Se trata de un artículo que me ha publicado la revista de filosofía Éndoxa, de la UNED (Madrid):
El ocultismo nacionalsocialista y el discurso alternativo contemporáneo.
ÉNDOXA. Series filosóficas, 27, 2001, pp. 271-293, UNED, Madrid.
Resumen: La revuelta contra el mundo moderno ha tomado variadas formas desde que el movimiento romántico. Fue especialmente virulenta en el último tercio del siglo XIX en Alemania, donde los movimientos de juventud y los abundantes ocultistas proponían cosmovisiones alternativas al mundo industrializado y cientifista, al igual que en el movimiento nacionalsocialista. En el ocultismo contemporáneo y en las visiones alternativas de la New Age podemos hallar una interpretación enfoque del ser humano y del cosmos semejante.
Odio la fanfarronería, odio la impostura, odio la superstición, odio la mentira y odio toda clase de tipos miserables y embaucadores, que son muchísimos, como sabes. Luciano de Samósata (s. II)
lunes, enero 09, 2012
jueves, enero 05, 2012
lunes, diciembre 19, 2011
Resuelva el misterio y no haga el ridículo
El sector de los aficionados a los misterios que, de vez en cuando, se acerca a los lugares paranormalizados demuestra, en el mejor de los casos, un completo desconocimiento de los requisitos mínimos para que una investigación no se quede a medio camino entre un circo televisivo milenario y una reunión de amiguetes espiritistas con minidisc. Lo cierto es que estos interesados, si no se mueven por puro afán de figurar y por sacarse unos euritos vendiendo la moto en la revista mensual de misterios, obran, seguramente, de buena fe, pero ignoran qué hacer y cómo hacerlo bien, porque quienes deberían haber procurado que no fuera así les ha importado un comino todo ello; al contrario, el cultivo de la ignorancia del aficionado es requisito para que los misteriodistas sigan llenando su saca.
Por ello, todo aquel que empiece en este terreno (y no sólo quien empieza, sino más de uno que lleva décadas tropezando a conciencia en las mismas piedras) debería leer y estudiar el libro de Benjamin Radford Scientific Paranormal Investigation. How to Solve Unexplained Mysteries. Radford es editor jefe de la revista Skeptical Inquierer, y junto con Joe Nickell, el más destacado investigador crítico y escéptico de la selva paranormal, cubriendo temas como las casas encantadas, relatos sobre ovnis, testimonios sobre animalotes criptozoológicos (como su reciente libro sobre el chupacabras), exorcismos, milagros, psíquicos, círculos de las cosechas y otras materias abducidas por la industria cultural sección misterios.
Scientific Paranormal Investigation debería ser traducido, publicado en español y colocado en todas las estanterías dedicadas a maguferíos variados que tienen casi todas las librerías para que los interesados se lo tropiecen y tengan la posibilidad de salirse del dogmatismo comercial de los misterios. El libro es una guía para llevar a cabo investigaciones científicas exitosas en el terreno de los fenómenos "inexplicables". Proporciona una comprensión básica del escepticismo y de cómo la ciencia puede ser aplicada a estos rumores paranormales. En él las anécdotas son ofrecidas no como evidencias, sino como ejemplos.

Como señala el autor, hay algunos libros sobre investigación paranormal que pretenden enseñar al lector cómo investigar fantasmas y en general lo sobrenatural (en el mercado editorial español carecemos de esto, incluso). Aún así, el problema es que, con unas pocas excepciones, ninguno de esos autores tienen formación en lógica o en investigación científica en general. Coleccionar historias no es investigar. Solventar estas carencias es uno de los objetivos del libro de Radford.
Una de las recomendaciones que el citado ofrece en su obra es la necesidad de que los lectores evalúen la credibilidad y la historia de éxitos del autor de un libro sobre misterios. Es lógico: cuantos más misterios divulgue y cuantos menos haya explicado más inútil será como “experto”, menos confianza habrá que depositar en él y menos recomendable será adquirir cualquiera de los libracos que publique. Radford es, en este sentido, digno de crédito: como él mismo asegura: "No tengo miedo a los fantasmas; ellos me tienen miedo a mí porque desaparecen cuando yo investigo" (p. 6).
Si usted desea embarcarse en la investigación (o mejor aún, en la re-investigación de alguna anécdota paranormalísima, misteriosa porque sí, cuento, rumor o leyenda mágica (de esas que algunos llevan veinte años o más supurando), el libro de Radford es una guía indispensable para hacerlo correctamente, o al menos con cierta dignidad. Y de paso se dará cuenta de en qué le han engañado históricamente, de por qué faltan siempre ciertos puntos de vista en el mundo patrañil de los enigmas, de por qué brillan por su ausencia determinadas consideraciones y cláusulas condicionales en el razonamiento de los periodistas del misterio al uso, que disfrazan de apertura mental y buen rollo sus ansias de protagonismo, el afán crematístico y el anquilosamiento de sus cuentos para no dormir.
Basten tres puntos de los citados por Radford en su libro como ejemplo de su perspectiva intelectual. Son típicos por cuanto son fallos clásicos de la investigación paranormal:
- Los fenómenos paranormales que parecían misteriosos en principio pero que fueron luego identificados o resueltos raramente son reportados o publicados. ¿Alguna vez las revistas de misterios, los programas radiofónicos y televisivos le han ofrecido al interesado la solución de los casos que venden? Parecen, al contrario, un muestrario de incompetencias, porque la finalidad de la investigación es aclarar los hechos, no regodearse en el asombro fingido.
- Los investigadores aficionados a menudo cometen el error de juntar todos los testimonios y asumen que, de alguna forma, todos están conectados, o que comparten la misma causa. No hay confirmación independiente de estos fenómenos. Lo que el pseudo-periodismo de misterios vende como pruebas es en realidad un conglomerado en bruto de testimonios, rumores, aseveraciones no justificadas, prejuicios sobre cierto tipo de sucesos, dimes y diretes, embrollos, calumnias y monsergas victimistas. El creyente queda impresionado por todo ello y no detecta la ausencia de cimientos en el edificio paranormalista.
- El objetivo es resolver los misterios. Emplear aquellos medios que contribuyen a ello es lo correcto. Es más que obvio, pero los ufólogos, cazafantasmas y demás se empeñan en mariposear de historieta en historieta con estrategias no ya pseudocientíficas, sino pseudo periodísticas. Y lo que es peor: en un medio ambiente que premia su incapacidad para explicar los hechos.
Scientific Paranormal Investigation no es un complicado ensayo sobre epistemología ni un tratado académico sobre investigación cualitativa. Es un libro sobre el sentido común, sobre qué preguntas no hacer a un testigo, sobre qué útiles son necesarios para realizar una investigación de campo y, en general, sobre cómo no abordar los supuestos misterios (por ejemplo, con esa ridícula manía de pasearse por una "casa encantada" a oscuras) y cómo sí hacerlo de manera sensata.
Se trata, en suma, de una perfecta introducción al pensamiento crítico y a la auténtica investigación de lo paranormal y la criptozoología y, por extensión, al resto de los misterios populares. En lugar de consumir mensualmente portadas estrambóticas y webs de misterios para adolescentes compre esta obra. Si usted no quiere ser engañado por activa o por pasiva y le interesan estas materias debe leer y estudiar este libro de Benjamin Radford.
--------------------------
Scientific Paranormal Investigation
How to Solve Unexplained Mysteries
Benjamin Radford
Rhombus Publishing Company, Corrales, USA, 2010.
ISBB: 978-0-936455-11-2
Por ello, todo aquel que empiece en este terreno (y no sólo quien empieza, sino más de uno que lleva décadas tropezando a conciencia en las mismas piedras) debería leer y estudiar el libro de Benjamin Radford Scientific Paranormal Investigation. How to Solve Unexplained Mysteries. Radford es editor jefe de la revista Skeptical Inquierer, y junto con Joe Nickell, el más destacado investigador crítico y escéptico de la selva paranormal, cubriendo temas como las casas encantadas, relatos sobre ovnis, testimonios sobre animalotes criptozoológicos (como su reciente libro sobre el chupacabras), exorcismos, milagros, psíquicos, círculos de las cosechas y otras materias abducidas por la industria cultural sección misterios.
Scientific Paranormal Investigation debería ser traducido, publicado en español y colocado en todas las estanterías dedicadas a maguferíos variados que tienen casi todas las librerías para que los interesados se lo tropiecen y tengan la posibilidad de salirse del dogmatismo comercial de los misterios. El libro es una guía para llevar a cabo investigaciones científicas exitosas en el terreno de los fenómenos "inexplicables". Proporciona una comprensión básica del escepticismo y de cómo la ciencia puede ser aplicada a estos rumores paranormales. En él las anécdotas son ofrecidas no como evidencias, sino como ejemplos.

Como señala el autor, hay algunos libros sobre investigación paranormal que pretenden enseñar al lector cómo investigar fantasmas y en general lo sobrenatural (en el mercado editorial español carecemos de esto, incluso). Aún así, el problema es que, con unas pocas excepciones, ninguno de esos autores tienen formación en lógica o en investigación científica en general. Coleccionar historias no es investigar. Solventar estas carencias es uno de los objetivos del libro de Radford.
Una de las recomendaciones que el citado ofrece en su obra es la necesidad de que los lectores evalúen la credibilidad y la historia de éxitos del autor de un libro sobre misterios. Es lógico: cuantos más misterios divulgue y cuantos menos haya explicado más inútil será como “experto”, menos confianza habrá que depositar en él y menos recomendable será adquirir cualquiera de los libracos que publique. Radford es, en este sentido, digno de crédito: como él mismo asegura: "No tengo miedo a los fantasmas; ellos me tienen miedo a mí porque desaparecen cuando yo investigo" (p. 6).
Si usted desea embarcarse en la investigación (o mejor aún, en la re-investigación de alguna anécdota paranormalísima, misteriosa porque sí, cuento, rumor o leyenda mágica (de esas que algunos llevan veinte años o más supurando), el libro de Radford es una guía indispensable para hacerlo correctamente, o al menos con cierta dignidad. Y de paso se dará cuenta de en qué le han engañado históricamente, de por qué faltan siempre ciertos puntos de vista en el mundo patrañil de los enigmas, de por qué brillan por su ausencia determinadas consideraciones y cláusulas condicionales en el razonamiento de los periodistas del misterio al uso, que disfrazan de apertura mental y buen rollo sus ansias de protagonismo, el afán crematístico y el anquilosamiento de sus cuentos para no dormir.
Basten tres puntos de los citados por Radford en su libro como ejemplo de su perspectiva intelectual. Son típicos por cuanto son fallos clásicos de la investigación paranormal:
- Los fenómenos paranormales que parecían misteriosos en principio pero que fueron luego identificados o resueltos raramente son reportados o publicados. ¿Alguna vez las revistas de misterios, los programas radiofónicos y televisivos le han ofrecido al interesado la solución de los casos que venden? Parecen, al contrario, un muestrario de incompetencias, porque la finalidad de la investigación es aclarar los hechos, no regodearse en el asombro fingido.
- Los investigadores aficionados a menudo cometen el error de juntar todos los testimonios y asumen que, de alguna forma, todos están conectados, o que comparten la misma causa. No hay confirmación independiente de estos fenómenos. Lo que el pseudo-periodismo de misterios vende como pruebas es en realidad un conglomerado en bruto de testimonios, rumores, aseveraciones no justificadas, prejuicios sobre cierto tipo de sucesos, dimes y diretes, embrollos, calumnias y monsergas victimistas. El creyente queda impresionado por todo ello y no detecta la ausencia de cimientos en el edificio paranormalista.
- El objetivo es resolver los misterios. Emplear aquellos medios que contribuyen a ello es lo correcto. Es más que obvio, pero los ufólogos, cazafantasmas y demás se empeñan en mariposear de historieta en historieta con estrategias no ya pseudocientíficas, sino pseudo periodísticas. Y lo que es peor: en un medio ambiente que premia su incapacidad para explicar los hechos.
Scientific Paranormal Investigation no es un complicado ensayo sobre epistemología ni un tratado académico sobre investigación cualitativa. Es un libro sobre el sentido común, sobre qué preguntas no hacer a un testigo, sobre qué útiles son necesarios para realizar una investigación de campo y, en general, sobre cómo no abordar los supuestos misterios (por ejemplo, con esa ridícula manía de pasearse por una "casa encantada" a oscuras) y cómo sí hacerlo de manera sensata.
Se trata, en suma, de una perfecta introducción al pensamiento crítico y a la auténtica investigación de lo paranormal y la criptozoología y, por extensión, al resto de los misterios populares. En lugar de consumir mensualmente portadas estrambóticas y webs de misterios para adolescentes compre esta obra. Si usted no quiere ser engañado por activa o por pasiva y le interesan estas materias debe leer y estudiar este libro de Benjamin Radford.
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Scientific Paranormal Investigation
How to Solve Unexplained Mysteries
Benjamin Radford
Rhombus Publishing Company, Corrales, USA, 2010.
ISBB: 978-0-936455-11-2
jueves, diciembre 01, 2011
Indiferencia y prescindencia de la critptozoología (XXVIII)
En esta noticia de ABC (con errata incluida) no citan a ningún criptozoólogo. No hicieron falta.
De hecho, los que pasan por ser tal, ya se ponen ellos solos la soga al cuello.
De hecho, los que pasan por ser tal, ya se ponen ellos solos la soga al cuello.
martes, noviembre 29, 2011
Misterios y mentiras de elite
Los misterios misteriosos, las experiencias y las ciencias de frontera (que son las que se practican en los Pirineos o en la confluencia del estado de Texas y México), los relatos sobre ovnis y portentos celestiales, las apariciones fantasmales y casas encantadas y los cuentos sobre monjas voladoras, monjas recauchutadas y otras majaderías del circo paranormal están basadas en el testimonio humano. Algunos ignorantes, dándoselas de entendidos, han hablado de "testigos de elite" como si tal categoría existiese, como si ante fenómenos por definición extraños y supuestamente inexplicables pudiese alguien alcanzar un nivel elitista en la comprensión y transmisión de su propia percepción. Esto es falso, y quienes lo han vendido lo saben. La literatura seria sobre la percepción y el recuerdo es abundante, y, afortunadamente, tenemos en español un ejemplo reciente en ¿Se puede creer a un testigo? El testimonio y las trampas de la memoria. Giuliana Mazzoni. Editorial Trotta, Madrid, 2010.
Pero ya escribiré una reseña sobre esta monografía para otro lugar; ahora quiero dejarles una cita extraída de otro libro de uno de los imprescindibles de la investigación escéptica de lo paranormal Joe Nickell, que en su Entities. Angels, Spirits, Demons, and Other Aliens Beings. Prometheus Books, Amherst, New York, 1995, p. 43, recoge la siguiente anécdota al ocuparse no de las casas encantadas, sino de las mentes encantadas:
La sugestión puede desembocar en el contagio. En 1978 un pequeño oso panda escapó de un zoo de Roterdam, después de lo cual la policía dio la alerta en los medios. Pronto empezaron a comunicarse observaciones del panda, unas cien, a lo largo de toda Holanda. Desgraciadamente, un animal solo no puede estar en tantos lugares en un periodo de tiempo tan breve. De hecho, nadie había visto el panda realmente, ya que había muerto atropellado por un tren cerca del zoo. ¿Cómo explicamos todas estas observaciones? La respuesta es: por contagio. La expectación lleva a la gente a malinterpretar lo que realmente están viendo. Por ejemplo, alguien podría haber visto un perro detrás de unos arbustos y pensar que eran el panda debido a sus propias expectativas. Otros tienen experiencias ilusorias similares. La publicidad generada por el caso pudo haber provocado algunas llamadas falsas.
Multitud de programas prescindibles de radio, páginas periodísticas, ocultistas domingueros, gente enemiga del sentido común, amante de su dinero (del de usted, no solo del de ellos) y ansiosa por seguir cultivando sus ignorancias y creencias paranormalistas continuarán apelando al testimonio y al dogma de la inmaculada percepción, al honor de los testigos y otras estúpidas falacias para adornar su mundillo de magia y atontamiento sociedad anónima.
Pero ya escribiré una reseña sobre esta monografía para otro lugar; ahora quiero dejarles una cita extraída de otro libro de uno de los imprescindibles de la investigación escéptica de lo paranormal Joe Nickell, que en su Entities. Angels, Spirits, Demons, and Other Aliens Beings. Prometheus Books, Amherst, New York, 1995, p. 43, recoge la siguiente anécdota al ocuparse no de las casas encantadas, sino de las mentes encantadas:
La sugestión puede desembocar en el contagio. En 1978 un pequeño oso panda escapó de un zoo de Roterdam, después de lo cual la policía dio la alerta en los medios. Pronto empezaron a comunicarse observaciones del panda, unas cien, a lo largo de toda Holanda. Desgraciadamente, un animal solo no puede estar en tantos lugares en un periodo de tiempo tan breve. De hecho, nadie había visto el panda realmente, ya que había muerto atropellado por un tren cerca del zoo. ¿Cómo explicamos todas estas observaciones? La respuesta es: por contagio. La expectación lleva a la gente a malinterpretar lo que realmente están viendo. Por ejemplo, alguien podría haber visto un perro detrás de unos arbustos y pensar que eran el panda debido a sus propias expectativas. Otros tienen experiencias ilusorias similares. La publicidad generada por el caso pudo haber provocado algunas llamadas falsas.
Multitud de programas prescindibles de radio, páginas periodísticas, ocultistas domingueros, gente enemiga del sentido común, amante de su dinero (del de usted, no solo del de ellos) y ansiosa por seguir cultivando sus ignorancias y creencias paranormalistas continuarán apelando al testimonio y al dogma de la inmaculada percepción, al honor de los testigos y otras estúpidas falacias para adornar su mundillo de magia y atontamiento sociedad anónima.
lunes, noviembre 14, 2011
Los OVNIs… ¿son un timo?
Ése es el título que para la ocasión le han puesto a una entrevista que me realizaron el pasado viernes día 11 en Radio Vitoria, en el programa Plaza nueva. Tratamos, entre otras cosas, la petición de unos ufolocos para que el gobierno norteamericano dijera lo que a aquéllos les sale de las pelotas, con perdón. Aquí está el podcast:
miércoles, noviembre 09, 2011
domingo, noviembre 06, 2011
viernes, noviembre 04, 2011
jueves, noviembre 03, 2011
¿Hay alguien ahí fuera?
La serie Escépticos continúa su camino entregando cultura y pensamiento crítico en un escenario, el de los medios de comunicación mayoritarios, donde estas cosas parecen estar tácitamente prohibidas. No hay más que ver, por lo cerca que me toca, el caso de la Televisión Autonómica canaria, donde abundan en los últimos tiempos programas de marujeos y espectáculos espiritistas de los que dan asco, como el de la médium –¡ja!- Marilyn Rossner, que vendrá de nuevo a estas islas próximamente a aligerar el bolsillo de los incautos de la mano de quienes no tienen vergüenza y le siguen el juego. También tenemos en Radio Nacional, con dinero público, un programa donde toda la metralla pseudomisteriosa de grano grueso se presenta de color blanco.
El pasado 17 de octubre le tocó a los platillos volantes aparecer en Escépticos. La primera vez que lo vi, aquella misma noche en Internet, no estaba en condiciones de valorarlo adecuadamente, ya que venía de cervecear con el director del curso Ciencia y pseudociencias después de acabar la primera jornada del segundo módulo. Tenía el juicio nublado ;-), y me habría apetecido una refutación y explicación de toda la casuística nacional, de ese Gran Fraude de los Miles de Kilómetros Recorridos y otras hostias con las que comulgan los creyentes, antiguos y recientes. Pero no, el objetivo del programa era otro, tan legítimo como el citado: mostrar las claves culturales de la leyenda, cosa que consigue plenamente porque le permite al televidente darse cuenta de que los ovnis no tienen nada que ver con los extraterrestres, que son una producción humana, que son ideas que revolotean de mente en mente hasta que, como si fueran los ultracuerpos de la peli, se van instalando y se anclan.
Ayer di mi charla sobre el mito de los platillos volantes, Ovnis: la invasión que nunca llegó, en la decimoprimera edición del Curso Interdisciplinar de la Universidad de La Laguna Ciencia y pseudociencias. Al volver a ver hoy el episodio citado de Escépticos ¿Hay alguien ahí afuera?, compruebo que gran parte de los argumentos allí esgrimidos coinciden con los míos ayer. Es interesante porque demuestra que el mito de los platillos volantes no es patrimonio de charlatanes y profesionales de la tergiversación, sino que es un tema susceptible de estudio racional y de divulgación como puede serlo cualquier otra leyenda mundial; que cualquier otra universidad o cualquier otro medio de comunicación puede acercarse a este mundillo de los misterios del espacio y de las creencias paranormalistas con la misma orientación; que incluso los medios pueden funcionar como un servicio público educativo; que pueden hacer una obra de caridad no contribuyendo a difundir enfoques sensacionalistas, especulaciones absurdas y afirmaciones ridículas sin pruebas entre toda esa gente que, como se dice cerca del final del capítulo, no sabe distinguir entre la ficción y la realidad.
Y aquí tienen el capítulo, que también está disponible en el blog de su presentador, Magonia, y en la web del Círculo Escéptico:
El pasado 17 de octubre le tocó a los platillos volantes aparecer en Escépticos. La primera vez que lo vi, aquella misma noche en Internet, no estaba en condiciones de valorarlo adecuadamente, ya que venía de cervecear con el director del curso Ciencia y pseudociencias después de acabar la primera jornada del segundo módulo. Tenía el juicio nublado ;-), y me habría apetecido una refutación y explicación de toda la casuística nacional, de ese Gran Fraude de los Miles de Kilómetros Recorridos y otras hostias con las que comulgan los creyentes, antiguos y recientes. Pero no, el objetivo del programa era otro, tan legítimo como el citado: mostrar las claves culturales de la leyenda, cosa que consigue plenamente porque le permite al televidente darse cuenta de que los ovnis no tienen nada que ver con los extraterrestres, que son una producción humana, que son ideas que revolotean de mente en mente hasta que, como si fueran los ultracuerpos de la peli, se van instalando y se anclan.
Ayer di mi charla sobre el mito de los platillos volantes, Ovnis: la invasión que nunca llegó, en la decimoprimera edición del Curso Interdisciplinar de la Universidad de La Laguna Ciencia y pseudociencias. Al volver a ver hoy el episodio citado de Escépticos ¿Hay alguien ahí afuera?, compruebo que gran parte de los argumentos allí esgrimidos coinciden con los míos ayer. Es interesante porque demuestra que el mito de los platillos volantes no es patrimonio de charlatanes y profesionales de la tergiversación, sino que es un tema susceptible de estudio racional y de divulgación como puede serlo cualquier otra leyenda mundial; que cualquier otra universidad o cualquier otro medio de comunicación puede acercarse a este mundillo de los misterios del espacio y de las creencias paranormalistas con la misma orientación; que incluso los medios pueden funcionar como un servicio público educativo; que pueden hacer una obra de caridad no contribuyendo a difundir enfoques sensacionalistas, especulaciones absurdas y afirmaciones ridículas sin pruebas entre toda esa gente que, como se dice cerca del final del capítulo, no sabe distinguir entre la ficción y la realidad.
Y aquí tienen el capítulo, que también está disponible en el blog de su presentador, Magonia, y en la web del Círculo Escéptico:
La prensa es una cosa y la ciencia otra
¿Se imaginan ustedes una carta como esta en una revista de misterios al uso? No, claro, porque ningún perpetrador de amaños pseudocientíficos le recriminará a otro el no amoldarse a unos requisitos mínimos de procedimiento. Lo que importa a los ¿periodistas? del misterio no es la precisión ni el seguir unos pasos preestablecidos, sino causar asombro, temor fácil y que el lector trague sin masticar, no ofrecer un producto decente fruto de exprimirse las neuronas racionalmente en el que la venta, la publicidad y mercaderías varias son el último criterio a tener en cuenta, si es que llega a estar presente.
Lea la carta escrita por el catedrático Luis González de Vallejo sobre las sismitas de El Médano: puede usted aprender cómo funciona, o debe funcionar, la ciencia una vez escrita en papeles, en artículos.
Lea la carta escrita por el catedrático Luis González de Vallejo sobre las sismitas de El Médano: puede usted aprender cómo funciona, o debe funcionar, la ciencia una vez escrita en papeles, en artículos.
martes, noviembre 01, 2011
Ovnis en Crónicas
El espacio Crónicas, del canal 24 horas de Televisión Española, dedicó un programa a los ovnis el pasado domingo día 30 con el título Expediente OVNI.
La cosa empezó en tono surrealista, con el contactado Grifol desbarrando en Montserrat (un lugar medio clásico de la platillología más friki) una noche de día 11, como siempre. "La doble manifestación de los ovnis sobre esta montaña", dice. Va sobradísimo, tan más allá de la lógica y la sensatez, le importa todo tanto un carajo, que no se cuida lo más mínimo de hablar con cierta propiedad, con cierto disimulo. Ni sonríe ni se inmuta, pero le dio "un hervor en la sangre" cuando empezó a ver platillos. "Si sois vosotros hacedme un bamboleo, y salgo de dudas", cuenta que le dijo a los seres de arriba. Y se le apareció Julio Iglesias cantando.
Ya reunido con el personal para ver las estrellas fugaces que al azar cruzan por allí y visto que aquella noche no hubo suerte, declara: "Si no nos lo otorgan [el ver las naves] que lo aceptemos sin ninguna inquina porque los de arriba aplican su superior criterio". Y todo el mundo a su casa, que la virtud está en el término medio, que no te puedes pegar horas de alerta porque te puedes empachar. Otro dice que lo importante es "lo que se percibe interiormente y que la montaña de Montserrat es mágica". Bueno, estas simplezas ya las decía hace décadas Francisco Padrón de Las Cañadas del Teide, que también veía platillos, naves y seres a mogollón.
El programa presenta ahora a uno de los creativos que diseñaron las campañas publicitarias en las que aparecían platillos volantes hace algún tiempo. Habla de "creatividad social", porque la gente quiere participar en sus montajes. Es decir, identifica a la remanguillé el revuelo de crédulos y cachondos mentales con me quieren ayudar en mi campaña para ganar dinero. Bueno, es una forma como cualquier otra de colgarse una medalla, porque, probablemente, el citado no leyó las amargas quejas de los creyentes en visitas de marcianos que lamentaron la manipulación una vez se destapó (hasta entonces habían especulado y tragado a espuertas). Algo tan nítido, tan real, resultó ser un trucazo de ordenador. ¿No se enteró usted de los berrinches, señor publicitario? ¿Y las risas de los escépticos tampoco las oyó, antes y después de descubrirse el pastel? Seguramente a usted este escenario le parece el idóneo para vender su producto, pero no parece muy apropiado llamarlo "creatividad social" porque el target no resultó ser gente que "ha querido difundir la campaña", aunque el revuelo y el engorde de la cuenta corriente de la empresa le parezca "maravilloso", claro. En cualquier caso, le animo a que vuelva a idear otra campaña similar. En mi opinión, su idea es estupenda como experimento social porque vemos cómo la más desbocada credulidad se desparrama antes de cualquier atisbo de duda o paciencia previa a un análisis de las imágenes.
A continuación, la jefa del satélite NMM Newton de ESA, el astrofísico Telmo Fernández de Castro y Ricardo Amils, del CAB, resumieron brevemente sus líneas de investigación científica. Realmente, no sé muy bien qué pintan estas personas en un documental sobre ovnis, al igual que, más adelante, el divulgador científico Ismael Pérez hablando de SETI. Ninguno de los cuatro habló de ovnis ni platillos volantes. Hablaron de ciencia, de telescopios, de exoplanetas y de la posibilidad de vida extraterrestre, cosas que, desde un punto de vista etic, no tienen absolutamente nada que ver con los ovnis (sí desde un punto de vista emic, pero éste no es el que adoptan los científicos) así que todo esto no crea más que confusión entre los televidentes poco avezados. Cuando menos, habrá servido para comparar a gente formada con gandules intelectuales del contacto y del platillo posado.
Sin solución de continuidad, saltamos de nuevo a los ovnis. Mal, aunque interviene sobre la marcha el catedrático de sociología de la UCM Fermín Bouza, que dice que los ovnis son un mito técnico, un prodigio técnico que viola las leyes de la física y la química (Bouza se pone en el lugar de la creencia). Supongo que el seguidor de a pie no se enteró de la misa la mitad porque la gente de letras dice unas cosas muy raras.
Julían Rodríguez Bustamante, piloto protagonista del caso de 170968 en la aerovía Tenerife-Gran Canaria, nos cuenta que vio una cosa muy extraña, "que se hacía más grande al acercarse", pero probablemente no vio más que un bólido, por mucho que a él la diera la impresión de que "se paró de repente". Recuerden: los testimonios no son prueba de nada, nada más que de una percepción filtrada por los ojos, el nervio óptico, el cerebro, el recuerdo, las palabras y la circunstancia social de comunicación. Nada menos.
Sobre el caso Manises, que entra en escena a continuación, es conveniente leer este enlace , este y este. Y esperar a que aparezca, donde sea y como sea, una segunda edición actualizada del libro de Juan Antonio Fernández Peris El expediente Manises. Juan Antonio, que sale brevemente en el documental y le cortaron todo un resumen del caso, debería echarle un vistazo al vídeo y contrastar estas nuevas declaraciones de Tomás y de Morlán con las que han hecho en otras ocasiones, por si hay algo que le llame la atención. Es una posibilidad como cualquier otra. No es la primera vez que la gente cambia sus declaraciones inconscientemente, añade detalles, adorna, embellece o introduce giros significativos en su discurso que deben ser tenidos en cuenta por cualquier crítico, por cualquiera que no pretenda hacer pasar el testimonio oral por pruebas de algo, que ya sabemos, repito, que no lo es; pero hay gente desinformada que se lo cree porque los farsantes de la platillología no han tenido el interés de desasnarlos. También deben tener en cuenta los interesados que, aunque el Ejército del Aire calificara a los pilotos y otros profesionales del aire de "testigos de clase A" esto no quiere decir que no puedan malinterpretar un estímulo luminoso, ni que no se pongan nerviosos, ni que no tengan ideas preconcebidas, ni que no se dejen influir por pseudoperiodistas del misterio, ni que su memoria no reconstruya y reinterprete lo vivido, sino que se confía en gente de la casa, nada más. Y lo demás, lo que importa, nos lo cuanta cualquier manual de psicología de la percepción, libros que son tabú para cualquier reportero del cuento ufoparanormal.
V. J. Ballester Olmos, previa cinematográfica entrada en la biblioteca del Cuartel General del Aire en Madrid, hace un resumen de la desclasificación de los papeles sobre ovnis del EA. Yo ya lo conocía, pero la inmensa mayoría seguro que no. Y si no lo sabían es porque les han engañado por acción u omisión. La intervención de Ballester Olmos es el núcleo duro del programa, uno de los únicos, junto con Fernández Peris y los testigos, que no desentona, porque habla de lo que específicamente trata el programa según su título, aunque se centra en uno de sus aspectos posibles. Pero es que ese aspecto en el que se centra es uno muy relevante, uno de los tópicos clásicos de Ovnilandia. Sabe de lo que habla y no le vende motos al televidente.
José Luis Tajada nos cuenta su película sobre yacimientos arqueológicos en Castilla-La Mancha que avalan la hipótesis de que estas manifestaciones hayan sido interpretadas de manera religiosa, ferromagnética o climática. No sabemos, pero algo misterioso y extraño sí está sucediendo aquí. Que quede constancia. Y también de un pinar por el que pasa una ortotenia. Y de una cortina de plástico o de agua de dos metros que cae del cielo y que difumina el espacio y absorbe el sonido.
La curandera de Hellín. ¡La curandera de Hellín! Pensarán ustedes qué demonios tiene que ver un personaje de estos con un programa sobre ovnis, previo paso por un lugar con energías telúricas y con mucho poder. Pues resulta que un ¿ufólogo? local que se llama José Antonio Iniesta dice que por allí se ven muchos ovnis, que es una zona caliente de avistamientos (está el mundo y después Hellín), que hay muchas energías y naves nodriza y bolas luminosas que la gente ve desde sus balcones, y que quizá por todas esas energías variadas hay tantos curanderos en la zona. ¿No será porque en la zona hay mucha ignorancia y credulidad respecto a estos matasanos? Aparece entonces una señora de estas sobando a un chico al que le curó la depresión. El programa en este momento pega un bajón tremendo. Ni siquiera televisivamente se justifica el dar paso al chiringuito de una curandera cuando se está hablando de platillos volantes solo porque al ¿ufólogo? de turno se le ocurrió citar esa relación entre platillos, energías y charlatanes varios de la salud.
En mi opinión, el programa está mejor de lo que esperaba, a pesar de sus graves defectos. Si tenemos en cuenta que, casi por obligación, en un producto televisivo sobre ovnis hay que dejar que algún contactado nos cuente un chorro de majaderías y haga el ridículo con la misma pose que otros pegan un pase de pecho a un toro, y que siempre te aparecerá algún descubridor de la pólvora en forma de ortotenias, seres, miedos y otras cosicas del más allá, nos queda un producto pasable, con una buena presencia de voces sensatas (incluso los científicos de la ESA y del CAB, aunque no tengan que estar en ese programa, contribuyen indirectamente a la sensatez y a la crítica del presupuesto básico del mito: ovni = naves ET) y ajenas al mercadeo, hoy venido a menos, del platillismo nacional.
La cosa empezó en tono surrealista, con el contactado Grifol desbarrando en Montserrat (un lugar medio clásico de la platillología más friki) una noche de día 11, como siempre. "La doble manifestación de los ovnis sobre esta montaña", dice. Va sobradísimo, tan más allá de la lógica y la sensatez, le importa todo tanto un carajo, que no se cuida lo más mínimo de hablar con cierta propiedad, con cierto disimulo. Ni sonríe ni se inmuta, pero le dio "un hervor en la sangre" cuando empezó a ver platillos. "Si sois vosotros hacedme un bamboleo, y salgo de dudas", cuenta que le dijo a los seres de arriba. Y se le apareció Julio Iglesias cantando.
Ya reunido con el personal para ver las estrellas fugaces que al azar cruzan por allí y visto que aquella noche no hubo suerte, declara: "Si no nos lo otorgan [el ver las naves] que lo aceptemos sin ninguna inquina porque los de arriba aplican su superior criterio". Y todo el mundo a su casa, que la virtud está en el término medio, que no te puedes pegar horas de alerta porque te puedes empachar. Otro dice que lo importante es "lo que se percibe interiormente y que la montaña de Montserrat es mágica". Bueno, estas simplezas ya las decía hace décadas Francisco Padrón de Las Cañadas del Teide, que también veía platillos, naves y seres a mogollón.
El programa presenta ahora a uno de los creativos que diseñaron las campañas publicitarias en las que aparecían platillos volantes hace algún tiempo. Habla de "creatividad social", porque la gente quiere participar en sus montajes. Es decir, identifica a la remanguillé el revuelo de crédulos y cachondos mentales con me quieren ayudar en mi campaña para ganar dinero. Bueno, es una forma como cualquier otra de colgarse una medalla, porque, probablemente, el citado no leyó las amargas quejas de los creyentes en visitas de marcianos que lamentaron la manipulación una vez se destapó (hasta entonces habían especulado y tragado a espuertas). Algo tan nítido, tan real, resultó ser un trucazo de ordenador. ¿No se enteró usted de los berrinches, señor publicitario? ¿Y las risas de los escépticos tampoco las oyó, antes y después de descubrirse el pastel? Seguramente a usted este escenario le parece el idóneo para vender su producto, pero no parece muy apropiado llamarlo "creatividad social" porque el target no resultó ser gente que "ha querido difundir la campaña", aunque el revuelo y el engorde de la cuenta corriente de la empresa le parezca "maravilloso", claro. En cualquier caso, le animo a que vuelva a idear otra campaña similar. En mi opinión, su idea es estupenda como experimento social porque vemos cómo la más desbocada credulidad se desparrama antes de cualquier atisbo de duda o paciencia previa a un análisis de las imágenes.
A continuación, la jefa del satélite NMM Newton de ESA, el astrofísico Telmo Fernández de Castro y Ricardo Amils, del CAB, resumieron brevemente sus líneas de investigación científica. Realmente, no sé muy bien qué pintan estas personas en un documental sobre ovnis, al igual que, más adelante, el divulgador científico Ismael Pérez hablando de SETI. Ninguno de los cuatro habló de ovnis ni platillos volantes. Hablaron de ciencia, de telescopios, de exoplanetas y de la posibilidad de vida extraterrestre, cosas que, desde un punto de vista etic, no tienen absolutamente nada que ver con los ovnis (sí desde un punto de vista emic, pero éste no es el que adoptan los científicos) así que todo esto no crea más que confusión entre los televidentes poco avezados. Cuando menos, habrá servido para comparar a gente formada con gandules intelectuales del contacto y del platillo posado.
Sin solución de continuidad, saltamos de nuevo a los ovnis. Mal, aunque interviene sobre la marcha el catedrático de sociología de la UCM Fermín Bouza, que dice que los ovnis son un mito técnico, un prodigio técnico que viola las leyes de la física y la química (Bouza se pone en el lugar de la creencia). Supongo que el seguidor de a pie no se enteró de la misa la mitad porque la gente de letras dice unas cosas muy raras.
Julían Rodríguez Bustamante, piloto protagonista del caso de 170968 en la aerovía Tenerife-Gran Canaria, nos cuenta que vio una cosa muy extraña, "que se hacía más grande al acercarse", pero probablemente no vio más que un bólido, por mucho que a él la diera la impresión de que "se paró de repente". Recuerden: los testimonios no son prueba de nada, nada más que de una percepción filtrada por los ojos, el nervio óptico, el cerebro, el recuerdo, las palabras y la circunstancia social de comunicación. Nada menos.
Sobre el caso Manises, que entra en escena a continuación, es conveniente leer este enlace , este y este. Y esperar a que aparezca, donde sea y como sea, una segunda edición actualizada del libro de Juan Antonio Fernández Peris El expediente Manises. Juan Antonio, que sale brevemente en el documental y le cortaron todo un resumen del caso, debería echarle un vistazo al vídeo y contrastar estas nuevas declaraciones de Tomás y de Morlán con las que han hecho en otras ocasiones, por si hay algo que le llame la atención. Es una posibilidad como cualquier otra. No es la primera vez que la gente cambia sus declaraciones inconscientemente, añade detalles, adorna, embellece o introduce giros significativos en su discurso que deben ser tenidos en cuenta por cualquier crítico, por cualquiera que no pretenda hacer pasar el testimonio oral por pruebas de algo, que ya sabemos, repito, que no lo es; pero hay gente desinformada que se lo cree porque los farsantes de la platillología no han tenido el interés de desasnarlos. También deben tener en cuenta los interesados que, aunque el Ejército del Aire calificara a los pilotos y otros profesionales del aire de "testigos de clase A" esto no quiere decir que no puedan malinterpretar un estímulo luminoso, ni que no se pongan nerviosos, ni que no tengan ideas preconcebidas, ni que no se dejen influir por pseudoperiodistas del misterio, ni que su memoria no reconstruya y reinterprete lo vivido, sino que se confía en gente de la casa, nada más. Y lo demás, lo que importa, nos lo cuanta cualquier manual de psicología de la percepción, libros que son tabú para cualquier reportero del cuento ufoparanormal.
V. J. Ballester Olmos, previa cinematográfica entrada en la biblioteca del Cuartel General del Aire en Madrid, hace un resumen de la desclasificación de los papeles sobre ovnis del EA. Yo ya lo conocía, pero la inmensa mayoría seguro que no. Y si no lo sabían es porque les han engañado por acción u omisión. La intervención de Ballester Olmos es el núcleo duro del programa, uno de los únicos, junto con Fernández Peris y los testigos, que no desentona, porque habla de lo que específicamente trata el programa según su título, aunque se centra en uno de sus aspectos posibles. Pero es que ese aspecto en el que se centra es uno muy relevante, uno de los tópicos clásicos de Ovnilandia. Sabe de lo que habla y no le vende motos al televidente.
José Luis Tajada nos cuenta su película sobre yacimientos arqueológicos en Castilla-La Mancha que avalan la hipótesis de que estas manifestaciones hayan sido interpretadas de manera religiosa, ferromagnética o climática. No sabemos, pero algo misterioso y extraño sí está sucediendo aquí. Que quede constancia. Y también de un pinar por el que pasa una ortotenia. Y de una cortina de plástico o de agua de dos metros que cae del cielo y que difumina el espacio y absorbe el sonido.
La curandera de Hellín. ¡La curandera de Hellín! Pensarán ustedes qué demonios tiene que ver un personaje de estos con un programa sobre ovnis, previo paso por un lugar con energías telúricas y con mucho poder. Pues resulta que un ¿ufólogo? local que se llama José Antonio Iniesta dice que por allí se ven muchos ovnis, que es una zona caliente de avistamientos (está el mundo y después Hellín), que hay muchas energías y naves nodriza y bolas luminosas que la gente ve desde sus balcones, y que quizá por todas esas energías variadas hay tantos curanderos en la zona. ¿No será porque en la zona hay mucha ignorancia y credulidad respecto a estos matasanos? Aparece entonces una señora de estas sobando a un chico al que le curó la depresión. El programa en este momento pega un bajón tremendo. Ni siquiera televisivamente se justifica el dar paso al chiringuito de una curandera cuando se está hablando de platillos volantes solo porque al ¿ufólogo? de turno se le ocurrió citar esa relación entre platillos, energías y charlatanes varios de la salud.
En mi opinión, el programa está mejor de lo que esperaba, a pesar de sus graves defectos. Si tenemos en cuenta que, casi por obligación, en un producto televisivo sobre ovnis hay que dejar que algún contactado nos cuente un chorro de majaderías y haga el ridículo con la misma pose que otros pegan un pase de pecho a un toro, y que siempre te aparecerá algún descubridor de la pólvora en forma de ortotenias, seres, miedos y otras cosicas del más allá, nos queda un producto pasable, con una buena presencia de voces sensatas (incluso los científicos de la ESA y del CAB, aunque no tengan que estar en ese programa, contribuyen indirectamente a la sensatez y a la crítica del presupuesto básico del mito: ovni = naves ET) y ajenas al mercadeo, hoy venido a menos, del platillismo nacional.
jueves, octubre 27, 2011
La estupidez "alternativa"
La estupidez relativa a las pseudomedicinas alternativas y muy tradicionales no tiene límite. ¿Qué buscarán ahora en Vietnam esos mastuerzos para empalmarse? ¿Patas de milpiés?
A lo mejor dentro de años tendremos a los criptozooparanormales buscando al rinoceronte..., para que al final lo halle, si lo hallan, un grupo de zoólogos. Como siempre.
Más grave es lo que se nos cuenta aquí y aquí. Sigan vendiendo y publicitando magia curalotodo para ignorantes alternativos y complementarios.
A lo mejor dentro de años tendremos a los criptozooparanormales buscando al rinoceronte..., para que al final lo halle, si lo hallan, un grupo de zoólogos. Como siempre.
Más grave es lo que se nos cuenta aquí y aquí. Sigan vendiendo y publicitando magia curalotodo para ignorantes alternativos y complementarios.
jueves, octubre 13, 2011
Indiferencia y prescindencia de la critptozoología (XXVI)
Una vez más, y van... los criptozoólogos no fueron llamados, no hicieron falta y se quedaron intercambiando cromos del bigfoot, el calamar gigante de dos kilómetros y el monstruo del lago Ness.
Y, además, no se pierdan esta noticia. Normalmente lo criptos no hacen el ridículo como lo pueden hacer los paranormalistas al uso o los ufólogos campestres que venden platillos al peso, pero hay excepciones. Eso de que los yeti son telépatas es una de las mamonadas más simpáticas que he oído últimamente. Pero, lo mejor de todo, es que esta gente se pone la soga al cuello ella solita: el personaje dice en sus declaraciones que
"... a los yetis no les gusta ser vistos o fotografiados y viven en lugares remotos, lejos de las personas".
Y poco después asegura que:
"Han encontrado sus huellas, su supuesta cama y varios elementos con los que el yeti marca su territorio".
A los yetis no les gusta ser vistos pero marcan su territorio, y el cripto lo sabe. Hombre, no me jodas. Si es que esta gente da pena...
Y, además, no se pierdan esta noticia. Normalmente lo criptos no hacen el ridículo como lo pueden hacer los paranormalistas al uso o los ufólogos campestres que venden platillos al peso, pero hay excepciones. Eso de que los yeti son telépatas es una de las mamonadas más simpáticas que he oído últimamente. Pero, lo mejor de todo, es que esta gente se pone la soga al cuello ella solita: el personaje dice en sus declaraciones que
"... a los yetis no les gusta ser vistos o fotografiados y viven en lugares remotos, lejos de las personas".
Y poco después asegura que:
"Han encontrado sus huellas, su supuesta cama y varios elementos con los que el yeti marca su territorio".
A los yetis no les gusta ser vistos pero marcan su territorio, y el cripto lo sabe. Hombre, no me jodas. Si es que esta gente da pena...
lunes, octubre 10, 2011
Mal rollo escéptico
El capítulo 3 de Escépticos, emitido por ETB el lunes 3 de marzo de 2011, está dedicado a la astrología y al tarot, acompañado con un poquito de vino en forma de superstición biodinámica, una invención steineriana con la que los viticultores movilizados mediante unas cuantas clases de marketing se sacan un beneficio extra entre el sector pijo de los consumidores de vino.
Hay muy buenos momentos en el capítulo, entre ellos algunos de tono humorístico; y no sólo por ello, sino porque da la casualidad que esos momentos nos aportan algún vislumbre sobre las estrategias de los tarotistas. En este caso, la señora tarotista marca de entrada su terreno diciendo que el presentador es "triste, siniestro y cenizo". Por si fuera poco ser calvo (?) posee, además, esas tres lacras. Pero claro, la señora no está diciendo que es triste: está diciendo que es triste porque no vienes como un borrego sonriente a mi consulta; vienes a ver qué es esto, no a dejarte acariciar el lomo. Es siniestro porque ve que va de negro. Un calvo cien por cien vestido de negro no puede ser más que portero de disco o disertador en la telebasura, así que no se sabe muy bien qué pinta en una consulta tarotil uno de estos ejemplares. Esto lo presupongo, no sea que se trate de una estupidez mayor: que, leído fríamente, uno que no viene a consultar y a dejar la pasta y que encima viene de negro no pueda ser más que un siniestro, como los góticos y las que se maquillan los ojos de color del licor de moras. Y esto se dice para que los predispuestos que oyen y ven asientan. Y lo de cenizo viene como corolario, claro. Un triste y un siniestro no puede ser más que un aguafiestas.
A pesar del aguante de Gámez y de su exquisita educación con los vendedores de supersticiones, este caso ejemplifica la imagen de los críticos ante multitud de almas cándidas de las que nutren aquéllos. Les comento un ejemplo en sentido contrario: a través del indispensable blog de Juan Carlos Victorio Misterios del Aire llegué al blog de una estudiante de quinto de periodismo que tiene por referencia a la cohorte nacional de investigadores de patrañas comercializadas. No sé qué puñetas le habrán contado en la carrera a esta muchacha, pero le han tomado el pelo a base de bien. Seguro que en el futuro, cuando se tropiece con la realidad y con gente sensata en su círculo de actividad, se le pasará ese sarampión. De momento, confunde la realidad con un teatrillo barato lleno de gente alegre, luminosa y divertida, como todos los que comercian con las creencias del personal.
El resto del capítulo de Escépticos ¿Todo está escrito?, que era de lo que trataba esta entrada, ya lo ven ustedes y sacan sus propias conclusiones, como diría uno que yo me sé. Hoy lunes echarán un capítulo nuevo, que podremos ver luego por el Interné…
Hay muy buenos momentos en el capítulo, entre ellos algunos de tono humorístico; y no sólo por ello, sino porque da la casualidad que esos momentos nos aportan algún vislumbre sobre las estrategias de los tarotistas. En este caso, la señora tarotista marca de entrada su terreno diciendo que el presentador es "triste, siniestro y cenizo". Por si fuera poco ser calvo (?) posee, además, esas tres lacras. Pero claro, la señora no está diciendo que es triste: está diciendo que es triste porque no vienes como un borrego sonriente a mi consulta; vienes a ver qué es esto, no a dejarte acariciar el lomo. Es siniestro porque ve que va de negro. Un calvo cien por cien vestido de negro no puede ser más que portero de disco o disertador en la telebasura, así que no se sabe muy bien qué pinta en una consulta tarotil uno de estos ejemplares. Esto lo presupongo, no sea que se trate de una estupidez mayor: que, leído fríamente, uno que no viene a consultar y a dejar la pasta y que encima viene de negro no pueda ser más que un siniestro, como los góticos y las que se maquillan los ojos de color del licor de moras. Y esto se dice para que los predispuestos que oyen y ven asientan. Y lo de cenizo viene como corolario, claro. Un triste y un siniestro no puede ser más que un aguafiestas.
A pesar del aguante de Gámez y de su exquisita educación con los vendedores de supersticiones, este caso ejemplifica la imagen de los críticos ante multitud de almas cándidas de las que nutren aquéllos. Les comento un ejemplo en sentido contrario: a través del indispensable blog de Juan Carlos Victorio Misterios del Aire llegué al blog de una estudiante de quinto de periodismo que tiene por referencia a la cohorte nacional de investigadores de patrañas comercializadas. No sé qué puñetas le habrán contado en la carrera a esta muchacha, pero le han tomado el pelo a base de bien. Seguro que en el futuro, cuando se tropiece con la realidad y con gente sensata en su círculo de actividad, se le pasará ese sarampión. De momento, confunde la realidad con un teatrillo barato lleno de gente alegre, luminosa y divertida, como todos los que comercian con las creencias del personal.
El resto del capítulo de Escépticos ¿Todo está escrito?, que era de lo que trataba esta entrada, ya lo ven ustedes y sacan sus propias conclusiones, como diría uno que yo me sé. Hoy lunes echarán un capítulo nuevo, que podremos ver luego por el Interné…
sábado, octubre 08, 2011
Platillo volante bacteriófago
Paseando por el campo el otro día mientras buscaba platillos volantes (hay otros que se dedican a hacer el payaso en "casas encantadas": es decir, se van a una casucha en ruinas y dicen que oyen cosas raras o que sienten presencias misteriosas, y cobran por ello), saqué mi microscopio de campo con cámara incorporada que llevo en mi bolso de campo, el mismo en el que llevo llevo la libreta de campo, el grabador de campo, el bolígrafo de campo y la cámara de fotos de campo; me coloqué mi chaleco de campo y saqué una foto -de campo- al azar, y hete aquí que capté un elemento del misterio, una prueba irrefutable de que están aquí, de que no hace falta entrevistar a astrofísicos para dar un barniz de cientificidad a tu mercadería ocultista, sino que están ahí -ya lo he dicho-, por todos lados. He aquí la prueba:

Se trata de un bonito platillo volante originario de Ganímedes, el mismo satélite del que unos pocos vividores aseguraban hasta hace no mucho que procedían sus amiguitos espaciales. ¿A que mola, eh? Este platillo volante está especializado en devorar bacterias, es muy pequeño, y ni siquiera puede abducir estafilínidos ni lombrices, menos aún personas con alteraciones psicológicas influidas por la cultura platillista y azuzados por pseudo-ufólogos sin escrúpulos, de pequeñito que es.
Pero como casi todo tiene explicación -y el que diga lo contrario miente o se aprovecha de la ignorancia que lo rodea- no me quedé satisfecho e indagué. Indagué e indagué, caminé cientos de miles de kilómetros y a la vuelta de la esquina me tropecé con un bioquímico que me cerró la mente y me quitó la bobería. Resulta que no es un platillo volante lo que aquí vemos, amigos del misterio, sino un impresionante virus bacteriófago T4, atacante de la bacteria Escherichia coli.
De hecho, la foto no es foto ni flautas: es un dibujo realizado con técnica puntillista por José María Riol Cimas, director del curso Ciencia y pseudociencias de la ULL, tomado de Wood y Edgar. El que quiera cuentos infantiles que vea Cuatro los domingos por la noche.
Se trata de un bonito platillo volante originario de Ganímedes, el mismo satélite del que unos pocos vividores aseguraban hasta hace no mucho que procedían sus amiguitos espaciales. ¿A que mola, eh? Este platillo volante está especializado en devorar bacterias, es muy pequeño, y ni siquiera puede abducir estafilínidos ni lombrices, menos aún personas con alteraciones psicológicas influidas por la cultura platillista y azuzados por pseudo-ufólogos sin escrúpulos, de pequeñito que es.
Pero como casi todo tiene explicación -y el que diga lo contrario miente o se aprovecha de la ignorancia que lo rodea- no me quedé satisfecho e indagué. Indagué e indagué, caminé cientos de miles de kilómetros y a la vuelta de la esquina me tropecé con un bioquímico que me cerró la mente y me quitó la bobería. Resulta que no es un platillo volante lo que aquí vemos, amigos del misterio, sino un impresionante virus bacteriófago T4, atacante de la bacteria Escherichia coli.
De hecho, la foto no es foto ni flautas: es un dibujo realizado con técnica puntillista por José María Riol Cimas, director del curso Ciencia y pseudociencias de la ULL, tomado de Wood y Edgar. El que quiera cuentos infantiles que vea Cuatro los domingos por la noche.
viernes, octubre 07, 2011
sábado, octubre 01, 2011
Los ovnis contra la vida extraterrestre
Aunque lo pueda parecer, esta entrada no consiste en una crítica cinematográfica de algún clásico de la Serie B norteamericana. Es que, después de leer la amable reseña que Gabriel Andrade escribió de mi libro Los ovnis ¡vaya timo! quiero matizar un par de cosas al respecto.
La primera sobre la metáfora elegida para referirse a la evolución que experimenté en cuanto a la creencia ufológica, desde creyente a escéptico. No creo ser un "alcohólico reformado". Yo siempre he bebido alcohol, moderadamente, y sigo haciéndolo... Bueno, ahora en serio: lo que sí estaba cuando creyente es desinformado, no en un estado equivalente o análogo al del delirium tremens. Eso es lo que pienso de cualquier persona que ingiera las papillas ufológicas predigeridas al uso, como las de J. J. Benítez, Zerpa, Maussán y sus discípulos, o cualquier otro negociante del más allá.
Hasta donde sé, el alcoholismo agudo desemboca en la pérdida del dominio racional de la realidad (sea esto lo que sea), entre otros muchos síntomas. En cambio, el creyente en platillos volantes -o en cualquier otra creencia maravillosa- sí es racional: hay una racionalidad en los mitos, como ya dijo otro antes que yo; hay un cierto orden, un afán explicativo de la realidad externa, aunque ese afán esté truncado, falto de elementos informativos, cojo o haya seleccionado solo aquello que le interesa. Manejar estos elementos es la habilidad de los cuentistas del misterio, precisamente. Aprovechan la cojera de sus seguidores. El éxito de programas televisivos domingueros depende de ello, por ejemplo.
La segunda tiene que ver con la ausencia del debate sobre la existencia de vida extraterrestre en el libro, que es algo que, creo recordar, ni siquiera me planteé. El motivo es que, realmente, se puede, y en ocasiones se debe, hablar de ovnis sin citar la vida extraterrestre, aunque ésta sea el sustrato de la creencia. El libro trata de ovnis y de ufología solamente (es lo que me pidió la editorial: un libro crítico sobre los ovnis). Para la ocasión, no quise hablar de la vida extraterrestre –ni de cuestiones más concretas como la ecuación de Drake o la paradoja de Fermi- a propósito, para que tal ausencia chocara al lector. Una de las herramientas habituales de los propagandistas del misterio y de los creyentes ha sido siempre apelar a la posibilidad de vida extraterrestre ("no podemos ser los únicos", "no puede haber tanto espacio cósmico desaprovechado", etc.) para colar sus manías o especulaciones absurdas sobre la creencia en visitas alienígenas a la Tierra. Así que un libro sobre el mito de los ovnis sin referencias directas al debate científico sobre la vida alienígena es, en sí mismo, significativo por lo comentado.
La primera sobre la metáfora elegida para referirse a la evolución que experimenté en cuanto a la creencia ufológica, desde creyente a escéptico. No creo ser un "alcohólico reformado". Yo siempre he bebido alcohol, moderadamente, y sigo haciéndolo... Bueno, ahora en serio: lo que sí estaba cuando creyente es desinformado, no en un estado equivalente o análogo al del delirium tremens. Eso es lo que pienso de cualquier persona que ingiera las papillas ufológicas predigeridas al uso, como las de J. J. Benítez, Zerpa, Maussán y sus discípulos, o cualquier otro negociante del más allá.
Hasta donde sé, el alcoholismo agudo desemboca en la pérdida del dominio racional de la realidad (sea esto lo que sea), entre otros muchos síntomas. En cambio, el creyente en platillos volantes -o en cualquier otra creencia maravillosa- sí es racional: hay una racionalidad en los mitos, como ya dijo otro antes que yo; hay un cierto orden, un afán explicativo de la realidad externa, aunque ese afán esté truncado, falto de elementos informativos, cojo o haya seleccionado solo aquello que le interesa. Manejar estos elementos es la habilidad de los cuentistas del misterio, precisamente. Aprovechan la cojera de sus seguidores. El éxito de programas televisivos domingueros depende de ello, por ejemplo.
La segunda tiene que ver con la ausencia del debate sobre la existencia de vida extraterrestre en el libro, que es algo que, creo recordar, ni siquiera me planteé. El motivo es que, realmente, se puede, y en ocasiones se debe, hablar de ovnis sin citar la vida extraterrestre, aunque ésta sea el sustrato de la creencia. El libro trata de ovnis y de ufología solamente (es lo que me pidió la editorial: un libro crítico sobre los ovnis). Para la ocasión, no quise hablar de la vida extraterrestre –ni de cuestiones más concretas como la ecuación de Drake o la paradoja de Fermi- a propósito, para que tal ausencia chocara al lector. Una de las herramientas habituales de los propagandistas del misterio y de los creyentes ha sido siempre apelar a la posibilidad de vida extraterrestre ("no podemos ser los únicos", "no puede haber tanto espacio cósmico desaprovechado", etc.) para colar sus manías o especulaciones absurdas sobre la creencia en visitas alienígenas a la Tierra. Así que un libro sobre el mito de los ovnis sin referencias directas al debate científico sobre la vida alienígena es, en sí mismo, significativo por lo comentado.
jueves, septiembre 29, 2011
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