viernes, septiembre 24, 2010

Carl Sagan y los platillos volantes

[Publicado originalmente en Circular Escéptica, 12].

Alguien debería hallar alguna relación entre la ufología y la criptozoología… ¡Ya lo tengo!: los ovnis son una serpiente de verano. Bueno, sí, es una tontería. Me debo haber contagiado del que se hizo eco hace poco que Carl Sagan le había confesado en secreto secretísimo a J. A. Hynek que creía que los ovnis eran naves extraterrestres tripuladas por marcianitos pero que no lo podía decir en público porque vendría a llevárselo el hombre del saco, o algo parecido.

Es que hay que tener unas tragaderas como las de un rorcual azul para creerse semejante disparate, más viniendo de una fuente exopolítica, un sarao internacional mitad circo mitad manicomio.

Pero claro, al tener la mente abierta es más probable que te apuntes al carro de intentar arrimar a Carl Sagan a las ideacas platillistas, visto su prestigio y su interés por la vida extraterrestre. Sagan es plato apetecible para los cultivadores menos racionales de la ufología. Hace dos años un grupo brasileño de creyentes trató de apropiarse del nombre del astrofísico para legitimar sus correrías tras los platillos volantes amparados bajo tan popular nombre. Afortunadamente, tal absurdo no prosperó, pero lo cambiaron por Galileo Galilei, el santo patrón de todos los chiflados que aspiran a dar un vuelco a la ciencia contemporánea amparándose en sus manías personales. Y no hace mucho, en un programa nocturno y dominguero de paranormalidades y otros desperdicios culturales nos presentaron a Sagan como inspirador del presentador de semejante embrollo. Sí, ya sé que es risa, pero así de cínico y desvergonzado es el patio de los misterios mediáticos.

En el mundo del negocio del misterio, de la figuración y de la pérdida de tiempo con pseudos-descubrimientos ridículos (me viene ahora a la mente la disparatada monserga ocultista de los restos nazi-atlanteos-profético-2012 en Lanzarote: visiten este enlace y este y pásmense) hay una permanente tensión, nunca resuelta, entre el apego a la ciencia, a su prestigio, y la crítica a la misma, normalmente calumniosa en este sector del mercado de los misterios. Y cuando digo a la ciencia me refiero a los científicos, que son los que hacen ciencia, porque ésta no se hace sola.

El apego a la ciencia se concreta entre quienes desde el siglo XIX vienen usando de conceptos científicos para legitimar las más variadas ocurrencias, desde el contacto con entidades desencarnadas en el más allá mediante tecnologías variadas a la indiscriminada utilización de conceptos de la física cuántica para sustentar disparates como el cambio de conciencia o la memoria del agua pasando por los criptozoólogos, que anteponen sus creencias en bichos inexistentes a la base teórica, los métodos y procedimientos de la biología. También podemos citar, por ejemplo, el uso que algunos programas televisivos y radiofónicos de misterios hacen de científicos invitándolos a participar, con los que se intenta dar una pátina se rigor al resto de barbaridades que son las que, en último término, dan la nota en tales programas. ¿No pretendió un popular programa de televisión hace años vender una alerta ovni con el concurso de diversos museos de la ciencia y planetarios españoles? (también en este enlace). Afortunadamente la jugada platillista les salió mal. Y otro ejemplo es, precisamente, la falsa atribución a Sagan de su creencia en los platillos volantes u ovnis como naves espaciales con señores inteligentes a bordo.

Pero, ¿qué pensaba realmente Sagan del mito de los platillos volantes? Porque, como suele ocurrir, una cosa es lo que sale publicado en revistas mensuales alucinógenas y otra la realidad. ¿De verdad usted, lector, se puede creer que un crítico de circo mundial de los platillos volantes (entre otras muchas cosas producto de la imaginación humana) confesara en la intimidad –en la intimidad del descanso de un programa televisivo a otro invitado, Hynek- que realmente creía que nos visitaban seres extraterrestres a bordo de naves interplanetarias? Seguimos, por otro lado, perpetuando la interesada confusión entre ovnis y naves extraterrestres. Lo que ocurre es que en los ovnis no hay que creer: hay miles de testimonios; y eso son los ovnis: testimonios y relatos sobre fenómenos u objetos que un testigo o un grupo de personas no pudo identificar adecuadamente. Otra cosa es, por tanto, lo que realmente sean esos ovnis en último término. Pero para estos periodistillas del misterio tales disquisiciones no son más que piedrecitas en el camino que habitualmente transitan, pavimentado de sobreentendidos, retórica populachera, credulidad, ignorancia del interesado medio, afán de figuración y utilización, a discreción, de los propios científicos para que te pongan una sonrisa de compromiso desconocedores de la auténtica y esencial patraña que se desarrolla en tales escenarios alternativos, misteriosos y mentalmente abiertos. En un teatrillo de marionetas clásico hay más dignidad que en toda una serie de programas del mundo del más allá mediático.

Sagan fue cofundador en 1976 del actual CSI , y, como indica Manuel Borraz, siempre consideró que la búsqueda de inteligencias extraterrestres es uno de los más trascendentales desafíos científicos, pero opinaba que no hay pruebas de que estemos siendo visitados. Para él, la respuesta no la iban a aportar los ovnis sino las sondas de exploración espacial y la radioastronomía (en Ovnis, científicos y extraterrestres. Los científicos echan un vistazo. En: Vida en el universo, Del mito a la ciencia. Ricardo Campo (ed.), Fundación Anomalía, Santander, 2008, p. 48). Borraz toma esta cita de Sagan, Carl, 1972, The Extraterrestrial an Other Hypotheses, en UFO´s. A Scientific Debate. Carl Sagan and Thornton Page, Ithaca and London: Cornell University Press, p. 274.

He seleccionado algunas citas de El mundo y sus demonios (Planeta, Barcelona, 1997) en las que queda bien claro cuál era la opinión de Sagan sobre los platillos volantes:

Lentamente me fui dando cuenta de que, existiendo la falibilidad humana, podría haber otras explicaciones para los platillos volantes (…) Todo depende de la prueba. En una cuestión tan importante [la igualación ovnis-extraterrestres], la prueba debe ser irrecusable. Cuanto más deseamos que algo sea verdad, más cuidadosos hemos de ser. No sirve la palabra de ningún testigo. Todo el mundo comete errores. Todo el mundo hace bromas. Todo el mundo fuerza la verdad para ganar dinero, atención o fama. Todo el mundo entiende mal en ocasiones lo que ve. A veces incluso ven cosas que no están (p. 88).

La mayoría de la gente contaba lo que había visto con toda sinceridad, pero lo que veían eran fenómenos naturales, si bien poco habituales. Algunos avistamientos de ovnis resultaron ser aeronaves poco convencionales, aeronaves convencionales con modelos de iluminación poco usuales, globos de gran altitud, insectos luminiscentes, planetas vistos bajo condiciones atmosféricas inusuales, espejismos ópticos y nubes lenticulares, rayos en bola, parhelios, meteoros, incluyendo bólidos verdes, y satélites, morros de cohetes y motores de propulsión de cohetes entrando en la atmósfera de modo espectacular (p. 89).

Una vez eliminados de la serie de datos los fenómenos naturales, los engaños y aberraciones psicológicas, ¿queda algún residuo de casos muy creíbles pero extremadamente raros, sobre todo casos sustentados por pruebas físicas? ¿Hay una señal oculta en todo este alboroto? Desde mi punto de vista, no se ha detectado ninguna. Hay casos de los que se informa con fiabilidad que no son raros, y casos raros que no son fiables. No hay ningún caso –a pesar de más de un millón de denuncias de ovnis desde 1947- en que la declaración de algo extraño que sólo puede ser una aeronave espacial sea tan fidedigna que permita excluir con seguridad una mala interpretación, tergiversación o alucinación. Todavía hay una parte de mí que dice: qué lástima (p. 99).

A principios de la década de los sesenta argumenté que las historias de ovnis se acuñaban principalmente para satisfacer anhelos religiosos. En una época en que la ciencia ha complicado la adhesión acrítica a antiguas religiones, se presenta una alternativa a la hipótesis de Dios: los dioses y demonios de la antigüedad, con el disfraz de la jerga científica y la ‘explicación’ de sus inmensos poderes con terminología superficialmente científica, bajan del cielo para atormentarnos, ofrecernos visiones proféticas y tentarnos con visiones de un futuro de esperanza: una religión misteriosa naciente de la era espacial (p. 151).

Un razonamiento similar al de esta última cita puede hallarse en Sagan, Carl, 1972, The Extraterrestrial an Other Hypotheses, en UFO´s. A Scientific Debate. Carl Sagan and Thornton Page, Ithaca and London: Cornell University Press, p. 272.

¿Queda claro ahora lo que realmente pensaba Sagan del mito de los platillos volantes, yendo directamente a la fuente en lugar de hacerse uno eco de la parida surgida de una mente exopolítica?

Pero, ¿se puede esperar otra cosa de un aficionado a los misterios como José Gregorio González que, por ejemplo, reconoce que los más famosos ovnis canarios de los setenta fueron misiles pero que hubo algo más? ¿Algo más de qué? ¿Una nave extraterrestre de Alfa Centauro camuflada en las estelas de los misiles? ¿Una pelota de gofio amasado? Es el mismo que se tragó que un accidente doméstico en una localidad tinerfeña fue una combustión espontánea. O que hizo el ridículo paseándose por el Museo de Historia y Antropología de La Laguna contando el bulo del fantasma de la inexistente Catalina de Lercaro. Y el alma de Tacande, y el Chupacabras de Taco y… La lista es interminable.

Pero aquí el que no se consuela es porque no quiere: aquí tienen la auténtica prueba de que hay extrañas máquinas volando por los cielos.

sábado, septiembre 18, 2010

Ciencia y pseudociencias 2010

La nueva edición, décima, del Curso de Extensión Universitaria de la Universidad de La Laguna

Ciencia y pseudociencias,

comienza el lunes 27 de septiembre. En la web provisional del Curso tienen el programa completo y una presentación en ppt con la historia del mismo.