¿Enigmas? ¿Historias inexplicables?
El acto de fe no es ya creer lo que no vemos, sino creer que lo que estamos viendo es como nos lo cuentan. Sobre todo si lo simplifican y reducen a un enunciado fácilmente repetible y recordable
Gregorio Salvador
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Resulta sorprendente, al menos para cualquier persona que no participa ni emotiva ni intelectualmente (por separar artificialmente para la ocasión ambos aspectos) del circo mediático de los "enigmas" populares, que una televisión pública dé pábulo a un puñado de rancias supersticiones como si se tratara de hitos científicos pendientes de resolución. Eso es lo que ocurrió la noche del último sábado con Enigmas. Historias inexplicables, un popurrí mentiroso desde el título de desechos "mágicos" que han colado al público televisivo desprevenido como quien le cuela un supositorio a alguien sin avisar, si se diera el caso (¡ay!).
¡Ah de aquellos responsables televisivos que programaron Cosmos en los años 80 del siglo pasado! (aunque la serie empezara dando una versión errónea de la destrucción de la biblioteca de Alejandría); ¿dónde estarán? ¡Ah de La clave! ¡Ah de la bruja Avería! ¡Ah de aquella serie sobre Richard Wagner protagonizada por Richard Burton! ¡Ah de la vergüenza! Incluso ¡ah de Más Allá, de Jiménez del Oso, pre-friki televisivo de los misterios y del ocultismo, que en paz descanse, que lo ves ahora y, si puedes aguantar la risa por lo que contaba ese hombre, daba el pego muchísimo mejor que los pijos que ahora se reclaman sus herederos.
¡Diossss!, pero si están vendiendo las mismas pendejadas que hace veinte años... Las mismas posibilidades imposibles, las mismas corazonadas ignorantes, las mismas presunciones gregarias, las mismas sospechas ingenuas, las mismas mercaderías basadas en un romanticismo paleto...
En ningún momento del programa, basado en vetustos documentales, se insinuó la más mínima duda sobre los temas tratados. Bajo una apariencia de naturalidad y plausibilidad, se pretendía hacer pasar supersticiones y leyendas sin base como si fueran lo más normal del mundo.
- No se cuestionó la propia realidad de la reencarnación, sino si un caso de ésta había tenido lugar realmente en Osel, el niño español del que decretaron porque sí que era la "reencarnación" de un lama, que ahora, con 22 años -y fue uno de los momentos más divertidos del programa- quiere dedicarse a la dirección de cine y ha roto con la educación religiosa de su infancia. Los lamas esperan que vuelva al redil, mientras.
- Una mujer contó el típico relato del túnel, la luz y los seres en el contexto de una experiencia cercana a la muerte. Por supuesto, el telespectador debió quedarse con la idea de que tales experiencias de verdad nos hablan de un reino ontológico distinto al conocido, cuando no tenemos más remedio que pensar que trata de fabricaciones de nuestra química cerebral, de la fisiología de nuestro órgano rector. Los viajes astrales son una interpretación ocultista y pseudocientífica de este fenómeno, que puede ser inducido por drogas y técnicas de relajación y ventilación.
- Otro momento divertido fue el de las hermanas Fox, de las que no se dijo en momento alguno que habían confesado su fraude. Al mismo tiempo, Gasparetto se dedicaba a imitar a famosos pintores emborronando lienzos. Mientras una supuesta experta ponía cara de Iker Jiménez, los imitadores y copiadores legales de arte de todo el mundo se debían partir de la risa. Nunca entenderé la total ausencia de pudor que manifiestan personajes como estos "médiums".
- Si tuviese que destacar algún momento ofensivo para el espectador desconocedor elegiría al fulano que se llamaba Edson Queirós, a quien nadie en el vídeo corrió a gorrazos del escenario. Este tipo "operó" a una mujer de un quiste en un pecho abriendo con bisturí, sin anestesia, sin asepsia y sin la más mínima vergüenza. ¿Qué como es eso?; porque "canaliza" a un famoso (?) cirujano apellidado Fritz. Se comprende que un cirujano muerto que opera desde el más allá debe tener un apellido centroeuropeo. No quedaría tan bien que se hubiese apellidado González. Ni siquiera se vio íntegra la "intervención": estaba editada, y empata justo en el momento en que el tipo parece que saca una bolita carnosa del cuerpo de la mujer, que permanecía consciente y dejándose hacer, ignorantemente. Yo he visto a magos partir a la gente por la mitad y separar cabezas del cuerpo aun con menos sangre que la que derramó ex profeso esa sanguijuela (qué bien buscada la metáfora) en su teatrillo. Sólo faltó Alex Orbito. Y James Randi.
- Platillos volantes nazis, la sociedad Vril, energía antri-gravitatoria y la biblia en pasta, refritos de El retorno de los brujos, de Pauwels y Bergier...
- George Adamski, astrónomo aficionado a las mujeres y a la teosofía, y contactado con los habitantes de Venus...
- También apareció Nostradamus, que predijo numerosos fichajes futbolísticos en sus cuartetas. Hay quien las lee así, y nadie tiene derecho a cuestionarlo.
- Manises. ¿Le gustaron los platillos volantes que revoloteaban por encima del aeropuerto de la ciudad valenciana? ¿Molaban, no?; pues en realidad no eran más que estrellas, percibidas por el excitado personal de tierra alertado por la tripulación del avión que había visto las llamaradas de la refinería de Escombreras (Cartagena): ¿Testigos de elite? ¿Cuántas veces he dicho que esto es una majadería inventada por magufos del papel cuché? Que no hay de eso, hombre... Me gustaron mucho las declaraciones de Fernando Cámara, el piloto que se dedicó a perseguir estrellas de madrugada mientras el portahelicópteros norteamericano Iwo-Jima le bloqueaba los controles de la aeronave: dice que apreció una forma de tronco de cono con una luz que le salía de dentro, y que no conoce ningún aparato que se mantenga parado, y sin fuente de calor, que habrían detectado los misiles del avión. Sin embargo, las primeras declaraciones de Cámara no tienen nada que ver con esta peliculera descripción: según leo en El expediente Manises, de Juan Antonio Fernández Peris (Fundación Anomalía, Santander, 2000, pp. 41-43):
Ya en la zona de Valencia, el Mirage F-1 no observa nada anormal, por lo que se adentra en el Mediterráneo con rumbo 100 (este), a 30.000 pies de altura (...) A su derecha el capitán Cámara observa unas luces rojas, a una distancia indeterminada y a un nivel inferior al suyo, en dirección sur-suroeste. Ante ello decide cambiar de rumbo y dirigirse a ellas (...) Sigue durante unas 50 millas observando las luces rojas, sin lograr reducir distancia. Éstas parece situarse como mínimo a 100 millas de distancia, en rumbo 190 (prácticamente sur) (...). Fernando Cámara observa sobre la vertical del aeropuerto de Manises una luz intermitente verde, blanca y roja a unos 23.000 pies de altura. Se dirige a ella, no pudiendo apreciar distancia, ni viéndola en el radar, a pesar de utilizar todos los modos y escalas de éste (...). El Mirage F-1 abandona el seguimiento de la luz observada ante la dificultad de poder determinar su distancia, lo que habría llevado a un seguimiento indefinido (...) [Cada uno de los paréntesis consignados hacen referencia a los blocajes que sufría el avión por las medidas contraelectrónicas emitidas por el portahelicópteros norteamericano "de paseo" por el Mediterráneo].
¿Objeto tronconónico? ¿Con una luz que salía de su interior? ¿No podía ser tecnología humana? (no lo era, de hecho: eran estrellas). ¿No emitía calor? Hmmm, hmmm y hmmm.
Nos encontramos una vez más con la "creatividad" (propia o inducida) de determinados testigos ufológicos, cuyas iniciales y antiguas declaraciones no se parecen en nada a lo que ahora nos cuentan. Todo un fenómeno "paranormal".
- También hubo un par de reportajes dedicados a la brujería, a una tipa a la que se le aparecía la virgen en el monte Umbe, donde ahora hay agua milagrosa, peregrinaciones y curaciones (inexplicables, por supuesto), y a otras mujeres malas malísimas. Vamos, un sindios...
- Me gustaría que alguien me explicara qué pintaba en todo este embrollo de chorraditas y creencias decimonónicas el tema de los NEOs. Que haya pedruscos potencialmente peligrosos en nuestra vecindad cósmica no es ningún misterio. Y que puedan llegar a caer en la Tierra también es posible, aunque poco probable. ¿Y? Claro, de estas cosas se ocupan los científicos de verdad, esos a los que el presentador se pasó la hora y pico que duró su rastrillo de los misterios toreando y tomando por imbéciles, puesto que todas esas majaderías que expuso han sido investigadas y resueltas, o bien son creencias de las que carece de sentido decir que son inexplicables, de la misma forma que sería una tontuna decir que la actividad del ratoncito Pérez es inexplicable.
- Dio pena también la historia de los niños canarios de El Polvorín, de Las Palmas de Gran Canaria, que fueron rescatados de una cueva en la que habían entrado por una tarotista que improvisó un péndulo. No me detendré a explorar posibilidades para gente normal, que ya son ustedes mayorcitos.
- Por último, los poltergeist, que parece que desde que rodaron la película a alguno se le llenó la cabeza de ruidos raros, cosas que vuelan y voces cavernosas. ¿Emanaciones del cerebro de los adolescentes o de gente con estrés? No: leyendas urbanas de fantasmones con chaleco de investigar. El presentador introdujo la categoría de "colegios encantados", porque en uno de los Estados Unidos pasaron cosas 'espeluznantísimas'. Es bonito, ¿no? Después echaron un trozo de la peli aquella en la que a una niña rubita se la come un televisor.
Por cierto, entre los 'enemas' presentados no estaba Roswell. ¿Se te olvidó?; habría sido de juzgado de guardia. ¿Y los documentales esos de dónde los sacaste?, ¿del archivo secreto de los hermanos Lumière?
Un saludo para el "comité de sabios" que montaron al principio de la legislatura para velar por la conveniencia y calidad de los productos televisivos en la cadena pública.










