jueves, octubre 27, 2011

La estupidez "alternativa"

La estupidez relativa a las pseudomedicinas alternativas y muy tradicionales no tiene límite. ¿Qué buscarán ahora en Vietnam esos mastuerzos para empalmarse? ¿Patas de milpiés?

A lo mejor dentro de años tendremos a los criptozooparanormales buscando al rinoceronte..., para que al final lo halle, si lo hallan, un grupo de zoólogos. Como siempre.

Más grave es lo que se nos cuenta aquí y aquí. Sigan vendiendo y publicitando magia curalotodo para ignorantes alternativos y complementarios.

jueves, octubre 13, 2011

Indiferencia y prescindencia de la critptozoología (XXVI)

Una vez más, y van... los criptozoólogos no fueron llamados, no hicieron falta y se quedaron intercambiando cromos del bigfoot, el calamar gigante de dos kilómetros y el monstruo del lago Ness.

Y, además, no se pierdan esta noticia. Normalmente lo criptos no hacen el ridículo como lo pueden hacer los paranormalistas al uso o los ufólogos campestres que venden platillos al peso, pero hay excepciones. Eso de que los yeti son telépatas es una de las mamonadas más simpáticas que he oído últimamente. Pero, lo mejor de todo, es que esta gente se pone la soga al cuello ella solita: el personaje dice en sus declaraciones que

"... a los yetis no les gusta ser vistos o fotografiados y viven en lugares remotos, lejos de las personas".

Y poco después asegura que:

"Han encontrado sus huellas, su supuesta cama y varios elementos con los que el yeti marca su territorio".

A los yetis no les gusta ser vistos pero marcan su territorio, y el cripto lo sabe. Hombre, no me jodas. Si es que esta gente da pena...

lunes, octubre 10, 2011

Mal rollo escéptico

El capítulo 3 de Escépticos, emitido por ETB el lunes 3 de marzo de 2011, está dedicado a la astrología y al tarot, acompañado con un poquito de vino en forma de superstición biodinámica, una invención steineriana con la que los viticultores movilizados mediante unas cuantas clases de marketing se sacan un beneficio extra entre el sector pijo de los consumidores de vino.



Hay muy buenos momentos en el capítulo, entre ellos algunos de tono humorístico; y no sólo por ello, sino porque da la casualidad que esos momentos nos aportan algún vislumbre sobre las estrategias de los tarotistas. En este caso, la señora tarotista marca de entrada su terreno diciendo que el presentador es "triste, siniestro y cenizo". Por si fuera poco ser calvo (?) posee, además, esas tres lacras. Pero claro, la señora no está diciendo que es triste: está diciendo que es triste porque no vienes como un borrego sonriente a mi consulta; vienes a ver qué es esto, no a dejarte acariciar el lomo. Es siniestro porque ve que va de negro. Un calvo cien por cien vestido de negro no puede ser más que portero de disco o disertador en la telebasura, así que no se sabe muy bien qué pinta en una consulta tarotil uno de estos ejemplares. Esto lo presupongo, no sea que se trate de una estupidez mayor: que, leído fríamente, uno que no viene a consultar y a dejar la pasta y que encima viene de negro no pueda ser más que un siniestro, como los góticos y las que se maquillan los ojos de color del licor de moras. Y esto se dice para que los predispuestos que oyen y ven asientan. Y lo de cenizo viene como corolario, claro. Un triste y un siniestro no puede ser más que un aguafiestas.

A pesar del aguante de Gámez y de su exquisita educación con los vendedores de supersticiones, este caso ejemplifica la imagen de los críticos ante multitud de almas cándidas de las que nutren aquéllos. Les comento un ejemplo en sentido contrario: a través del indispensable blog de Juan Carlos Victorio Misterios del Aire llegué al blog de una estudiante de quinto de periodismo que tiene por referencia a la cohorte nacional de investigadores de patrañas comercializadas. No sé qué puñetas le habrán contado en la carrera a esta muchacha, pero le han tomado el pelo a base de bien. Seguro que en el futuro, cuando se tropiece con la realidad y con gente sensata en su círculo de actividad, se le pasará ese sarampión. De momento, confunde la realidad con un teatrillo barato lleno de gente alegre, luminosa y divertida, como todos los que comercian con las creencias del personal.

El resto del capítulo de Escépticos ¿Todo está escrito?, que era de lo que trataba esta entrada, ya lo ven ustedes y sacan sus propias conclusiones, como diría uno que yo me sé. Hoy lunes echarán un capítulo nuevo, que podremos ver luego por el Interné…

sábado, octubre 08, 2011

Platillo volante bacteriófago

Paseando por el campo el otro día mientras buscaba platillos volantes (hay otros que se dedican a hacer el payaso en "casas encantadas": es decir, se van a una casucha en ruinas y dicen que oyen cosas raras o que sienten presencias misteriosas, y cobran por ello), saqué mi microscopio de campo con cámara incorporada que llevo en mi bolso de campo, el mismo en el que llevo llevo la libreta de campo, el grabador de campo, el bolígrafo de campo y la cámara de fotos de campo; me coloqué mi chaleco de campo y saqué una foto -de campo- al azar, y hete aquí que capté un elemento del misterio, una prueba irrefutable de que están aquí, de que no hace falta entrevistar a astrofísicos para dar un barniz de cientificidad a tu mercadería ocultista, sino que están ahí -ya lo he dicho-, por todos lados. He aquí la prueba:


Se trata de un bonito platillo volante originario de Ganímedes, el mismo satélite del que unos pocos vividores aseguraban hasta hace no mucho que procedían sus amiguitos espaciales. ¿A que mola, eh? Este platillo volante está especializado en devorar bacterias, es muy pequeño, y ni siquiera puede abducir estafilínidos ni lombrices, menos aún personas con alteraciones psicológicas influidas por la cultura platillista y azuzados por pseudo-ufólogos sin escrúpulos, de pequeñito que es.

Pero como casi todo tiene explicación -y el que diga lo contrario miente o se aprovecha de la ignorancia que lo rodea- no me quedé satisfecho e indagué. Indagué e indagué, caminé cientos de miles de kilómetros y a la vuelta de la esquina me tropecé con un bioquímico que me cerró la mente y me quitó la bobería. Resulta que no es un platillo volante lo que aquí vemos, amigos del misterio, sino un impresionante virus bacteriófago T4, atacante de la bacteria Escherichia coli.

De hecho, la foto no es foto ni flautas: es un dibujo realizado con técnica puntillista por José María Riol Cimas, director del curso Ciencia y pseudociencias de la ULL, tomado de Wood y Edgar. El que quiera cuentos infantiles que vea Cuatro los domingos por la noche.

viernes, octubre 07, 2011

'Escépticos' contra la ignorancia

Publicado ayer, 6 de octubre de 2011, en "La Opinión de Tenerife" (Santa Cruz de Tenerife).

sábado, octubre 01, 2011

Los ovnis contra la vida extraterrestre

Aunque lo pueda parecer, esta entrada no consiste en una crítica cinematográfica de algún clásico de la Serie B norteamericana. Es que, después de leer la amable reseña que Gabriel Andrade escribió de mi libro Los ovnis ¡vaya timo! quiero matizar un par de cosas al respecto.

La primera sobre la metáfora elegida para referirse a la evolución que experimenté en cuanto a la creencia ufológica, desde creyente a escéptico. No creo ser un "alcohólico reformado". Yo siempre he bebido alcohol, moderadamente, y sigo haciéndolo... Bueno, ahora en serio: lo que sí estaba cuando creyente es desinformado, no en un estado equivalente o análogo al del delirium tremens. Eso es lo que pienso de cualquier persona que ingiera las papillas ufológicas predigeridas al uso, como las de J. J. Benítez, Zerpa, Maussán y sus discípulos, o cualquier otro negociante del más allá.

Hasta donde sé, el alcoholismo agudo desemboca en la pérdida del dominio racional de la realidad (sea esto lo que sea), entre otros muchos síntomas. En cambio, el creyente en platillos volantes -o en cualquier otra creencia maravillosa- sí es racional: hay una racionalidad en los mitos, como ya dijo otro antes que yo; hay un cierto orden, un afán explicativo de la realidad externa, aunque ese afán esté truncado, falto de elementos informativos, cojo o haya seleccionado solo aquello que le interesa. Manejar estos elementos es la habilidad de los cuentistas del misterio, precisamente. Aprovechan la cojera de sus seguidores. El éxito de programas televisivos domingueros depende de ello, por ejemplo.

La segunda tiene que ver con la ausencia del debate sobre la existencia de vida extraterrestre en el libro, que es algo que, creo recordar, ni siquiera me planteé. El motivo es que, realmente, se puede, y en ocasiones se debe, hablar de ovnis sin citar la vida extraterrestre, aunque ésta sea el sustrato de la creencia. El libro trata de ovnis y de ufología solamente (es lo que me pidió la editorial: un libro crítico sobre los ovnis). Para la ocasión, no quise hablar de la vida extraterrestre –ni de cuestiones más concretas como la ecuación de Drake o la paradoja de Fermi- a propósito, para que tal ausencia chocara al lector. Una de las herramientas habituales de los propagandistas del misterio y de los creyentes ha sido siempre apelar a la posibilidad de vida extraterrestre ("no podemos ser los únicos", "no puede haber tanto espacio cósmico desaprovechado", etc.) para colar sus manías o especulaciones absurdas sobre la creencia en visitas alienígenas a la Tierra. Así que un libro sobre el mito de los ovnis sin referencias directas al debate científico sobre la vida alienígena es, en sí mismo, significativo por lo comentado.