domingo, septiembre 14, 2008

¿Dónde estabas el 11-S?

Tenía pensado días atrás mostrar mi rechazo a la ocurrencia de los platillistas brasileños de bautizar la enésima congregación ufoloca con el nombre de Carl Sagan (un comentario en inglés aquí). Sagan, por lo que intuyo y por lo que he leído de él, era, además de un gran científico y un gran comunicador ocasionalmente un poco afectado (esta es mi opinión), como si de un rapsoda de la Astrofísica se tratara, un hombre con una cierta preocupación por la trascendencia, que manifestaba en su tono vital y en su visión de los extraterrestres como si fueran una expresión lograda de las virtudes progresistas del conocimiento y del desarrollo de la conciencia, a medio camino entre el iluminismo racionalista y la tierra prometida (bueno, el planeta prometido). Quizá por ello logró éxito popular, al aunar el sentimiento de trascendencia y una de las ciencias más propensas a ser percibidas de manera poetizante y romántica; no en vano, los divulgadores victorianos del siglo XIX usaron la Astronomía para practicar con éxito la teología natural y descubrir el diseño divino en las maravillas celestes que el telescopio acercaba a ojo humano. Al margen de esto, no debemos olvidarnos de la faceta escéptica de Sagan, que no confundía sus deseos o esperanzas (si es que eran tales) con la realidad, así que sus críticas a la ufología y a los ingenuos que ven ETs cada vez que su cerebro recalentado se lo ordena están más que justificadas, y son asumibles por cualquiera que intuya que Ademar Gevaerd es un auténtico cachondo mental que no se cree ni una coma de las paparruchas que escribe. El tal Gevaerd es el cabeza visible del frikismo platillista brasileño, el mismo que acaba de bautizar un "instituto de ufología" recién creado (cosa inútil como pocas) con el nombre del que presentaba Cosmos en la tele.

Es por eso que mostrar indignación, protestar y alarmarse por la desfachatez de un tipo que vende platillos a sus fieles es inútil, y ande yo caliente... En España tenemos varios ejemplos. Y si no fuera porque me desvío demasiado de lo que se supone que trata esta entrada, sería un buen ejercicio analizar por qué estos "investigadores" de platillos volantes se han apropiado del nombre de Sagan; ¿por qué precisamente de Sagan?; ¿cuál es la imagen popular mayoritaria de Sagan?; ¿qué pretenden usando su nombre?; ¿cómo entienden a Sagan esos "ufólogos"?; ¿y qué entienden éstos por ciencia, ya que Sagan era científico? A veces me dicen que no uso la navaja de Occam al hacerme ristras de preguntas como esta tratando de entender algo: que no es necesario hacérselas cuando el descaro y la desvergüenza pueden explicarlo sobre la marcha. Pero yo opino que ese descaro y desvergüenza están al final de la cadena de causas que llevan a un hecho, al menos en algunos casos. Primero debemos dar cuenta de otras razones.

Las historias de ovnis (como las que nos contarán desde el instituto saganita platillero) y de fenómenos extrañísimos porquemicuentacorrienteloexige están basadas en relatos, es decir, en recuerdos de percepciones, que para nuestra desgracia no se conservan intactas. Tanto es así que incluso cuando se trata de sucesos que no tienen relación con el mercado de lo oculto este factor actúa por igual. Uno de los ejemplos típicos es el de "¿qué estabas haciendo cuando...?".

Una conversación de este estilo ha tenido lugar en el blog de Lola Cárdenas, al hacerse eco de la creación de la web 11-S: red crítica, que aprovecho para recomendar, que así se contribuye a limpiar la mierda esparcida por los buitres conspiranoicos.

Julio Plaza (uno de los responsables de la web) comenta que le resulta curioso que todos nos acordemos de lo que estábamos haciendo en el momento de enterarnos del ataque a las torres gemelas. Él estaba comiendo con su familia cuando oyó la noticia por la radio. Inmediatamente encendieron la tele.

A continuación Lola opinó que "solo los que en aquel momento fueran niños no recordarán qué estaban haciendo, porque no comprenderían la magnitud del desastre".

Un tal Irae aseguró que "el 11-S yo tenía 12 años recién cumplidos pero lo recuerdo como si fuera ayer. Justo terminaba de comer, estaba en mi habitación a haciendo los deberes y oí que mis padres me llamaban a gritos desde el salón".

Y Leónidas Kowalski de Arimatea se hallaba en una base multinacional de la OTAN, en Mostar (Bosnia). Estaba descansando cuando al salir de su habitación vio a sus compañeros reunidos en una gran sala de televisión donde llegó a tiempo de ver el segundo impacto. Un rato después toda la base estaba en alerta máxima, y así estuvieron hasta la noche.

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Bueno..., todos estos recuerdos pueden ser bastante exactos... o no.

Dejo la palabra a Christopher French:

Existen también esos recuerdos intensos que simplemente sabemos que son exactos. Un ejemplo son las llamadas "memorias de flash" (flash bulb memories). Todos creemos recordar a la perfección dónde estábamos y lo que hacíamos, quién nos acompañaba, etc. cuando nos enteremos, por ejemplo, del 11 de septiembre, ¿verdad? Parece haber algo en ese tipo de sucesos que se nos graba a fuego en las céculas cerebrales. Por ejemplo, yo todavía puedo recordar haber oído las noticias del asesinato de John F. Kennedy. Tenía apaenas siente años, así que cuando escuché la noticia por televisión no significó demasiado. Pero recuerdo haber ido a la cocina para comentárselo a mis padres. Fue su reacción la que me hizo darme cuenta de la enorme importancia de la noticia. Durante años he puesto este ejemplo de memoria flash en cada charla que he dado, hasta que en cierta ocasión se lo mencioné a mi madre. Ella me explicó que no había pasado nada en esa línea. Ni estábamos en casa cuando conocimos la noticia, ni fui yo el mensajero. Curioso, ¡yo mismo había sido víctima de un falso recuerdo que me colocaba en el centro de la acción! Una vez más, las pruebas experimentales han demostrado que las memorias flash (por mucha convicción con las que se defiendan) son a menudo totalmente ficticias. Toda una clase apuntó detalladamente las circunstancias en las que se enteraron del desastre de la lanzadera espacial Challenger la misma mañana en que ocurrió (con quién estaban, qué estaban haciendo, etc.). Un par de años más tarde, muchos de ellos tenían unos recuerdos completamente diferentes sobre aquellas circunstancias.

[Chris French. El mosaico de la memoria. En Cuadernos de Ufología Suplemento Internacional, 2005. Publicado originalmente en The Skeptic, Vol. 17, nº 1, primavera 2004].

9 comentarios:

Pedro Gimeno dijo...

Mis recuerdos de aquella ocasión son tambien claros y nítidos. Sé que hay una parte que no sería capaz de rellenar sin inventarme recuerdos, pero hay otra que tengo muy clara. Sé con quién y dónde estaba positivamente y tengo quien me lo ha confirmado. Tal vez esa parte que no recuerdo con exactitud sea la que mucha gente rellena a posteriori con el producto de su imaginación, pensando que tales recuerdos deberían estar ahí.

De una parte de ellos no estoy seguro. Sé positivamente que comía con un compañero de trabajo en un restaurante cercano al mismo y que él de repente empezó a desviar la vista al televisor y a prestarle más atención que a nuestra charla, lo cual al principio me hizo sentir un poco molesto. Cuando me giré para ver qué captaba tanto su atención, porque inicialmente estaba de espaldas o casi al televisor, fue cuando vi una de las torres en llamas. Nunca llegué a tener claro si fue en directo o una repetición cuando vi el segundo impacto suceder; a juzgar por el tiempo durante el cual vi sólo la primera torre humeando yo diría que pudo ser en directo, pero esto no lo puedo asegurar. Recuerdo muy claramente que al principio no sabían decir si era un accidente o un ataque y poco después de ese segundo impacto (o vídeo de repetición) dieron por confirmado que se trataba de un ataque. Se me cayó el alma al suelo.

Entre lo que recuerdo con menos precisión está la hora. Sé que era sobre las tres de la tarde y creo que muy pocos minutos más. Eso podría haberlo inventado. Es una hora lógica para comer, por otra parte. Nunca me he molestado en contrastar la hora del segundo impacto con mi recuerdo. De haberlo hecho, es posible que hubiera rellenado ese hueco de mi memoria con la hora exacta del impacto y que tras un tiempo uno y otro recuerdo se me mezclaran. Lo dudo; para mí sigue siendo un recuerdo no lo bastante nítido.

De todo lo que pasó entre ese momento y mi regreso al trabajo ya no puedo asegurar gran cosa. Sé que a la vuelta se lo conté (o contamos, no estoy seguro de si el que había comido conmigo participó en la narración) a los demás compañeros de trabajo, uno de los cuales me ha corroborado recientemente que yo había estado en ese lugar y con esa persona, así como que lo que les conté es consistente con esa versión. No he podido hablar de nuevo con esa persona con la que lo vi.

A lo que voy: La autosinceridad es un ejercicio duro. Nos queremos tanto que a menudo nos engañamos para evitar admitir ante nosotros mismos estar equivocados. No me gusta la idea de contrastar la hora del segundo impacto porque quiero evitar crear un recuerdo falso, ya que hasta ahora es un hueco susceptible de ser rellenado. Prefiero conservarlo en esa incertidumbre virgen.

Los recuerdos aceptablemente puros son un ejercicio difícil de hacer, pero posible. Identificar cuáles son los huecos y esforzarse en mantenerlos como tales en vez de tratar de rellenarlos quizá sea la clave del éxito. Esforzarse en recordar puede llevar a sintetizar recuerdos falsos.

Ya que estoy aquí, aprovecho para recordarte que el nombre de la página es "11-S: Análisis crítico" y no "11-S: red crítica".

-- Pedro Gimeno

Andrés Diplotti dijo...

Yo recuerdo que estaba en Rosario, haciendo un trabajo para la carrera de diseño gráfico y oyendo la radio. Pero el trabajo específico que recuerdo haber estado haciendo es de tercer año de la carrera, y en 2001 ya estaba en cuarto. Así que sé que ahí tengo uno de esos "flash".

Manolo_elmas dijo...

Yo también lo recuerdo nítidamente. Tanto que hasta recuerdo un detalle de la retransmisión en directo del episodio. La locutora de la cadena televisiva narró el impacto del segundo avión como si fuera la repetición del primero, hasta que se dió cuenta de que era un hecho posterior. Mientras lo narraba yo le iba diciendo por lo bajini: "Que no, que no, que ese es otro avión, coño..."
Eso sí, no puedo recordar en qué cadena lo ví... :P

Yamato dijo...

Pues viste lo mismo que yo, y en la misma ignota cadena de TV que yo, Manolo. Yo también lo recuerdo nítidamente, pero quizá el ejemplo no esté tan bien traído porque ninguno de nosotros somos tan jóvenes ni ha transcurrido tanto tiempo desde aquello.

Quizá (para mi generación, al menos) sea un mejor ejemplo el de la llegada del hombre a la Luna. Yo tengo un recuerdo relativamente nebuloso de dónde estaba y cómo viví aquello, pero nunca me he preocupado de contrastarlo. A ver si esta semana pregunto a mis padres...

Gerardo dijo...

Pedro: [Los recuerdos aceptablemente puros son un ejercicio difícil de hacer, pero posible. Identificar cuáles son los huecos y esforzarse en mantenerlos como tales en vez de tratar de rellenarlos quizá sea la clave del éxito. Esforzarse en recordar puede llevar a sintetizar recuerdos falsos.]

Hay que olvidarse de tal pretensión de fiabilidad acerca de tus recuerdos. El problema no está en "rellenar huecos" al margen de lo que sabes "seguro"; la parte "segura", la que no es "hueco", es fácilmente y habitualmente errónea y hasta falsa. Podrás haber acertado con este recuerdo sobre el 11-S (como todos tenemos recuerdos que hemos podido comprobar y resultaron exactos); pero si compruebas otros en los que tu sensación de certeza sea la misma, te asombrarás de que algunos son completamente falsos. La sensación de certeza no es ninguna garantía.

Aparte del jarro de agua fría que nos echan los expertos, puedo aportar mi experiencia personal: yo he recordado sin el menor asomo de duda cosas que después supe que ni siquiera había vivido yo, llegué a hacerme protagonista de episodios que vivió otro. Si he podido "pillar in fraganti" a mi cabeza en alguno de estos falsos recuerdos, y ya que la posibilidad de contrastar nuestros recuerdos es poco habitual, prefiero ponerlos todos en cierto nivel de cuarentena.

Dices que "la autosinceridad es un ejercicio duro"; pero creo que aún hay que ir más allá de lo que propones. Hay que hacerse a la idea de que nuestra memoria no es un disco duro. Se puede uno fiar de ella, pero aceptando sus limitaciones, sabiendo qué grado de seguridad podemos pedirle.

Asigan dijo...

Yo recuerdo que cuando marché de casa hacia el trabajo- las 3 y algo- las noticias solo daban el primer impacto. Camino del curro paré en un kiosko a comprar tabaco. En el kiosko había televisión y la señora propietaria me dijo que había chocado otro avión en la otra torre. El resto de la tarde lo pasé escuchando la radio en el automovil. ¿Es un falso recuerdo que escuché que habían puesto un coche bomba en el Capitolio?

Respecto d ela llegada del hombre a la Luna, recuerdo estar en casa de mi tío junto a otros tíos, mis padres y mis primos. Todos cenamos allí porque los mayores querían ver el acontecimiento juntos a través d ela televisión. Hasta ahí, se que es correcto, me lo han confirmado. Sin embargo, tengo recuerdos de multitud de detalles de aquél día de losq ue discrepan algunos de mis primos y tíos.

Y ahora un caso "raro, raro"

El Lido era un restaurante con piscinas muy popular en mi pueblo a mediados de los 50 y hasta el 65, que fué cerrado. Por tanto, yo, que nací en enero del 63, tenía dos años como mucho cuando me sucedió lo siguiente.

Caí al agua en la zona profunda de la piscina en un descuido de mis padres y un señor me sacó al rato teniendo que recibir reanimación respiratoria. El suceso es real, para mi madre supone un problema emocional hablar de ello incluso hoy en día, 43 años después. El caso es que tengo recuerdos nítidos del mismo. Recuerdo qué hacía cuando caí: recogía huesecillos de aceitunas bajo las mesas y me acercaba a la orilla a arrojarlos al agua. Recuerdo como me hundía hasta el fondo y volvía a subir en, al menos, dos ocasiones. En la primera me agarraba al flotador de un niño que me golpeaba volviendo yo al fondo. En la segunda me agarré al bañador de un señor mayor y, cuando volvía hacia el fondo, ese mismo señor me agarró del brazo y tiraba de mí. Lo siguiente que recuerdo es cómo paré de llorar al despertar en brazos de mi padre al ver a mi madre llorar y completamente histérica. Mis recuerdos son perfectamente nítidos y no puedo confirmarlos, obviamente, en gran parte. Pero aquellas partes que si puedo han resultado positivos.

Sin embargo, sé que hasta después de los dos años no se conservan recuerdos. No obstante, al fuerza de tal recuerdo me hace resistirme a verlos falsos.

¡Qué cosas!

Pedro Gimeno dijo...

Gerardo, hay otro mecanismo que aplico que es invalidar la fiabilidad del recuerdo ante la mínima duda. Creo que me funciona. Está claro que los recuerdos tienen sus limitaciones, pero el autoanálisis y la experiencia (porque sí que me he encontrado con recuerdos falsos) me han servido para conocerlas y saber reconocer de qué me puedo fiar. Un ejemplo: un recuerdo nítido de hace mucho, mucho tiempo no lo doy por seguro si no lo he recordado alguna vez hace menos tiempo y asegurando cuáles son los detalles fiables. Por ejemplo, recuerdo "nítidamente" la cara de mi compañero mirando el televisor hacia arriba al desviar la atención de nuestra charla, pero no me sorprendería averiguar que el televisor del restaurante estuviera más bien bajo.

Asigan, da la casualidad de que yo también me caí a una piscina de pequeño, aunque la edad no la recuerdo, sé seguro que era con más de dos años. Tomaba el sol en el bordillo, me di la vuelta y me fui al agua. La parte de tomar el sol no la puedo corroborar con nadie ya, pero la de haberme caído está perfectamente confirmada. Ante la sorpresa de verme rodeado de agua tan de repente, me asusté no supe reaccionar. No recuerdo nada más aparte de algo que podía ser un agarrón, aunque eso ya es muy difuso. Supongo que oyeron el chapuzón y salieron a mirar, porque no parecía estar nadie mirándome en el momento que me caí.

De lo que cuentas no te puedo decir gran cosa. Creo que tengo algún recuerdo anterior a los dos años, no estoy seguro. Mi madre dice que me caí por las escaleras con un tacataca (se había dejado la puerta abierta conmigo pululando por allí); yo no lo recuerdo pero sí recuerdo que me atraía lo que había cruzando la puerta de la casa (la escalera, vamos). Eso indicaría que sí es posible tener algún recuerdo anterior y que la frontera de los dos años puede ser un mito. De los recuerdos nítidos que hablas no te puedo decir gran cosa, salvo que el hecho de que estén acompañados por otros hechos corroborados no es necesariamente indicativo de que sean verdaderos.

-- Pedro Gimeno

El Eséctico dijo...

Me acuerdo de ese día de todo, hasta las 4 de la madrugada que me acosté...
Estaba en casa de mis padres, mi madre me avisó de otra habitación

-mijito, chocó un avión contra las torres gemelas
-¿Cómo?, no puede ser

Salí corriendo al televisor, estaba la CNN y fué en ese momento que muestran el impacto del segundo avión con la confusión de la periodista/traductora que no solo confunde el segundo impacto con el primero sino que comenta que se trata de algún tipo de avioneta.

Le comento a mi madre

-Viejita, eso no es una avioneta, es por lo menos un 737 o 767, eso es un atentado. Fijate, ya van dos aviones, ahí está el humo del primero en la otra torre, esa es la señal en directo.

A los pocos minutos la CNN cambiaba la placa en la parte inferior de la pantalla y titulaba "AMERICA UNDER ATTACK"

Se me hizo un nudo en la garganta.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Pues sí. Cuando escribí aquel comentario en el blg de Lola yo mismo me pregunté hasta qué punto estaba hablando de lo que viví realmente o si más bien estaba adornando el pasado con recurdos autoinducidos. Probablemente haya algo de lo segundo.

En cualquier caso, al tratarse de un acontecimiento de tal enormidad, digo yo que nuestros recurdos quedarían fijados con cierta fiabilidad, al menos más que si recordamos, por ejemplo, una agradable excursión de hace años. Pero sí, totalmente de acuerdo en que lo recordado está siempre más o menos deformado.