miércoles, mayo 04, 2005

Los científicos y la crítica escéptica

Con cierta frecuencia, los escépticos se lamentan de la escasa o nula presencia de colegas en los medios de comunicación y en la universidad para contrarrestar la publicidad pro misterios populares. Afortunadamente esta presencia ya no es inexistente. El ejemplo más destacado es el de la Universidad de La Laguna y el curso interdisciplinar Ciencia e irracionalidad en la cultura contemporánea, que va ya por el 5º año consecutivo. La queja tiene entonces sentido desde un punto de vista histórico. Por ejemplo, no conozco que ante las barbaridades que semana tras semana soltaba sin freno en los años 70 y 80 el recientemente fallecido Fernando Jiménez del Oso (me importa un comino, para lo que aquí se trata, que comunicase bien y que tuviese habilidad para provocar el acojone general con su voz, su cara y la iluminación de 10W del estudio de programita televisivo) hubiese una avalancha de cartas de protesta a TVE por la emisión de semejante mejunje ocultista. Cito este caso por ser el más significativo de la historia de la televisión española, aunque hubo otros casos puntuales, como aquel programa de entonces televisivo Iñaki Gabilondo sobre los platillos volantes en el que Juan José Benítez intentó que la gente comulgara con sus siempre desproporcionadas ruedas de molino extraterrestres. (Un contraejemplo afortunado, aunque reciente, es la carta de protesta y el manifo relacionados con la producción televisiva más chiripitifláutica de los últimos siglos, Planeta encantado. Como ya he dicho en otras ocasiones, lo anómalo es un género en sí mismo y no tiene sentido mediático que a un crítico escéptico se le conceda la misma cantidad de tiempo que al experto paranormal o avispado vendedor de maravillas de todo a cien para refutar sus afirmaciones y alucinaciones. Esta es la lógica de los medios; o su inercia. Pero al escéptico (o al científico preocupado, que es una subespecie del primero) esto le tiene que importar bien poco.

No tengo una respuesta precisa para explicar el tradicional y escaso interés de los científicos por refutar u ofrecer una respuesta adecuada a la cargante presencia de lo misterioso y enigmático en los medios de comunicación (no es necesario detallar el sentido de estos dos adjetivos en este contexto, al margen de existan razones bien fundadas para dudar de que algo de lo que pasado por tal en los medios lo sea realmente). Habitualmente se apela al escaso tiempo que una profesión absorbente deja para estas cosas de las réplicas y el batallar anti-magufo; en otras nos encontramos con disposiciones personales poco propicias para el desenvolvimiento cómodo en los medios de comunicación, mezcla de timidez y falta de experiencia; y aun con un escepticismo (ay, perdón, que he dicho la palabra tabú) ante la utilidad o efectividad de la crítica y la protesta en lugares cínicos o carentes, la mayoría, de la capacidad para distinguir entre un sujeto racional y un soplagaitas del alto astral. Por favor, se me colocan en el grupo que más les cuadre, o creen uno a medida. Quizá el fenómeno obedece también a otras causas más generales, como la existencia de una corriente científica socialmente reconocida y otra subterránea paralela, mágica y a-científica, entre las cuales sólo se producen ocasionales puntos de fricción a plena luz del día, ignorándose mutuamente la mayor parte de las veces.

El maguferío parece especialmente interesado en colarse en las universidades españolas. El último ejemplo es el programa Milenio 3, una cosa de la cadena SER sobre misterios al que la Universidad del País Vasco acoge en su seno hoy mismo, en el Campus de Guipúzcoa. Esto debe ser una actividad de extensión universitaria, ¿no? Pero mucho van a tener que extender y alargar el invento para que adquiera algún sentido, y para que no dé vergüenza ajena. ¿Le darán un crédito a los alumnos asistentes? O mejor aún, ¿le quitarán un crédito a los alumnos asistentes? Es que van a hablar de los más fascinantes enigmas, pero algo me dice que no van a tocar el origen del universo, ni de la extinción de los dinosaurios, ni de la formación de planetas alrededor de otras estrellas, ni de cosas que exijan pensar un poco, sino de una colección de cuentos chinos, barajada de otra manera y dispuesta para su consumo, como quien llega a una fiesta y se encuentra la mesa de los entremeses preparada: alargas el brazo y te zampas la sábana santa con anchoas; o alguna cara de Bélmez con caviar. Y yo -el otro, quiero decir- me froto las manos, que aunque la entrada es gratis me gano un pico intangible -popularidad, carisma y buen rollo por doquier, que a su vez genera lo que genera, cual pescadilla que se muerde los cc. Empaqueto los bártulos y en unos meses me monto otro chiringuito de ciencia de vanguardia en otro campus...

Es necesaria una mayor implicación, más esfuerzo de crítica, más cartas de protesta, más réplicas en los medios de comunicación, más quejas públicas por las actividades pseudoculturales de individuos que prefieren adular a una parroquia de jóvenes aficionados al misterio antes que despertar en ellos el deseo de revolver la abundante mierda de que se compone Magufolandia. Es bueno y saludable hacer lo posible para formar personas activas y críticas, o por proporcionar las herramientas intelectuales mínimas para que tenga lugar la auto-formación, el cultivo propio de la sensibilidad, ya sea con la lectura de Yeats o Dawkins, me da igual (o con Hölderlin y Stephen Jay Gould). En cualquier caso, hacer lo posible para que no caiga -o si cae durante el menor tiempo posible- en la pseudo-cultura de lo enigmático de diseño, en la dispensa continua de maravillas estúpidas, de extraterrestres que adiestraron a los egipcios, de trozos de tela con la supuesta figura de Jesucristo y disparates similares, en todas aquellas afirmaciones, hechos y relatos del mundo mágico y alternativo que cabría caracterizar como "efectos especiales de película de serie B". La mediocridad se muestra como tal, y se arroga el derecho a presentarse como tal mediocridad (autonomía de pacotilla para creer en lo que nos apetezca, criterio del gusto mayoritario, libertad como producto self-service ante la cual la crítica se vuelve inoportuna, etc.), amparada por los medios de comunicación, espléndida y repetida confirmación de la tesis que Ortega y Gasset delinease en La rebelión de las masas.

lunes, mayo 02, 2005

Difundiendo el escepticismo

La 5ª edición del curso interdisciplinar de la Universidad de La Laguna Ciencia e irracionalidad en la cultura contemporánea llegó el pasado día 28 de abril a su conclusión. Una vez más, los principales aspectos de la ciencia y de las creencias contemporáneas sobre fenómenos extraños, capacidades insospechadas y otras fabricaciones ocultistas se dieron cita en las aulas de la Universidad lagunera. Esperamos haber sembrado una buena selección de semillas escépticas, en su variante fortalecedora y arriesgada, en la mente de nuestros alumnos.

Tradicionalmente, los discursos cerrados y poco aireados se ponen en guardia ante esta labor; y también se encargan de presentar tal afán (en realidad un punto de partida para la persecución incansable del conocimiento) movido por perversas intenciones de debilitamiento de las mentes que han abrazado una fe inamovible -cuando no como un peligro para su cuenta corriente. El escepticismo adquiere así la imagen de una enfermedad en la uno de sus principales efectos sería el de una anemia socio-espiritual. Bien, ya tienen de qué preocuparse y escandalizarse, como los encadenados de la caverna; o como los liliputienses que ataron a Gulliver en la playa; o como cualquier otro que pertenezca a Doctrinas prefabricadas SA. La crítica se convierte no en destrucción sino en des-construcción, el ejercicio básico, el abc de cualquier pensamiento que no se contente con la papilla predigerida con que las aves alimentan a sus crías, la acción auto-consciente de Neo en el momento de detener los proyectiles de los agentes de Matrix con un gesto de su mano.

El primer módulo fue, como siempre, una perspectiva general de los principales campos de la ciencia contemporánea. En la web del curso disponen de amplios resúmenes y bibliografía. Quiero destacar la charla de la Dra. María Dolores Garralda, antropóloga física y paleoantropóloga de la Complutense que pasó revista a la evolución de nuestra especie y finalizó refiriéndose a algunas leyendas criptozoológicas como los Yeti, los Big Foot y otras invenciones.

El segundo módulo profundizó, como otros años, en los aspectos psicológicos de las creencias y manías paranormales, así como en ejemplos clásicos de lo anómalo, como los platillos volantes y los fenómenos paranormales.

La directora del Museo de la Ciencia y el Cosmos de La Laguna, Inés Rodríguez Hidalgo, emuló a James Randi al entregar una carta astral personalizada a los alumnos, que debían puntuar según se adecuase a su personalidad. Omito el resultado final del experimento. ¿Le quedarán ganas a los alumnos de llamar a las aves carroñeras astrológicas y del tarot televisivo, por si en alguna ocasión se les pasó por la cabeza?

El joven historiador Sergio Baucells Mesa no se cortó un pelo y puso en su sitio la perniciosa labor de pseudo-divulgadores de nuestra historia, empeñados en ver magias, maravillas y otras chorraditas en la religión aborigen guanche y en los populares amontonamientos de piedras del barrio de Chacona de Güímar (Tenerife). César Esteban, del IAC, recordó días después los aspectos arqueoastronómicos de este disparate pseudo-etnográfico. Si a algún hiperdifusionista se le calentaron las orejas estos días ya sabe a qué fue debido.

Contamos con la presencia de Javier Armentia, el pez más escéptico de Internet y director del Planetario de Pamplona; con Félix Ares, director del Miramón KutxaEspacio de San Sebastián y divulgador científico; y con Luis Alfonso Gámez, administrador de la ciudad celeste y virtual de Magonia, referencia del escepticismo hispano ante lo paranormal y otras zarandajas culturales. Armentia se ocupó de los más destacados aspectos de lo que he denominado cristianismo paranormal: la utilización de portentos y chapuceras maravillas para sostener la citada fe religiosa, desde la sábana de Turín a las licuaciones sanguinolentas de santos varios, pasando por las apariciones marianas. Ares de Blas inició su intervención, titulada Increíble pero falso doblando y partiendo una cuchara, en recuerdo del mayor cantamañanas del mundo paranormal, Uri Geller, y prosiguió pasando revista a unos pocos tópicos destacados de este mundillo, como las estadísticamente sesgadas investigaciones parapsicológicas llevadas a cabo por J.B. Rhine y Soal en los años 30 y 40 del pasado siglo; las predicciones y premoniciones como las de Nostradamus y el amigo Malaquías (el propio Ares de Blas comentó una predicción efectuada por él desgraciadamente cumplida, sobre un accidente aéreo en el que un avión con un motivo rojo en su fuselaje, en un aeropuerto del hemisferio norte y en el mes de abril se estrellaría con el resultado de 47 muertos. Acertó en todo, excepto en el número de muertos, que fueron 46. Nada hay de premonitorio en ello, más que unas pocas consideraciones estadísticas sencillas). La última parte de su intervención estuvo dedicada al mito de los platillos volantes, de los que citó un par de sabrosos ejemplos, como el caso de Campeche (México) de 7 de marzo de 2004 (llamaradas petrolíferas), y el encuentro cercano de Ucero, Soria, el 28 de agosto de 1968, que resultó ser una espectacular -y simple- avería eléctrica. Por su parte, Gámez aportó una rigurosa y amena perspectiva histórica del mito de la Atlántida, de actualidad periódicamente cada vez que alguno con ganas de perder el tiempo se le ocurre situarla en el retrete de su cuarto de baño. Si el de las anchas espaldas levantara la cabeza...

El curso finalizó con una mesa redonda sobre las mal llamadas medicinas alternativas, en la que tuve la oportunidad de estar junto con los tres invitados peninsulares. Fue moderada por Luis Díaz Vilela, el psicólogo social de casi perenne sonrisa, genial en su premeditado papel de defensor de estas peligrosas prácticas, al emplear algunos de los clichés lingüísticos usuales en el mundo magufo, como la cerrazón mental, el número de creyentes o consumidores como criterio de validación y unos recientes estudios a favor publicados en New Scientist como pruebas confirmatorias y ya está porque lo digo yo... A Díaz Vilela le costaba aguantar la risa, más cuando la provocaba entre los alumnos y resto de los componentes de la mesa. En fin, un buen colofón al curso, ya algo más que una gota de agua en el mar de la estafa cultural y el engaño premeditado al que estamos acostumbrados (pero no indiferentes). El año que viene volveremos a la carga; pero antes habrá otras acciones, iniciativas y entremeses variados desde la isla tinerfeña, así que no se distraigan.