en marcha, con algunos retrasos, y en ella, según tengo entendido, recoge y replica a quienes se rasgaron las vestiduras ufológicas y a quienes creen que la realidad y lo plausible es un juego de Tetris, en el que basta encajar unos cuantos polígonos amañados para que todo cuadre a gusto de uno.

Vayan a los links indicados y disfruten.

¡Eh, no se vayan que aún hay más!: les recomiendo una visita al nuevo periódico on-line The Teleplastic Inquirer, para estar al día de todas las asombrosas novedades criptozoológicas, paranormales, nietos primos y demás familiares. Por fin todos estos temas tratados con la seriedad y el rigor que es debido.