domingo, marzo 23, 2008

Cosmos y psique

El pasado miércoles 19 de marzo El País publicó en la sección de cultura una reseña Cosmos y psique (Atalanta, Madrid, 2008), del filósofo norteamericano Richard Tarnas. El título es atrayente, al margen de que parezca más propio de un obra decimonónica con afán de explicación total. Bueno, algo hay de eso, de pretensión de explicación total, lo que resulta sospechoso. La sospecha se convierte en certeza cuando uno se entera de que es un libro de Astrología.


Que Tarnas intente convencer al lector de que los planetas del Sistema Solar influyen en los acontecimientos humanos no debe sorprendernos en cuanto averiguamos en la Wikipedia que trabajó diez años en el Instituto Esalen (California), una de las mecas de la New Age desde los años 70. Por eso dice Tarnas en la reseña periodística que "... sólo ha podido embarcarse en este proyecto por enseñar en esa zona (que no se indica), donde hay menos prejuicios académicos". Vamos, quiere decir que en Esalen no le pidieron nunca una demostración científica de sus mega-extraordinarias afirmaciones. ¡Qué bien habría quedado un artículo sintético de sus revolucionarias propuestas en Nature, en Science o en Astrophysical Journal! Pero claro, estas son unas revistas llenas de prejuicios académicos, conservadoras, donde las ideas atrevidas están prohibidas, y donde se limitan a un permanente recordatorio de lo evidente, como si de escolásticos que adoran a Aristóteles se tratara.

Un ambiente progresista y aperturista, en cambio, te permite asegurar que

.. el día que Jimi Hendrix arrasó ante las multitudes con su forma heterodoxa de tocar la guitarra y el día que Viena se rindió a los pies de Beethoven por la hondura de sus conciertos de piano los planetas estaban alineados de la misma manera.

Y yo me pregunto: ¿fue un solo día el tiempo que arrasó Hendrix y su guitarra? ¿Podríamos encontrar alguna aparente relación cuantitativa entre los acontecimientos citados y el número de moscas cazadas por arañas en la Selva Negra? ¿Y entre los días de triunfo en concierto de Hendrix y el aumento de goles en la siguiente jornada de la liga de fútbol española? Ustedes pueden seguir haciendo preguntas similares...

Esta forma de relación que Tarnas detecta no es causal, sino

... una manera distinta de ver las cosas que nos permita reconciliarnos con la naturaleza.

Bien, nunca hemos dejado de estar reconciliados con la naturaleza. Somos producto de ella, y no podemos, so pena de dejar de ser humanos, dejar de estar conciliados con ella. Compartimos la bioquímica fundamental con los robles, las jirafas y los paramecios. Somos naturaleza. Otra cosa es que nuestro modelo de desarrollo tecnológico esté afectando a la biosfera, pero introducir una falsa creencia, mayoritariamente abandonada, en nuestra vida no nos va a ayudar a reconducir la situación.

En la contraportada del libro podemos leer:

Presenta un coherente desafío a la hipótesis de fondo de la visión moderna de un mundo inanimado e inconsciente, vacío de todo propósito y sentido, donde lo real es sólo aquello que puede ser cuantificado. Tarnas demuestra las contradicciones de esta visión restrictiva del mundo y presenta una perspectiva "cualitativa" y arquetípica

Como si de un René Guénon redivivo se tratara, Tarnas recupera el discurso de la philosophia perennis como salvavidas del desorden y la falta de sentido. Pero no se vayan, que ahora viene el segundo plato:

Señala una correlación entre los movimientos planetarios del cosmos y las experiencias arquetípicas del ser humano.

Como postre, les valdrá la cita de C. G. Jung que abre el libro:

Nuestra psique está formada en armonía con la estructura del universo y lo que sucede en el macrocosmos sucede igualmente en los rincones infinitesimales y más subjetivos de la psique
En: Recuerdos, sueños, pensamientos

Ahora, hagan la digestión. Si se les hace pesada, aquí tiene un poco de bicarbonato.

Estas supuestas novedades que Tarnas presenta en su libro son tan viejas como las más antiguas especulaciones cosmológicas. Son pensamiento esotérico o mágico. La relación entre el cosmos y el ser humano es uno de los mitologemas básicos del esoterismo, según las herramientas heurísticas que Antoine Faivre (1) propuso para introducir algo de orden en estudio de las tradiciones cosmológicas y antropológicas pre-modernas. En este caso se trata de la creencia en las correspondencias entre todas las partes del universo, entre lo pequeño y lo grande. Todo se convierte en símbolo, en misterio que guarda una revelación que puede ser decodificada y comprendida. Tanto Jung (arquetipos y sincronicidades) como ahora Tarnas han hecho suya esta creencia. En el caso de la Astrología, la correspondencia tiene lugar entre los planetas y los seres humanos o las sociedades.

Esta correspondencia tiene su fundamento en la noción estoica de la heimarmene (Fatalidad, Destino, Hado). El mundo es uno y material (monismo materialista), para los estoicos antiguos (Zenón, Cleantes..., s. III a.C.) y está más allá de nuestra capacidad de influir en él, aunque las leyes divinas que lo gobiernan pueden ser racionalmente entendidas. Entre ellas, la de causalidad es fundamental para explicar el cosmos. Nada es sin una causa, cada acontecimiento se halla causalmente conectado a otro, y por cuanto el universo es uno, todo tiene relación con todo. Esta relación estructural, ineludible, es la heimarmene, la clave que explica la regularidad del cosmos entendido como sistema dinámico de fuerzas, semejante al de un organismo vivo y autoconsciente (ésta sería otra de las facetas del pensamiento esotérico: la naturaleza viva, omnipresente en los discursos nuevaerísticos, y que Tarnas parece sugerir cuando nos aconseja una nueva relación con el universo animado y con sentido basada en el conocimiento de la conexión cósmica como solución para los problemas medioambientales).

En definitiva, todo parece indicar que Richard Tarnas nos presenta una vieja superstición empaquetada en términos posmodernos (aunque la cosmovisión de Tarnas no sería posmoderna desde que nos habla de un sentido, una orientación fuerte y crea un gran relato de interpretación global) tomados de la psicología transpersonal y de la semi-religión jungiana como si fuera el desvelamiento definitivo que nos orientará en este siglo. Y todo en 824 páginas que valen 37,98 euros; nada menos.

El editor nos amenaza con la próxima publicación de la traducción de una obra previa del mismo autor.


(1) Véase la introducción a Modern Esoteric Spirituality. Antoine Faivre y Jacob Needleman (eds.). Crossroad, New York, 1992.

7 comentarios:

A las 26/3/08 , Blogger Attia ha dicho...

¿Has leido el libro o haces la crítica a partir de la solapa y la entrevista de El País? Lo pregunto por lo del rigor...

La editorial no es Siruela sino Atalanta.

 
A las 27/3/08 , Anonymous Ricardo Campo Pérez ha dicho...

Me he limitado a lo que citas, que para lo que comento es más que suficiente. Me sobra la contraportada del libro, incluso.

 
A las 28/3/08 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Claro que si Ricardo, como eres imbecil y tonto del culo, lo del rigor se te puede perdonar juas,juas,juas,juas,juas

 
A las 8/4/08 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Bueno, en primer lugar, todo aquel que se cree científico y analítico, debería tener un poquito de humildad, y estar abierto a diversas corrientes, y sobretodo experimentarlas, que viendo lo visto, esto no existe en el autor del blog, con el debido respeto.

A continuación, reconozco como estudiante autodidacta de astrología, o modernamente llamada cosmobiologia, que es aún, un estudio o pseudociencia que todavía no tiene las herramientas científicas o tecnológicas, como para ser estudiada de manera estricta. Así entonces, de ahí viene la gran dispersion de escuelas y teorias dentro de esta materia (y lo que más lamento, porque conlleva un efecto dominó terrorífico), la mala utilización por parte de frikis, farsantes, "rappeles" y un largo etcétera como modo de ganar dinero, que condena a la astrología a la difamación por parte de múltiples personas, científicos y escépticos.

El ser humano en su condición natural, suele abusar del prejuicio, y este artículo es otro simple ejemplo. Tienes razones como para despotricar de la astrología, ya que no hay medio físico de experimentación para defenderla, pero por la misma razón y porque la historia da muchas vueltas, mañana puede descubrirse la manera de investigar en ello, así que estoy también en mi derecho de defenderla .

 
A las 9/4/08 , Anonymous Ricardo Campo Pérez ha dicho...

"Tienes razones como para despotricar de la astrología, ya que no hay medio físico de experimentación para defenderla".

Más claro, agua.

Pero lo interesante es comprender por qué hay gente que sigue creyendo en esa mitología a pesar de no haber una sóla prueba científica que sustente alguno de sus mitologemas.

Sí, tal vez haya que tener la mente abierta: quizá algún día haya una forma de investigar los unicornios de color rosa, como la astrología. Desde que los seres humanos inventaron el mito astrológico han pasado ya unos 5.000 años. Seguimos igual que entonces, pero hay que seguir esperando, claro.

En cambio, ahí tienes la astronomía/astrofísica: avanzando cada año, cada mes, en la comprensión del cosmos.

Sin duda, es mejor que no perdamos el tiempo confiando en que "algún día" la "cosmobiología" (cambio de nombre para disimular que se trata de la misma superstición astrológica de simpre) aporte pruebas del mismo tipo que la astrofísica.

La astrología es un mito, una creación cultural que pervive momificada al margen del conocimiento científico.

 
A las 26/4/08 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Muy triste: miles de años después, la mayor parte de los habitantes del planeta elige el pensamiento mágico y relega el pensamiento científico...y, algunos, con bastante mala educación.
Salud.

 
A las 13/5/08 , Blogger Atalanta ha dicho...

Cosmos y Psique se presenta como el mejor cuaderno de bitácora para los nuevos tiempos. Al entender de su autor, Richard Tarnas, profesor de Filosofía y Psicología en el Institute of Integral Studies de California, vivimos una época de profunda transformación de los supuestos y principios subyacentes de la visión del mundo. Estos es, la recién finalizada época posmoderna como período de transición, bisagra entre dos formas distintas aunque perfectamente válidas de comprender la realidad.

El sujeto moderno ha estado definido por la firme separación radical entre el sujeto y el objeto, entre el yo humano y su entorno. El descubrimiento heliocéntrico impulsó una confianza extraordinariamente magnificada en la razón humana, fuente de conocimiento riguroso del mundo. Pero cuando la esperanza se funda en este mundo, todo lo que habíamos aplazado para el otro ha de ser necesariamente cumplido aquí. Era la Metafísica de la Creación según Zambrano: desde Kant, Fichte, Schelling hasta Hegel, de la que hemos llegado agotados y vacíos en la posmodernidad. Tarnas muestra la necesidad de un nuevo paradigma que suceda al posmoderno y donde la línea filosófica racionalista y científica dé paso a una nueva visión del mundo –pues así reza el subtítulo del grueso volumen-. Esta nueva visión habría de aceptar el desafío de dotar de alma a un universo al que se ha considerado inanimado y únicamente regido por leyes mecánicas. La razón que esgrime su autor es que somos parte del cosmos, estableciendo una profunda relación entre los movimientos planetarios y nuestras experiencias arquetípicas. Si a esos lectores que en las librerías preguntan por libros que hablen de cosas que están en el aire se les remitiese a este riguroso estudio –o al resto de la valiosa colección de Atalanta que señala en la misma dirección-, una gran cantidad de impostores que supuestamente ayudan a los demás (nadie se lo ha pedido) se verían obligados a cambiar de profesión.
NOTODO.COM

 

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