viernes, febrero 18, 2005

No pasó nada raro

Ayer me llamó la cadena SER de Las Palmas de Gran Canaria para una entrevista sobre... Yo pensé sobre la marcha que algo raro había pasado:

- quizá la luz majorera de Mafasca se había aparecido en la plaza de la Candelaria de Santa Cruz de Tenerife y la policía la tenía acordonada (a la luz, no a la plaza).

- tal vez San Borondón había emergido entre La Palma y El Hierro y ahora se podía ir caminando de una isla a otra. O entre Tenerife y Gran Canaria, con lo que el número de tópicos sustentados en ambas islas se resquebrajarían como se le resquebrajó la Realidad a Neo en Matrix, retenida por los millones de agentes Smith que montan guardia a la entrada de nuestras cavernas;

- a lo mejor los enanos, duendes y otros elementales del bosque grancanario de Ossorio habían decidido darse a conocer y aguardaban su certificado de autenticidad perfectamente formados ante una nube de fotógrafos escépticos;

- ¿había declarado públicamente una autoridad institucional del municipio palmero de Fuencaliente sobre la nave y los seres extraños que tuvo la oportunidad de contemplar hace algunos años acompañado de algunos militares y de no sé quién más? (yo qué sé, cualquiera que dé empaque al asunto, además de los militares...; Koizumi, el primer ministro japonés, por ejemplo);

- ¿o es que los norteamericanos habían decidido lanzar, a modo de "octava" de los años 70, un par de misiles Poseidon ante las mismas narices de los ufólogos vibracionales?

Pues no, no había pasado nada raro; sólo querían hablar de ufología, de ovnis. Durante un cuarto de hora los temas fueron los de siempre: que si Canarias es un lugar especial, que si el ocultamiento oficial, que si podía citar algún caso enigmático que hubiera investigado... A estos tres aspectos, mis respuestas, en resumen, fueron: no, no hubo y sí. Con este sí me referí, y comenté, el caso de la playa tinerfeña de Abades, el 9 de julio de 1992, del que quizá me ocupe pronto en este blog, a ver si alguien tiene la feliz iniciativa de embarcarse en su nuevo análisis y aclaración definitiva, destino natural y deseable de todos los enigmas, grandes o pequeños.

Pero la pregunta más interesante fue: ¿Cómo se investigan los ovnis? No era cuestión de ponerse a pensar allí a pelo sobre la dificultad de investigar algo que no hemos podido definir previamente. Y tampoco habría sido muy útil recordar las agotadas y supongo que descatalogadas obras de Vicente Juan Ballester Olmos, alimento básico para las últimas generaciones interesadas en las cosas que se ven en los cielos (y menos aún a Alberto Adell o a Allan Hendry). Cité a Horatio Caine, que como ustedes sabrán, no tiene existencia real, más que televisiva, ese "ufólogo escéptico" con un objeto nítido y bien definido de estudio: cadáveres humanos y su contexto. ¿Cómo se investigan los ovnis? (y las apariciones marianas, y el genoma humano, y la Revolución conservadora alemana, y la medicina galénica y las enanas marrones y...): pues como en CSI, de la misma forma que Horatio disecciona a los sospechosos, con el mismo espíritu que sus colaboradores recogen muestras y pruebas en el lugar y luego las llevan al laboratorio. Ni Horatio (ni los de Las Vegas) se resignan a un no explicado.

2 comentarios:

Ricardo Campo Pérez dijo...

[Recuperando comentarios]

1. De: hikaru - Fecha: 2005-07-13 01:23

que raro...

Admin dijo...

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