martes, noviembre 20, 2007

Carter vio Venus

En el vídeo televisivo con el que Luis Alfonso Gámez acompaña su última entrada en Magonia se cita el caso del presidente norteamericano Jimmy Carter, e incluso aparece brevemente en el reportaje para decir que vio algo en el cielo que cambió de color (un ovni con toda la barba, seguro; en realidad, una observación del planeta Venus el 6 de enero de 1969 en Leary, Georgia). En mi libro Luces en los cielos (Benchomo, Santa Cruz de Tenerife, 2003, pp. 135-6 cito el episodio en el contexto del habitual relajo con el que los medios de comunicación tratan cualquier noticia relacionada con los platillos volantes, con sus imaginarias andanzas y con las pomposas declaraciones de los que siguen manteniendo con las manos vacías que tras esta creencia se oculta la presencia de naves extraterrestres en nuestro planeta. Reproduzco a continuación el fragmento en cuestión, porque, por supuesto, en la noticia televisiva no aparece tal explicación ni por asomo.

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Incluso periódicos de prestigio internacional como el Whasington Post flaquean en su profesionalidad cuando informan de avistamientos de ovnis. Un ejemplo muy significativo es la noticia que en 1977 insertó de la conocida "observación ovni" del ex presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter —una simple confusión con el planeta Venus, como tuvo oportunidad de comprobar Robert Sheaffer (1). Aunque ya habían transcurrido ocho años desde la observación, el Post publicó la noticia a pesar de que Sheaffer les hizo saber que estaba a punto de aclarar los hechos. Días después de aparecer en primera página esta referencia el citado crítico informó al rotativo de la explicación, pero se limitaron a incluirla en páginas interiores y con modesta tipografía. Aunque era la verdad, no era noticia. Este proceder, universalmente extendido en todos los medios de comunicación por muy escrupulosos que sean en otras cuestiones, es irónicamente bautizado por Sheaffer como el síndrome "lo que quiero es sensación, no me molesten con hechos". Este periodismo tiene una sencilla coartada: "la libertad de expresión", aunque muy a menudo se abuse de ella. De la misma forma, los que no nos dedicamos al cultivo y crianza del misterio, debemos hacer uso de la citada libertad, encontrando terrenos propicios para el debate. No se trata de sentirnos unos iluminados —que ya hay demasiados—, sino de imponernos la obligación de transmitir una visión de este fenómeno social más cercana a la realidad. Responsabilidad frente al despotismo de los medios comerciales.

Para los verdaderos interesados y curiosos en el fenómeno de los ovnis recomiendo que sigan el consejo que ofreció Sheaffer en Veredicto OVNI:

Cuando lea, vea o escuche una historia que menciona a un conocido partidario de los ovnis en sus declaraciones referentes a un ‘hecho’ asombroso, piense que la afirmación del ‘experto’ no ha sido contrastada en absoluto, incluso cuando la fuente es una publicación respetada o una agencia de noticias de mucha fama”.

Y añade:

"Los errores y declaraciones sin fundamento que jamás serían aceptadas al informar de un hecho político o de un descubrimiento científico son un hecho habitual cuando se trata de informar sobre ovnis”.

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(1)Veredicto OVNI. Examen de la evidencia. Robert Sheaffer. Tikal Ediciones, Gerona, 1994, cap. 2 y pp. 210-1.

lunes, noviembre 19, 2007

La fiabilidad de los testigos (entrevista radiofónica)

Estos días se ha difundido la noticia, nada original por cierto, de que un grupo de científicos, militares y funcionarios gubernamentales han pedido que se reabra la investigación oficial sobre platillos volantes en Estados Unidos.

Entre los citados se encuentra el ex gobernador de Arizona, Fife Symington, que durante una rueda de prensa afirmó que "queremos que el gobierno de EEUU deje de publicar historias que perpetúan el mito de que todos los objetos volantes no identificados se pueden explicar en términos convencionales". Esto es el mundo del revés, en buena medida. No sé si "el gobierno de los USA" ha asegurado en alguna ocasión que todos los casos ufológicos son explicables en términos convencionales, pero eso, desgraciadamente, no es cierto. Es probable que potencialmente todos lo sean, pero en acto, no todos lo son. No existen investigadores y curiosos totipotentes que tengan la capacidad de explicar todos los casos, de la misma forma que no hay comisarios de policía que puedan explicar todos los delitos de que tienen conocimiento. Pero, ¿nos lleva esto a pensar que tras esos asesinos no identificados se ocultan entes supra-humanos? Son muchas las circunstancias que intervienen en la producción final de un relato ufológico como para permitir que todos sean completamente explicables.

Pero, ¿de qué está pretendiendo convencernos el ex gobernador de Arizona?; ¿estará pretendiendo convencernos de que en esos casos no resueltos se ocultan super bichos del espacio inteligentes? Pues si sólo lo intenta con su palabra y la palabra de otros (el decir, el recuerdo de una experiencia) mal lo lleva...

Por supuesto, todos los que participaron en la rueda de prensa han tenido experiencias. Faltaría más. Los convencidos de antemano tienen que dar fe, como en las religiones.

Por su parte, Jean-Claude Ribes, astrónomo del Centro Nacional Francés para la Investígación Científica, dijo que "es necesario vencer los prejuicios". Sí, eso es cierto, es necesario vencer los prejuicios. Eso lleva diciéndolo la ufología crítica y escéptica décadas, pero los creyentes y los negociantes del misterio de diseño no han hecho el más mínimo caso. Por ejemplo, aseguran que algunos episodios sugieren que se trata de máquinas voladoras con características que superan nuestras capacidades terrestres. Me pregunto cómo han podido llegar a eso conclusión sin presentar pruebas de ello; pruebas del mismo tipo de las que existen de que hay fragmentos de materia interplanetaria que caen en la Tierra.

Y por último, la clave de bóveda de esta enésima versión de teatrillo mediático de los platillos volantes, con el que unos pocos pilotos y científicos creyentes que no tienen otra cosa mejor que hacer nos obsequian de vez en cuando: "Si se pudiera comprobar que ese es el caso -la de las capacidades tecnológicas sobrehumanas- la hipótesis extraterrestre sería la más plausible para esas naves avanzadas, una posibilidad fantástica pero no racional dados los datos existentes". Hay unas cuantas morcillas que se le han colado a este científico francés en sus afirmaciones, si no las ha colado porque no podía dejar de colarlas, claro, que si no, para qué iban a convocar una rueda de prensa Washington, oiga usted...

"Si se pudiera comprobar..."; por supuesto, es que habría que empezar por ahí, antes de afirmar nada. Ése es el problema, que no se ha comprobado, y llevamos sesenta años. Pero para comprobar eso no hace falta vencer ningún prejuicio, que es la morcilla de dos párrafos más arriba: se comprobaría y punto, sin necesidad de convocar una rueda de prensa para acabar hablado de los posibles hipotéticos que tal vez a lo mejor llega el día que si tenemos la mente abierta y no soltamos topicazo tras topicazo. Es decir, bastaría con aportar alguna prueba de que esto es algo más que una creencia personal enquistada.

Y de momento la hipótesis extraterrestre no es la más plausible, por todo ello. Porque, como se ha repetido un millón de veces, las pruebas, que en realidad son recuerdos e indicios circunstanciales, no están a la altura de lo que se pretende. Así que lo extraterrestre sigue viviendo en el limbo de lo más fantástico y de lo poco atenido a lo que sabemos racionalmente, dados los datos existentes.

Mucho ruido y pocas nueces, como siempre. De ello acaba de escribir también Luis Alfonso Gámez en Magonia.

Estas noticias suelen arrastrar sobreentendidos, lugares comunes y, posiblemente, deseo de notoriedad por parte de los expertos. Es bastante sospechoso que este grupo de expertos se haya dirigido en primer lugar, como suele ser habitual, a la prensa, y no a las revistas académicas, que es el lugar natural al que hay que dirigirse cuando pretendes demostrar la detección de un misterio con las implicaciones que el mito de los platillos volantes tendría si fuese algo más que una macro-leyenda urbana.

En último término, los relatos de los pilotos están basados en su percepción de algo que no supieron identificar, como siempre. De la escasa fiabilidad científica del testimonio humano estuve hablando en una entrevista radiofónica que me hicieron para un programa de radio especializado, en Puerto de la Cruz (Tenerife). Tienen el archivo sonoro completo en este enlace.