domingo, abril 09, 2006

Parapetición a la Ministra de Educación

Desde hace algún tiempo circula por diversos foros de Internet una curiosa petición remitida por los hermanos Marisol y José Antonio Roldán Sánchez a la Ministra de Educación y Ciencia. Pretenden que el Ministerio correspondiente cree una nueva salida profesional que tenga como objetivo la formación "paracientífica" de los interesados. Concretamente, la petición lleva por nombre Paraciencia con Ciencia, por una formación legislada del Mundo del Misterio y los fenómenos Extraordinarios.

La solicitud no tiene elementos que la justifiquen ni poder de convicción.

Los peticionarios comienzan su carta indicando que desean

la inclusión de la Investigación de Enigmas de la Historia, Misterios de la Paraciencia y fenómenos extraordinarios como Licenciatura independiente de las carreras universitarias ya existentes, o una Formación Profesional [...]

... debido a que los temas que estudia esta rama no tienen cabida en las Licenciaturas presentes en el mapa educativo español.

A continuación indican que la situación actual de la "paraciencia" provoca dos problemas a priori. El primero es la falta de profesionalidad de quienes la practican. Sí, esto es un problema a priori, a posteriori, ante rem y post rem. O sea, que no hay por donde coger a los que en España se dedican a estas cosas, habitualmente.

El segundo problema es, resumido, que los "paracientíficos" trabajan mucho, y que no cotizan ni obtienen beneficios de ello. El estado debería tener la generosidad y previsión de crear nuevas posibilidades reguladas de trabajo para esta sufrida para-comunidad. Bueno, creo que es la ingenuidad la que hace decir estas cosas a los hermanos Roldán; si no, no se entiende que digan semejante bobería.

La creación de esas fantasmagóricas especialidades sólo demostraría -al contrario de lo que los Roldán aseguran- no que España es un país de avance de miras hacia el progreso, sino un país de charanga y pandereta, que no tiene claro lo que es la ciencia, cuyas autoridades académicas y legislativas bailan al son que cualquiera toca, al de las manías personales de unos pocos. Y eso, un estado contemporáneo no se lo puede permitir, si no quiere caer en la bancarrota intelectual en diez (o menos) años.

La ley no puede evitar el fraude. Puede disuadir, pero no impide la comisión de estafas u otros delitos más graves. Ni siquiera la investigación científica, que tiene unas leyes de funcionamiento propias, impide que se cometan graves fraudes como el del supuesto fabricante de clones coreano o barbaridades como la del bioquímico de la Universidad de La Laguna Meléndez-Hevia. Así que, en el campo de la "paraciencia", ninguna ley va a evitar que los von Däniken de turno, y toda su cohorte de discípulos en el espacio y en el tiempo, sigan fabricando realidades alternativas y visiones heterodoxas sin fundamento, aptas sólo para consumidores convencidos de antemano de lo que van a escuchar, ver o leer.

A fin de cuentas, la paraciencia es una ciencia experimental que está confundida en los medios de comunicación habitualmente, ya que esta palabra está siendo empleada por personas que presumiblemente poseen facultades de tipo extrasensorial.

Aquí habría que empezar por preguntar a los hermanos Roldán qué entienden por "paraciencia", porque eso de que la "paraciencia" es una ciencia experimental suena muy fuerte. ¿Es una ciencia experimental la ufología? ¿Y la astrología? ¿O es que por disfrazarse con un chaleco multibolsillos y encender una grabadora ya se puede considerar uno un científico experimental, como los seiperitos? Hombre, no seamos ingenuos... Es posible que para los acérrimos de las cosas raras y para los interesados en figurar desvergonzadamente ante ellos como sientificoh de banguardia tal teatrillo sea hacer ciencia, pero quizá deberían darse un salto a cualquier facultad universitaria dotada de laboratorios para que vean lo que es hacer ciencia experimental. Pero un salto corto, un ratito nada más, no sea que se les pegue algo y cierren avergonzados el chiringuito pseudocientífico al que pertenecen. Ah, y no se olviden de la parte teórica, claro, que lo de ciencia experimental lleva adosada una teoría fundamental detrás (una vez convertidas las experiencias personales en enunciados observacionales, públicos y criticables). Pero eso es un rollo (¿qué "teoría" le vamos a pedir a lo paranormal si ni siquiera hay una definición de paranormal?), que lo que interesa es grabar psicofonías, ver a un tipo moviendo objetos con el poder de la mente, y otras maravillas de la experimentación más experimentosa.

El verdadero parapsicólogo es un mero estudioso que evalúa la posible existencia o no de esas facultades, utilizando para ello el propio método científico que se emplea en psicología, más los específicos de física y química, así como fotografía, que requieran cada uno de los casos que se investiga.

Cualquiera diría que los parapsicólogos son Leonardos... Resultados apenas por encima del azar, incapacidad casi congénita para descubrir trucos de magia para principiantes en los "dotados", amaños estadísticos para arrimar el ascua a su sardina, declaraciones rimbombantes no sustentadas en pruebas, interpretaciones de los hechos lastradas por la creencia previa en un fenómeno o por unas ideas sobre la trascendencia demasiado evidentes... Más de 100 años de experimentos (más o menos bien realizados), de ideas, de propuestas, de supuestos descubrimientos y confirmaciones y, al final, queda todo en agua de borrajas, en un correoso intento por demostrar lo imposible, en un agarrarse a un clavo ardiendo fantasmal que ofrezca alguna pista de un "más allá", de una sobrehumanidad psíquica. El mito por excelencia.

En resumen, los abajo firmantes hacemos una petición de que se reconozcan nuestras necesidades educacionales

Alguien malintencionado podría decir que esto es lo único sensato de la carta.

... y legales para la práctica de buscar pruebas de lo extraordinario, aunque sea la ciencia, la madre, que al final deba determinar en la rama precisa que se requiera, según el tema tratado, saber exactamente qué es.

Ajá, creo que voy entendiendo: ustedes saben que lo extraordinario existe (no les voy a pedir una definición precisa de lo que ustedes entienden por "extraordinario", porque seguro que no llegaríamos a buen puerto; nos quedamos con la acepción más compartida, mínima: cosas raras, ¿vale así?) y van a buscar pruebas de ello. Es decir, de antemano, antes de tener delante los hechos, los fenómenos comprobables y reproducibles, ya han determinado que hay cosas "extraordinarias". Es como los pseudo-arqueólogos que "saben" de antemano que las pirámides egipcias o el "astronauta" de Palenque son pistas de la presencia ET en la antigüedad. Sólo resta encontrar las "pruebas". Esto es empezar la casa por el tejado, y en el Ministerio, cuando lean la carta, queridos amigos, van a soltar una estruendosa carcajada.

Claro, al final, será la ciencia, los científicos, los que decidirán sobre el naturaleza de unos hechos como tales o como simples creencias mágicas. ¿Y para este viaje nos hacían falta estas alforjas de la creación de una nueva carrera a medida?

El mundo de los misterios fabricados por la industria cultural seguirá siendo coto de pseudo-periodistas y de desalmados con micrófono, me temo. Eso ya funciona y no va a cambiar hasta que los consumidores se saturen. Ninguna nueva escuela, ni centro de estudios específicos ni facultad va a contar con su beneplácito porque es entrar en un terreno que les importa una colilla de Winston tirada en la calle. Lo paranormal, y todas esas cosas raras, ya es objeto de estudio en diversas universidades del mundo, pero los interesados se someten a las exigencias que los estudios superiores plantean. No piden crear un plan de estudios a medida, a la medida de sus gustos concretos, sino que se esfuerzan por introducir temáticas aparentemente heterodoxas en el circuito de la ciencia legitimada. Todo puede ser objeto de estudio científico, no hay temas tabú, no hay ninguna parcela de la realidad que requiera un tratamiento diferenciado, que necesite unos estudios creados ex profeso, más allá de lo que las ciencias naturales, sociales e históricas nos ofrecen.

Desengáñense: pongan en cuestión sus creencias y descubran que no hay temas excepcionales, ni raros, que la posesión diabólica ya la estudian los psiquiatras, que los ovnis ya los estudian los sociólogos y los psicólogos, que los misterios de la antigüedad ya los estudian los historiadores y los arqueólogos, que al okapi, al celacanto y al kraken ya lo estudian los zoólogos, y que las capacidades paranormales son cosas de magos mentalistas y de, otra vez, los psicólogos, y las psicofonías de los ingenieros de sonido.

En la charla que cerró el primer módulo del Curso Interdisciplinar Ciencia y pseudociencias el pasado jueves 20 (por cierto, en el segundo módulo tendremos cerca de 90 matriculados) el astrofísico del IAC Ramón García López detalló los principales pasos de la comunicación de resultados científicos, el conocido sistema de arbitraje (referee). No es perfecto, pero es lo mejor que se conoce para que cosas como la "teoría" de los astronautas en la antigüedad, los ovnis como naves extraterrestres, el espiritismo y las "capacidades extraordinarias" de Home, Paladino, Kulagina y Geller, entre oros muchos, no hubiesen aguantado un asalto en el mundo del debate científico. En cambio, ahí los tenemos, figuras señeras en el campo de los rumores y las creencias infundadas en los medios de comunicación y en las historias piadosas de la parapsicología.

García López resumió el proceso de publicación en revistas científicas en estos puntos:

- Un investigador (o colectivo) envía un artículo a la revista 'x'

- El editor de la revista pide a un árbitro (un colega competente del pretendiente publicador) que revise el ensayo

- El árbitro emite un informe (coherencia interna, seguimiento del método, justificación de conclusiones)

- El artículo es aceptado o
- es aceptado con condiciones (revisión de sus contenidos)
- es rechazado

- En el caso de que se produzca alguna de estas dos últimas posibilidades, el autor/es del artículo va en busca de otra publicación o revisa a fondo su escrito, o bien interacciona (normalmente de forma anónima) con el árbitro (en ocasiones pueden ser dos)

- De no surgir acuerdo, se puede dar el caso de que se solicite la opinión de un tercer árbitro

Bueno, pues este proceso es el paso final y fundamental de la labor científica. Así que ya pueden ir poniendo la primera piedra de la futura Facultad o centro de estudios de paraciencia de España.

Una vibración en la fuerza me dice que la iniciativa de los hermanos Roldán es sincera, que su interés tiene raíces en la curiosidad natural; pero están completamente equivocados. Espero que, lo antes posible, se aperciban de ello. Y que pidan cuentas a quienes por lecturas, por rumores, por leyendas transmitidas acríticamente, por ejercicio de chulería carismática, les llevaron a imaginarse que la investigación científica se parece a lo que Iker Jiménez hace todos los domingos en Cuatro.