Algunos críticos como Luis Alfonso Gámez mostraron recientemente su preocupación porque El País lleve algunos domingos vendiendo la quincalla misteriófila de Iker Jiménez. Lo entiendo: a cualquier persona con sentido crítico le horroriza que semejante montón de chatarra acumulada en los últimos siglos en los arrabales de la cultura se convierta en un producto digital envuelto en papel de celofán transparente. Esto ya es una llamativa paradoja, en sí mismo.
Una vez que a uno se le pasa la náusea que le sobreviene cuando se tropieza tal mercadería en los kioscos, son dos las opciones de actuación que a uno se le presentan (si no es uno un crédulo incurable, claro):
- Enviar cartas de protesta, escribir en la prensa escrita local y nacional y en blogs, y otras acciones parecidas, guerreramente, como debe ser ante la promoción con nocturnidad, alevosía y premeditación de todo aquello que mantiene acorralada la mente de las gentes o,
- tomártelo con tranquilidad, con la risa del escéptico con nervios sosegados (donde risa, escéptico, nervios y sosegado no son términos mutuamente excluyentes; al contrario, mi ideal platónico los hace coincidir en mi cielo particular, je).
Una vez que uno se apercibe de la poca efectividad de lo primero (no se froten las manos: se seguirán enviando cartas de protesta, y cada vez más a dondequiera que se considere oportuno) y de lo utópico de lo segundo, nos queda ser todo lo pragmáticos que podamos.
Y hablando de cartas de protesta, la respuesta del defensor del lector de El País a las que se le enviaron con el motivo que comentamos venía a decir:
La decisión de ofrecer ese coleccionable a los lectores del diario responde, como es obvio, a razones estrictamente comerciales cuya valoración, como se me ha recordado, no forma parte de las competencias del Defensor del Lector de acuerdo con su Estatuto, que acota sus funciones a los contenidos del periódico y a vigilar que el tratamiento de las informaciones sea acorde con las normas éticas y profesionales del periodismo.
Pues seguramente. Incluso quiero pensar que si en su mano estuviera, el defensor del lector habría montado en cólera si pudiera; pero no puede. Pero entonces, ¿podría darse el caso de que el citado periódico abundara en la línea que inauguran los DVD de chorradas pseudo-misteriosas de Jiménez, y llegar a vender oui-jas con certificado de garantía?; ¿y un kit para practicar exorcismos? ¿Hasta qué bajura podría llegar el diario en su ansia por vender? ¿Y si se vende bien? ¿Tiene algún tope basuril la empresa?
Hasta la mierda se vende hoy... Bien empaquetada, claro.
Pasemos ahora a la respuesta de los cuartomilenarios a estas acciones protestonas. Los cuartomilenarios y los tercermilenarios siempre dicen más de lo que quieren, incluso más de lo que imaginan.
Los argumentos-mantram de los ovejiles seguidores de Cuarto milenio son la elevada audiencia del programa, la envidia de los críticos y la presencia de científicos en pecera y plató. A mí me satisfacen estos razonamientos: demuestran el nivel de quien los expresa; ellos mismos se ponen la soga al cuello; trabajan a favor de los críticos pretendiendo lo contrario. Parecen una muestra esencial de PISA (¿o al revés?).
Sólo aquéllos cuyo gusto estético se asemeja al de los niños que únicamente aceptan alimentos previamente triturados en el pasapuré podrán pensar que la audiencia es un criterio válido fuera de la selva de los productos comercializados por la televisión. Por la misma regla de tres, cualquier mierda, cualquier otra mierda, quiero decir, debería ser respetada y colocada en una hornacina por la estúpida razón de que dos millones de personas, ciencuenta millones o casi el planeta entero son devotos seguidores y consumidores de tal manjar. Yo sé que Ortega no pudo ver Cuarto milenio ni puede ahora escuchar a sus pobrecitos defensores pero...
En cuanto a la envidia, me pregunto, por poner un ejemplo y por reducir al absurdo el torpe argumento, si los críticos de los regímenes totalitarios del siglo XX sentían envidia de ellos...
Los científicos... Gran parte de los científicos desconocen la mar de fondo que habitualmente discurre por Cuarto milenio (y por cualquier otro producto mediático de comercialización de supuestos enigmas). Consiste en una permanente operación de márketing.
Con frecuencia se tiende a encasillar a los científicos como si, por definición, fueran gentes especialmente conscientes de lo que hacen, de adónde van y con quien se juntan. No, eso no ha ocurrido nunca. De hecho, hay muchos ejemplos de lo contrario (incluso sabiendo lo que hacen, dónde van y con quién), entre ellos el de los físicos, matemáticos y biólogos que en la República de Weimar se apuntaron al carro de la Lebensphilosophie por imposición de los tiempos, una época que tantas cosas en el terreno de las ideas anticipa a las actuales creencias "alternativas".
A muchos científicos, como al resto de los humanos, les atrae la fama y la popularidad, les apetece salir en la tele, y si es un programa-basura como el de Cuatro pues mejor. La idea que deben tener muchos en mente es que "sí, es un poco raro, se dicen cosas un poco raras, eso me han dicho, yo no lo suelo ver, pero ahora que me han invitado no voy a decir que no, más cuando puedo divulgar mi línea de investigación, porque creo que el programa tiene audiencia". Van con una media sonrisa en la cara, en el ánimo y en el cerebro.
Es decir, muchos científicos no tienen conciencia -porque no se han informado, porque no tienen tiempo- de que Cuarto milenio es pura anti-cultura, pura superstición, puro ocultismo de grano grueso (como en el caso de Juan Ignacio Cirac, que recogió Gaméz en su entrada, luego convenientemente utilizado para la auto-promoción del universo de cartón piedra a medida de Jiménez), algo que cualquier dirigente televisivo con una mínima cantidad de escrúpulos intelectuales, culturales o como los queramos bautizar eliminaría inmediatamente de la parrilla de programas; bueno, no: ni siquiera habría dado el visto bueno para su emisión primera. Por supuesto, el criterio, al contrario, es el hiper-desarrollado instinto de publicidad y negocio (que algunas veces se dice esto como si se estuviese descubriendo la pólvora), que es como sorprendenderse de que la lluvia moje las aceras...
Muchos científicos no están especialmente concienciados para realizar una labor social de crítica, de difusión de sus conocimientos, y también creo que a mucha gente esto se la suda pero bien (sería una estupidez pensar que todos los seres humanos pertenecen a una ideal comunidad de comunicación transparente en la que la información fluye por sí misma y fructifica en forma de nuevas conexiones neuronales). Así que el mito de la divulgación científica porque sí, porque es mágica y tal, falla, falla porque vemos que falla continuamente, porque contemplamos que la gente consume deshechos teniendo manjares a su alcance, al alcance que proporcionan colecciones de libros que editan a Sófocles y a Stephen Jay Gould a 9 euros la unidad, por ejemplo. La gente alberga miedos y mitos, y los mercaderes especializados satisfacen las necesidades derivadas. Como doy a entender, algunos científicos tienen también la idea salvífica de que la información, la divulgación per se, cambia las cosas. Creo que esto, en una medida no despreciable, es un mito de autocomplacencia basado en esa comunidad ideal que cito más arriba.
Tiendo a creer en las individualidades y en lo ejemplar, en la imitación de comportamientos y estilos. Por ello la crítica escéptica, la refutación y la aclaración son necesarias: su moderado éxito e influencia la vemos reflejada en el babeo rabioso de los trolls que acuden fielmente a mostrar su impotencia en los blogs críticos, cosa que, a no pocos, nos reconforta, en realidad. Esos trolls son los mismos que luego se disfrazan de investigadores, doran la píldora a cada alma simple que se les acerca para preguntar por el tremendo misterio olvidado a los diez días (hasta que dentro de diez años toque ordeñarlo de nuevo) y tienen complejo de pavo real cada vez que se muestran en público o en fotos, soberbios incluso en su aparente modestia, como dijera el filósofo.
Una vez más, las críticas vertidas contra los misterio-DVDs nos sirven para comprobar cuál es el nivelazo de la airada respuesta de mercaderes y enganchados a la nave del misterio. Tal es su voracidad vendedora que no pueden tolerar ser criticados; les irrita que existan espacios donde los criterios dominantes no son cuantitativos, donde el número de adeptos, de fans, de tercer y cuatomilenarios u otras especies gregarias no es lo que cuenta.
¿Qué pasa, en definitiva, con el programita este de la cadena más guay, más chula y más modelna de la oferta televisiva?
Pasa que Cuarto milenio huye permanentemente hacia delante. Jamás vuelve sobre alguna de las más risibles meteduras de pata. Jamás el más mínimo gesto crítico, el menor ejemplo de decencia intelectual que lleve a informar abiertamente a los televidentes de la auténtica realidad trivial de un hecho presentado como "misterioso", ya sea el famoso "ovni" de Gáldar (Gran Canaria)o el de L`Escala (Gerona).
Tenemos, además, el esencial talante positivo, buenrrollista, de Iker Jiménez (claro, esto también es pura fachada: lean con detenimiento los comentarios de Jiménez en esta entrada de Gluón con Leche). Quizá la jeta de su maestro ya no pega, ni el inexpresivo rostro de Jiménez del Oso, más propio de una época en la que en España el ocultismo estaba todavía asociado a lo estrictamente oculto, a lo negro y tenebroso. Los misterios, los enigmas y el más allá son ahora una parte luminosa más de la omnipresente publicidad, como lo son los cosméticos y el coleccionismo, así que no podrán ser jamás presentados como "lo otro", lo radicalmente distinto, la negrura ajena a la sociedad hiper-informada, hiper-comunicada e hiper-iluminada. En este escenario, el presentador de Cuarto milenio es una marioneta: los hilos son movidos en último término por la empresa que le paga por hacer lo que hace. Esto no es ninguna estúpida especulación conspiracionista (una de las secciones de las que el maguferío echa mano de vez en cuando, quizá la más asilvestrada aún en el desierto urbano de los misterios) sino una reflexión a partir de un dato empírico: el aspecto final del producto. Esclavo de sí mismo, Jiménez parece creer que sus representaciones, sus gestos, su sorpresa fingida de mal actor forman una parte más de su andadura tras las supersticiones, no siendo todo ello en realidad más que un disfraz grotesco disfrazado a su vez con esa cercanía y exceso de confianza que se ha impuesto como estilo del presentador televisivo. Doble disfraz, doble fantasmagoría, doble ración de figuración.
Cuarto milenio se muestra, en esta autopsia breve y preliminar, portando una contradicción interna (por supuesto, no para su presentador, ni para los guionistas, ni para los seguidores que lo contemplan como un creyente en acto de comulgar): los temas "ocultos" y "misteriosos", apariciones nocturnas, brujerías y demás cosas del lado oscuro son comunicados a la luz más poderosa que existe, la de las cámaras, las de un plató de televisión, lugar donde los fantasmas no se pueden aparecer, donde el ambiente de misterio es un decorado de cartón piedra y donde cuaquier recreación del ambiente de un cementerio romanticamente tétrico, por ejemplo, se vuelve vergonzosamente ridículo.
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También desde hace unos pocos domingos, el ABC ofrece una colección de bichos, diversos tipos de artrópodos. Sin escandaleras mediáticas, sin la foto de un asombradizo en portada (y estaría más que justificada ante la asombrosa naturaleza de muchos de los animalillos que venden), cada uno de esos seres son pequeñas pepitas de oro para la curiosidad de los niños y adolescentes, que así tendrán menos tiempo y posibilidades de aficionarse a un montón de petardadas disfrazadas de conocimientos acojonantes, si sus padres saben comprar.
Odio la fanfarronería, odio la impostura, odio la superstición, odio la mentira y odio toda clase de tipos miserables y embaucadores, que son muchísimos, como sabes. Luciano de Samósata (s. II)
domingo, febrero 17, 2008
lunes, febrero 11, 2008
Tacande, again
Hace algunos días La Provincia (Las Palmas de Gran Canaria) publicó una carta o comentario de León Barreto sobre el asunto de la "casa encantadísima" de Tacande, en el municipio palmero de El Paso. Como en el texto se dicen cosas muy, pero que muy gordas, tanto que, paradójicamente, la mayoría de la gente no repara en ellas, es conveniente comentarlas, así que ahí va, con mis apreciaciones "mechadas".
TACANDE, EL PASO
http://www.laprovincia.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1687_2_128782__Articulos-TACANDE-PASO
LEÓN BARRETO Vivimos en unas islas donde existe un abundante cuerpo de leyendas. Los insulares han tenido una larga relación con las creencias y las prácticas mágicas, seguro que el estar en medio del océano con el añadido histórico de lejanía y cierto desamparo ha contribuido a ello.
Seguramente. Pero eso es algo que se cura con el acceso a la educación; por eso es conveniente difundir la cultura, no las supersticiones como si en ellas hubiera algo plausible, algo que merezca la pena ser conservado en sí mismo.
El 30 de enero se han cumplido 380 años de la revelación de Ana González, en Tacande, El Paso, isla de La Palma. Esta mujer había fallecido dos años antes de los extraordinarios sucesos, al dar a luz a su hijo Salvador, y su espíritu se manifestó durante 80 días con gran alarma de los vecinos hasta que finalmente intervino un sacerdote y todo terminó.
¿Extraordinarios sucesos?; ¿cuáles son esos sucesos extraordinarios?; ¿extraordinarios respecto a qué y para quién? ¿Podría definir, de paso, que es un "suceso extraordinario"? ¿No habrá dado crédito a lo que no es más que una superstición propia de una época pasada?
¿Y cómo es eso de que el "espíritu" del niño se manifestó? Si está seguro de que fue así, ¿podría detallar cuál fue el proceso de razonamiento que le llevó a esa seguridad? ¿Cómo es eso de que un espíritu se manifieste? ¿Cómo es posible tal cosa? ¿Ha demostrado usted primero la existencia de algún espíritu, y luego que tienen la capacidad de manifestarse? ¿Cómo es la interacción entre el reino de los espíritus y el reino de lo material, si el primero es sustancialmente distinto del segundo pero, sin embargo, pueden interaccionar?
No son preguntas superfluas: son fundamentales e ineludibles.
Tenemos abundante información escrita de lo que aconteció en aquella casa. De acuerdo con los testimonios, Ana González manifestaba gran pena por haberse ido de este mundo dejando atrás a un recién nacido. El relato popular configura una leyenda que ahora, gracias a la paciente labor de la investigadora María Victoria Hernández se está transformando en un suceso real. Pues sus protagonistas están documentados, constan anotaciones de sus vidas en los libros parroquiales.
¿Son suficientes los testimonios (uno, dos, tres, cincuenta mil...) para dar por buena la versión de unos hechos, que no, ni siquiera, la propia realidad de los hechos? ¿Le basta a usted el testimonio de cualquier persona para creerse cualquier cosa, por extravagante y absurda que sea?
¿Qué tiene que ver que los protagonistas de la leyenda existieran realmente con que los hechos ocurrieran realmente como cuenta esa leyenda? ¿Podría detallarlo con la extensión que merece tal afirmación? Es muy importante: ahí está la clave para convertir a Tacande en el descubrimiento científico más importante de la historia, o para que siga siendo una de las miles de leyendas similares que hay en todo el mundo, ramificaciones del poderoso meme de la existencia del más allá, creencia que el espiritismo pretendió convertir, sin éxito, en objeto de investigación científica en el siglo XIX.
Tenemos, incluso, la casa donde se produjeron los extraños fenómenos de los que se hizo eco recientemente el programa de Iker Jiménez en Cuatro. Una vivienda que formaba parte de una hacienda en la que se criaba ganado, cuya rehabilitación es urgente debido al estado de ruina que presenta. El Cabildo de La Palma y el ayuntamiento de El Paso deben aunar sus esfuerzos en tal sentido.
Peor me lo pone: si Cuarto milenio se hizo eco de esta cosa, mal vamos. Eso significa que hay que hacer limpieza. Significa que los asesores del Cabildo de La Palma y el Ayuntamiento debería estar muy atentos ante posibles maniobras y sugerencias de negociantes sin credenciales académicas interesados en perpetuar pseudo-misterios para beneficio económico propio, o por pertenecer a la farándula del micro-famoseo local de los misterios.
El Cabildo de La Palma y el Ayuntamiento harían bien en alejarse como del fuego de cualquiera que en la órbita de Cuarta patraña (ya sea desde la Península o desde Canarias) les proponga montar un chiringuito paranormal en la zona, que no serviría más que para convertirla en el hazmerreír del resto de la isla.
Vivimos en un mundo en el que la tecnología no puede ofrecer explicación para ciertos fenómenos. Las revelaciones del alma de Tacande seguirán siendo estudiadas por los especialistas, pero ahora lo más urgente debe ser preservar la casa, salvarla de la ruina. Hay que añadir que la película Mambí, de los Hermanos Ríos, filmó escenas en el citado escenario.
No, si la tecnología no tiene que explicar nada. La tecnología funciona. Es la ciencia -los científicos quiero decir- la que explica los fenómenos. Quizá debería usted explicar cuáles son los fenómenos que la ciencia contemporánea no puede explicar aún. ¿Se refiere a la formación de todos los tipos de planetas extrasolares?; ¿al origen de la vida de la vida en la Tierra?; ¿a la existencia del bosón de Higgs?; ¿a la predicción exacta del tiempo atmosférico con semanas o meses de antelación? Supongo que no estará dando a entender lo que cualquiera que lea su texto pensará, ¿no?: que esas trasnochadas creencias de espíritus, posesiones, exorcismos y demás cuentos de la vieja majadera son "fenómenos para los que la ciencia no tiene explicación"...
Además está el valor etnográfico del entorno, un paisaje de gran belleza en el que persisten restos de las explotaciones agropecuarias. Rehabilitar la casa y construir en su entorno un centro de interpretación puede ser una aportación encaminada al turismo temático que hoy está adquiriendo notable desarrollo.
Todo eso está muy bien, incluso la construcción de un centro de interpretación que informe a los isleños y a los visitantes del durísimo pasado que soportaron los habitantes del lugar en otras épocas, siempre y cuando ese centro de interpretación no se convierta en una promoción más o menos explícita de ridículas supersticiones. Por supuesto, la leyenda puede ser contada como tal, pero dejando bien claro que se trata sólo de eso, de una leyenda, que no hay la más mínima prueba de que para explicar esos viejos relatos (si es que tiene sentido explicarlos) haya que recurrir a cosa rara, extraordinaria o misteriosa alguna; que la capacidad de esas creencias y leyendas para sobrevivir es considerable; que la credulidad de una parte de la gente sigue siendo algo de lo que no podemos enorgullecernos; que ante tal estado de cosas es conveniente pasar un pañito de esos para abrillantar metales, como si dijéramos, en forma de pensamiento crítico, de información que no pretenda hacerle el juego a una creencia sin sentido para cualquier mente sensata.
Dese cuenta que el mundo no es como lo cuenta Cuarto milenio; que el programita de marras es un producto comercial más, que no pretende descubrir la verdad de nada (ésta es, al contrario, sepultada con displicencia bajo toneladas de especulaciones, de falsedades y de falacias propias del mercadeo paranormalista); que los palmeros merecen que el lugar donde tuvieron la suerte, la desgracia o lo que sea de ser arrojados al mundo (como en cualquier otro lugar de este planeta) no sea pasto para negociantes del más allá. No permita que los auto-titulados investigadores de los misterios, cuartomilenarios y otros mutantes conviertan una casa y un entorno rural tradicional en un circo ocultista, que sólo serviría para corromper la memoria colectiva del lugar.
TACANDE, EL PASO
http://www.laprovincia.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1687_2_128782__Articulos-TACANDE-PASO
LEÓN BARRETO Vivimos en unas islas donde existe un abundante cuerpo de leyendas. Los insulares han tenido una larga relación con las creencias y las prácticas mágicas, seguro que el estar en medio del océano con el añadido histórico de lejanía y cierto desamparo ha contribuido a ello.
Seguramente. Pero eso es algo que se cura con el acceso a la educación; por eso es conveniente difundir la cultura, no las supersticiones como si en ellas hubiera algo plausible, algo que merezca la pena ser conservado en sí mismo.
El 30 de enero se han cumplido 380 años de la revelación de Ana González, en Tacande, El Paso, isla de La Palma. Esta mujer había fallecido dos años antes de los extraordinarios sucesos, al dar a luz a su hijo Salvador, y su espíritu se manifestó durante 80 días con gran alarma de los vecinos hasta que finalmente intervino un sacerdote y todo terminó.
¿Extraordinarios sucesos?; ¿cuáles son esos sucesos extraordinarios?; ¿extraordinarios respecto a qué y para quién? ¿Podría definir, de paso, que es un "suceso extraordinario"? ¿No habrá dado crédito a lo que no es más que una superstición propia de una época pasada?
¿Y cómo es eso de que el "espíritu" del niño se manifestó? Si está seguro de que fue así, ¿podría detallar cuál fue el proceso de razonamiento que le llevó a esa seguridad? ¿Cómo es eso de que un espíritu se manifieste? ¿Cómo es posible tal cosa? ¿Ha demostrado usted primero la existencia de algún espíritu, y luego que tienen la capacidad de manifestarse? ¿Cómo es la interacción entre el reino de los espíritus y el reino de lo material, si el primero es sustancialmente distinto del segundo pero, sin embargo, pueden interaccionar?
No son preguntas superfluas: son fundamentales e ineludibles.
Tenemos abundante información escrita de lo que aconteció en aquella casa. De acuerdo con los testimonios, Ana González manifestaba gran pena por haberse ido de este mundo dejando atrás a un recién nacido. El relato popular configura una leyenda que ahora, gracias a la paciente labor de la investigadora María Victoria Hernández se está transformando en un suceso real. Pues sus protagonistas están documentados, constan anotaciones de sus vidas en los libros parroquiales.
¿Son suficientes los testimonios (uno, dos, tres, cincuenta mil...) para dar por buena la versión de unos hechos, que no, ni siquiera, la propia realidad de los hechos? ¿Le basta a usted el testimonio de cualquier persona para creerse cualquier cosa, por extravagante y absurda que sea?
¿Qué tiene que ver que los protagonistas de la leyenda existieran realmente con que los hechos ocurrieran realmente como cuenta esa leyenda? ¿Podría detallarlo con la extensión que merece tal afirmación? Es muy importante: ahí está la clave para convertir a Tacande en el descubrimiento científico más importante de la historia, o para que siga siendo una de las miles de leyendas similares que hay en todo el mundo, ramificaciones del poderoso meme de la existencia del más allá, creencia que el espiritismo pretendió convertir, sin éxito, en objeto de investigación científica en el siglo XIX.
Tenemos, incluso, la casa donde se produjeron los extraños fenómenos de los que se hizo eco recientemente el programa de Iker Jiménez en Cuatro. Una vivienda que formaba parte de una hacienda en la que se criaba ganado, cuya rehabilitación es urgente debido al estado de ruina que presenta. El Cabildo de La Palma y el ayuntamiento de El Paso deben aunar sus esfuerzos en tal sentido.
Peor me lo pone: si Cuarto milenio se hizo eco de esta cosa, mal vamos. Eso significa que hay que hacer limpieza. Significa que los asesores del Cabildo de La Palma y el Ayuntamiento debería estar muy atentos ante posibles maniobras y sugerencias de negociantes sin credenciales académicas interesados en perpetuar pseudo-misterios para beneficio económico propio, o por pertenecer a la farándula del micro-famoseo local de los misterios.
El Cabildo de La Palma y el Ayuntamiento harían bien en alejarse como del fuego de cualquiera que en la órbita de Cuarta patraña (ya sea desde la Península o desde Canarias) les proponga montar un chiringuito paranormal en la zona, que no serviría más que para convertirla en el hazmerreír del resto de la isla.
Vivimos en un mundo en el que la tecnología no puede ofrecer explicación para ciertos fenómenos. Las revelaciones del alma de Tacande seguirán siendo estudiadas por los especialistas, pero ahora lo más urgente debe ser preservar la casa, salvarla de la ruina. Hay que añadir que la película Mambí, de los Hermanos Ríos, filmó escenas en el citado escenario.
No, si la tecnología no tiene que explicar nada. La tecnología funciona. Es la ciencia -los científicos quiero decir- la que explica los fenómenos. Quizá debería usted explicar cuáles son los fenómenos que la ciencia contemporánea no puede explicar aún. ¿Se refiere a la formación de todos los tipos de planetas extrasolares?; ¿al origen de la vida de la vida en la Tierra?; ¿a la existencia del bosón de Higgs?; ¿a la predicción exacta del tiempo atmosférico con semanas o meses de antelación? Supongo que no estará dando a entender lo que cualquiera que lea su texto pensará, ¿no?: que esas trasnochadas creencias de espíritus, posesiones, exorcismos y demás cuentos de la vieja majadera son "fenómenos para los que la ciencia no tiene explicación"...
Además está el valor etnográfico del entorno, un paisaje de gran belleza en el que persisten restos de las explotaciones agropecuarias. Rehabilitar la casa y construir en su entorno un centro de interpretación puede ser una aportación encaminada al turismo temático que hoy está adquiriendo notable desarrollo.
Todo eso está muy bien, incluso la construcción de un centro de interpretación que informe a los isleños y a los visitantes del durísimo pasado que soportaron los habitantes del lugar en otras épocas, siempre y cuando ese centro de interpretación no se convierta en una promoción más o menos explícita de ridículas supersticiones. Por supuesto, la leyenda puede ser contada como tal, pero dejando bien claro que se trata sólo de eso, de una leyenda, que no hay la más mínima prueba de que para explicar esos viejos relatos (si es que tiene sentido explicarlos) haya que recurrir a cosa rara, extraordinaria o misteriosa alguna; que la capacidad de esas creencias y leyendas para sobrevivir es considerable; que la credulidad de una parte de la gente sigue siendo algo de lo que no podemos enorgullecernos; que ante tal estado de cosas es conveniente pasar un pañito de esos para abrillantar metales, como si dijéramos, en forma de pensamiento crítico, de información que no pretenda hacerle el juego a una creencia sin sentido para cualquier mente sensata.
Dese cuenta que el mundo no es como lo cuenta Cuarto milenio; que el programita de marras es un producto comercial más, que no pretende descubrir la verdad de nada (ésta es, al contrario, sepultada con displicencia bajo toneladas de especulaciones, de falsedades y de falacias propias del mercadeo paranormalista); que los palmeros merecen que el lugar donde tuvieron la suerte, la desgracia o lo que sea de ser arrojados al mundo (como en cualquier otro lugar de este planeta) no sea pasto para negociantes del más allá. No permita que los auto-titulados investigadores de los misterios, cuartomilenarios y otros mutantes conviertan una casa y un entorno rural tradicional en un circo ocultista, que sólo serviría para corromper la memoria colectiva del lugar.
domingo, febrero 10, 2008
Día de Darwin en Bilbao
Bilbao acogerá el 12 de febrero tres charlas y una mesa redonda con motivo del Día de Darwin, en una iniciativa del Ayuntamiento de Bilbao, el Center for Inquiry, el Círculo Escéptico, el diario El Correo y la Universidad del País Vasco (UPV). Las conferencias y el debate se celebrarán entre las 18 y 21 horas en el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta. La jornada ha sido diseñada por el biólogo Eduardo Angulo, el biofísico Félix Goñi, el astrofísico Agustín Sánchez Lavega, el climatólogo Jon Sáenz y el autor de estas líneas. Los conferenciantes serán el microbiólogo Ricardo Amils, el paleontólogo Eustoquio Molina y el biólogo José Carlos Pérez Cobo, que hablarán de vida en condiciones extremas, la evolución humana y el avance del creacionismo. El acto recoge el testigo del celebrado en la capital vizcaína en febrero del año pasado, cuando alrededor de 300 personas siguieron las conferencias de los biólogos Enrique Cerdá-Olmedo, Antonio Lazcano y Ana Rallo sobre el origen de la vida, el diseño inteligente y la llegada de las ideas de Charles Darwin a España. Gracias a la UPV, pueden ver los vídeos del Día de Darwin de 2007 para ir abriendo boca.

Desde 1995, un grupo creciente de pensadores celebra en todo el mundo el 12 de febrero el nacimiento del autor de El origen de las especies (1859) y aprovecha la ocasión para promocionar la educación científica y el conocimiento de la obra de Darwin.
[Total y literalmente plagiado -malas costumbres que uno coge por llevar tiempo leyendo cosas magufas- de Magonia]

Desde 1995, un grupo creciente de pensadores celebra en todo el mundo el 12 de febrero el nacimiento del autor de El origen de las especies (1859) y aprovecha la ocasión para promocionar la educación científica y el conocimiento de la obra de Darwin.
[Total y literalmente plagiado -malas costumbres que uno coge por llevar tiempo leyendo cosas magufas- de Magonia]
lunes, enero 21, 2008
¿Enigmas? ¿Historias inexplicables?
El acto de fe no es ya creer lo que no vemos, sino creer que lo que estamos viendo es como nos lo cuentan. Sobre todo si lo simplifican y reducen a un enunciado fácilmente repetible y recordable
Gregorio Salvador
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Resulta sorprendente, al menos para cualquier persona que no participa ni emotiva ni intelectualmente (por separar artificialmente para la ocasión ambos aspectos) del circo mediático de los "enigmas" populares, que una televisión pública dé pábulo a un puñado de rancias supersticiones como si se tratara de hitos científicos pendientes de resolución. Eso es lo que ocurrió la noche del último sábado con Enigmas. Historias inexplicables, un popurrí mentiroso desde el título de desechos "mágicos" que han colado al público televisivo desprevenido como quien le cuela un supositorio a alguien sin avisar, si se diera el caso (¡ay!).
¡Ah de aquellos responsables televisivos que programaron Cosmos en los años 80 del siglo pasado! (aunque la serie empezara dando una versión errónea de la destrucción de la biblioteca de Alejandría); ¿dónde estarán? ¡Ah de La clave! ¡Ah de la bruja Avería! ¡Ah de aquella serie sobre Richard Wagner protagonizada por Richard Burton! ¡Ah de la vergüenza! Incluso ¡ah de Más Allá, de Jiménez del Oso, pre-friki televisivo de los misterios y del ocultismo, que en paz descanse, que lo ves ahora y, si puedes aguantar la risa por lo que contaba ese hombre, daba el pego muchísimo mejor que los pijos que ahora se reclaman sus herederos.
¡Diossss!, pero si están vendiendo las mismas pendejadas que hace veinte años... Las mismas posibilidades imposibles, las mismas corazonadas ignorantes, las mismas presunciones gregarias, las mismas sospechas ingenuas, las mismas mercaderías basadas en un romanticismo paleto...
En ningún momento del programa, basado en vetustos documentales, se insinuó la más mínima duda sobre los temas tratados. Bajo una apariencia de naturalidad y plausibilidad, se pretendía hacer pasar supersticiones y leyendas sin base como si fueran lo más normal del mundo.
- No se cuestionó la propia realidad de la reencarnación, sino si un caso de ésta había tenido lugar realmente en Osel, el niño español del que decretaron porque sí que era la "reencarnación" de un lama, que ahora, con 22 años -y fue uno de los momentos más divertidos del programa- quiere dedicarse a la dirección de cine y ha roto con la educación religiosa de su infancia. Los lamas esperan que vuelva al redil, mientras.
- Una mujer contó el típico relato del túnel, la luz y los seres en el contexto de una experiencia cercana a la muerte. Por supuesto, el telespectador debió quedarse con la idea de que tales experiencias de verdad nos hablan de un reino ontológico distinto al conocido, cuando no tenemos más remedio que pensar que trata de fabricaciones de nuestra química cerebral, de la fisiología de nuestro órgano rector. Los viajes astrales son una interpretación ocultista y pseudocientífica de este fenómeno, que puede ser inducido por drogas y técnicas de relajación y ventilación.
- Otro momento divertido fue el de las hermanas Fox, de las que no se dijo en momento alguno que habían confesado su fraude. Al mismo tiempo, Gasparetto se dedicaba a imitar a famosos pintores emborronando lienzos. Mientras una supuesta experta ponía cara de Iker Jiménez, los imitadores y copiadores legales de arte de todo el mundo se debían partir de la risa. Nunca entenderé la total ausencia de pudor que manifiestan personajes como estos "médiums".
- Si tuviese que destacar algún momento ofensivo para el espectador desconocedor elegiría al fulano que se llamaba Edson Queirós, a quien nadie en el vídeo corrió a gorrazos del escenario. Este tipo "operó" a una mujer de un quiste en un pecho abriendo con bisturí, sin anestesia, sin asepsia y sin la más mínima vergüenza. ¿Qué como es eso?; porque "canaliza" a un famoso (?) cirujano apellidado Fritz. Se comprende que un cirujano muerto que opera desde el más allá debe tener un apellido centroeuropeo. No quedaría tan bien que se hubiese apellidado González. Ni siquiera se vio íntegra la "intervención": estaba editada, y empata justo en el momento en que el tipo parece que saca una bolita carnosa del cuerpo de la mujer, que permanecía consciente y dejándose hacer, ignorantemente. Yo he visto a magos partir a la gente por la mitad y separar cabezas del cuerpo aun con menos sangre que la que derramó ex profeso esa sanguijuela (qué bien buscada la metáfora) en su teatrillo. Sólo faltó Alex Orbito. Y James Randi.
- Platillos volantes nazis, la sociedad Vril, energía antri-gravitatoria y la biblia en pasta, refritos de El retorno de los brujos, de Pauwels y Bergier...
- George Adamski, astrónomo aficionado a las mujeres y a la teosofía, y contactado con los habitantes de Venus...
- También apareció Nostradamus, que predijo numerosos fichajes futbolísticos en sus cuartetas. Hay quien las lee así, y nadie tiene derecho a cuestionarlo.
- Manises. ¿Le gustaron los platillos volantes que revoloteaban por encima del aeropuerto de la ciudad valenciana? ¿Molaban, no?; pues en realidad no eran más que estrellas, percibidas por el excitado personal de tierra alertado por la tripulación del avión que había visto las llamaradas de la refinería de Escombreras (Cartagena): ¿Testigos de elite? ¿Cuántas veces he dicho que esto es una majadería inventada por magufos del papel cuché? Que no hay de eso, hombre... Me gustaron mucho las declaraciones de Fernando Cámara, el piloto que se dedicó a perseguir estrellas de madrugada mientras el portahelicópteros norteamericano Iwo-Jima le bloqueaba los controles de la aeronave: dice que apreció una forma de tronco de cono con una luz que le salía de dentro, y que no conoce ningún aparato que se mantenga parado, y sin fuente de calor, que habrían detectado los misiles del avión. Sin embargo, las primeras declaraciones de Cámara no tienen nada que ver con esta peliculera descripción: según leo en El expediente Manises, de Juan Antonio Fernández Peris (Fundación Anomalía, Santander, 2000, pp. 41-43):
Ya en la zona de Valencia, el Mirage F-1 no observa nada anormal, por lo que se adentra en el Mediterráneo con rumbo 100 (este), a 30.000 pies de altura (...) A su derecha el capitán Cámara observa unas luces rojas, a una distancia indeterminada y a un nivel inferior al suyo, en dirección sur-suroeste. Ante ello decide cambiar de rumbo y dirigirse a ellas (...) Sigue durante unas 50 millas observando las luces rojas, sin lograr reducir distancia. Éstas parece situarse como mínimo a 100 millas de distancia, en rumbo 190 (prácticamente sur) (...). Fernando Cámara observa sobre la vertical del aeropuerto de Manises una luz intermitente verde, blanca y roja a unos 23.000 pies de altura. Se dirige a ella, no pudiendo apreciar distancia, ni viéndola en el radar, a pesar de utilizar todos los modos y escalas de éste (...). El Mirage F-1 abandona el seguimiento de la luz observada ante la dificultad de poder determinar su distancia, lo que habría llevado a un seguimiento indefinido (...) [Cada uno de los paréntesis consignados hacen referencia a los blocajes que sufría el avión por las medidas contraelectrónicas emitidas por el portahelicópteros norteamericano "de paseo" por el Mediterráneo].
¿Objeto tronconónico? ¿Con una luz que salía de su interior? ¿No podía ser tecnología humana? (no lo era, de hecho: eran estrellas). ¿No emitía calor? Hmmm, hmmm y hmmm.
Nos encontramos una vez más con la "creatividad" (propia o inducida) de determinados testigos ufológicos, cuyas iniciales y antiguas declaraciones no se parecen en nada a lo que ahora nos cuentan. Todo un fenómeno "paranormal".
- También hubo un par de reportajes dedicados a la brujería, a una tipa a la que se le aparecía la virgen en el monte Umbe, donde ahora hay agua milagrosa, peregrinaciones y curaciones (inexplicables, por supuesto), y a otras mujeres malas malísimas. Vamos, un sindios...
- Me gustaría que alguien me explicara qué pintaba en todo este embrollo de chorraditas y creencias decimonónicas el tema de los NEOs. Que haya pedruscos potencialmente peligrosos en nuestra vecindad cósmica no es ningún misterio. Y que puedan llegar a caer en la Tierra también es posible, aunque poco probable. ¿Y? Claro, de estas cosas se ocupan los científicos de verdad, esos a los que el presentador se pasó la hora y pico que duró su rastrillo de los misterios toreando y tomando por imbéciles, puesto que todas esas majaderías que expuso han sido investigadas y resueltas, o bien son creencias de las que carece de sentido decir que son inexplicables, de la misma forma que sería una tontuna decir que la actividad del ratoncito Pérez es inexplicable.
- Dio pena también la historia de los niños canarios de El Polvorín, de Las Palmas de Gran Canaria, que fueron rescatados de una cueva en la que habían entrado por una tarotista que improvisó un péndulo. No me detendré a explorar posibilidades para gente normal, que ya son ustedes mayorcitos.
- Por último, los poltergeist, que parece que desde que rodaron la película a alguno se le llenó la cabeza de ruidos raros, cosas que vuelan y voces cavernosas. ¿Emanaciones del cerebro de los adolescentes o de gente con estrés? No: leyendas urbanas de fantasmones con chaleco de investigar. El presentador introdujo la categoría de "colegios encantados", porque en uno de los Estados Unidos pasaron cosas 'espeluznantísimas'. Es bonito, ¿no? Después echaron un trozo de la peli aquella en la que a una niña rubita se la come un televisor.
Por cierto, entre los 'enemas' presentados no estaba Roswell. ¿Se te olvidó?; habría sido de juzgado de guardia. ¿Y los documentales esos de dónde los sacaste?, ¿del archivo secreto de los hermanos Lumière?
Un saludo para el "comité de sabios" que montaron al principio de la legislatura para velar por la conveniencia y calidad de los productos televisivos en la cadena pública.
Gregorio Salvador
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Resulta sorprendente, al menos para cualquier persona que no participa ni emotiva ni intelectualmente (por separar artificialmente para la ocasión ambos aspectos) del circo mediático de los "enigmas" populares, que una televisión pública dé pábulo a un puñado de rancias supersticiones como si se tratara de hitos científicos pendientes de resolución. Eso es lo que ocurrió la noche del último sábado con Enigmas. Historias inexplicables, un popurrí mentiroso desde el título de desechos "mágicos" que han colado al público televisivo desprevenido como quien le cuela un supositorio a alguien sin avisar, si se diera el caso (¡ay!).
¡Ah de aquellos responsables televisivos que programaron Cosmos en los años 80 del siglo pasado! (aunque la serie empezara dando una versión errónea de la destrucción de la biblioteca de Alejandría); ¿dónde estarán? ¡Ah de La clave! ¡Ah de la bruja Avería! ¡Ah de aquella serie sobre Richard Wagner protagonizada por Richard Burton! ¡Ah de la vergüenza! Incluso ¡ah de Más Allá, de Jiménez del Oso, pre-friki televisivo de los misterios y del ocultismo, que en paz descanse, que lo ves ahora y, si puedes aguantar la risa por lo que contaba ese hombre, daba el pego muchísimo mejor que los pijos que ahora se reclaman sus herederos.
¡Diossss!, pero si están vendiendo las mismas pendejadas que hace veinte años... Las mismas posibilidades imposibles, las mismas corazonadas ignorantes, las mismas presunciones gregarias, las mismas sospechas ingenuas, las mismas mercaderías basadas en un romanticismo paleto...
En ningún momento del programa, basado en vetustos documentales, se insinuó la más mínima duda sobre los temas tratados. Bajo una apariencia de naturalidad y plausibilidad, se pretendía hacer pasar supersticiones y leyendas sin base como si fueran lo más normal del mundo.
- No se cuestionó la propia realidad de la reencarnación, sino si un caso de ésta había tenido lugar realmente en Osel, el niño español del que decretaron porque sí que era la "reencarnación" de un lama, que ahora, con 22 años -y fue uno de los momentos más divertidos del programa- quiere dedicarse a la dirección de cine y ha roto con la educación religiosa de su infancia. Los lamas esperan que vuelva al redil, mientras.
- Una mujer contó el típico relato del túnel, la luz y los seres en el contexto de una experiencia cercana a la muerte. Por supuesto, el telespectador debió quedarse con la idea de que tales experiencias de verdad nos hablan de un reino ontológico distinto al conocido, cuando no tenemos más remedio que pensar que trata de fabricaciones de nuestra química cerebral, de la fisiología de nuestro órgano rector. Los viajes astrales son una interpretación ocultista y pseudocientífica de este fenómeno, que puede ser inducido por drogas y técnicas de relajación y ventilación.
- Otro momento divertido fue el de las hermanas Fox, de las que no se dijo en momento alguno que habían confesado su fraude. Al mismo tiempo, Gasparetto se dedicaba a imitar a famosos pintores emborronando lienzos. Mientras una supuesta experta ponía cara de Iker Jiménez, los imitadores y copiadores legales de arte de todo el mundo se debían partir de la risa. Nunca entenderé la total ausencia de pudor que manifiestan personajes como estos "médiums".
- Si tuviese que destacar algún momento ofensivo para el espectador desconocedor elegiría al fulano que se llamaba Edson Queirós, a quien nadie en el vídeo corrió a gorrazos del escenario. Este tipo "operó" a una mujer de un quiste en un pecho abriendo con bisturí, sin anestesia, sin asepsia y sin la más mínima vergüenza. ¿Qué como es eso?; porque "canaliza" a un famoso (?) cirujano apellidado Fritz. Se comprende que un cirujano muerto que opera desde el más allá debe tener un apellido centroeuropeo. No quedaría tan bien que se hubiese apellidado González. Ni siquiera se vio íntegra la "intervención": estaba editada, y empata justo en el momento en que el tipo parece que saca una bolita carnosa del cuerpo de la mujer, que permanecía consciente y dejándose hacer, ignorantemente. Yo he visto a magos partir a la gente por la mitad y separar cabezas del cuerpo aun con menos sangre que la que derramó ex profeso esa sanguijuela (qué bien buscada la metáfora) en su teatrillo. Sólo faltó Alex Orbito. Y James Randi.
- Platillos volantes nazis, la sociedad Vril, energía antri-gravitatoria y la biblia en pasta, refritos de El retorno de los brujos, de Pauwels y Bergier...
- George Adamski, astrónomo aficionado a las mujeres y a la teosofía, y contactado con los habitantes de Venus...
- También apareció Nostradamus, que predijo numerosos fichajes futbolísticos en sus cuartetas. Hay quien las lee así, y nadie tiene derecho a cuestionarlo.
- Manises. ¿Le gustaron los platillos volantes que revoloteaban por encima del aeropuerto de la ciudad valenciana? ¿Molaban, no?; pues en realidad no eran más que estrellas, percibidas por el excitado personal de tierra alertado por la tripulación del avión que había visto las llamaradas de la refinería de Escombreras (Cartagena): ¿Testigos de elite? ¿Cuántas veces he dicho que esto es una majadería inventada por magufos del papel cuché? Que no hay de eso, hombre... Me gustaron mucho las declaraciones de Fernando Cámara, el piloto que se dedicó a perseguir estrellas de madrugada mientras el portahelicópteros norteamericano Iwo-Jima le bloqueaba los controles de la aeronave: dice que apreció una forma de tronco de cono con una luz que le salía de dentro, y que no conoce ningún aparato que se mantenga parado, y sin fuente de calor, que habrían detectado los misiles del avión. Sin embargo, las primeras declaraciones de Cámara no tienen nada que ver con esta peliculera descripción: según leo en El expediente Manises, de Juan Antonio Fernández Peris (Fundación Anomalía, Santander, 2000, pp. 41-43):
Ya en la zona de Valencia, el Mirage F-1 no observa nada anormal, por lo que se adentra en el Mediterráneo con rumbo 100 (este), a 30.000 pies de altura (...) A su derecha el capitán Cámara observa unas luces rojas, a una distancia indeterminada y a un nivel inferior al suyo, en dirección sur-suroeste. Ante ello decide cambiar de rumbo y dirigirse a ellas (...) Sigue durante unas 50 millas observando las luces rojas, sin lograr reducir distancia. Éstas parece situarse como mínimo a 100 millas de distancia, en rumbo 190 (prácticamente sur) (...). Fernando Cámara observa sobre la vertical del aeropuerto de Manises una luz intermitente verde, blanca y roja a unos 23.000 pies de altura. Se dirige a ella, no pudiendo apreciar distancia, ni viéndola en el radar, a pesar de utilizar todos los modos y escalas de éste (...). El Mirage F-1 abandona el seguimiento de la luz observada ante la dificultad de poder determinar su distancia, lo que habría llevado a un seguimiento indefinido (...) [Cada uno de los paréntesis consignados hacen referencia a los blocajes que sufría el avión por las medidas contraelectrónicas emitidas por el portahelicópteros norteamericano "de paseo" por el Mediterráneo].
¿Objeto tronconónico? ¿Con una luz que salía de su interior? ¿No podía ser tecnología humana? (no lo era, de hecho: eran estrellas). ¿No emitía calor? Hmmm, hmmm y hmmm.
Nos encontramos una vez más con la "creatividad" (propia o inducida) de determinados testigos ufológicos, cuyas iniciales y antiguas declaraciones no se parecen en nada a lo que ahora nos cuentan. Todo un fenómeno "paranormal".
- También hubo un par de reportajes dedicados a la brujería, a una tipa a la que se le aparecía la virgen en el monte Umbe, donde ahora hay agua milagrosa, peregrinaciones y curaciones (inexplicables, por supuesto), y a otras mujeres malas malísimas. Vamos, un sindios...
- Me gustaría que alguien me explicara qué pintaba en todo este embrollo de chorraditas y creencias decimonónicas el tema de los NEOs. Que haya pedruscos potencialmente peligrosos en nuestra vecindad cósmica no es ningún misterio. Y que puedan llegar a caer en la Tierra también es posible, aunque poco probable. ¿Y? Claro, de estas cosas se ocupan los científicos de verdad, esos a los que el presentador se pasó la hora y pico que duró su rastrillo de los misterios toreando y tomando por imbéciles, puesto que todas esas majaderías que expuso han sido investigadas y resueltas, o bien son creencias de las que carece de sentido decir que son inexplicables, de la misma forma que sería una tontuna decir que la actividad del ratoncito Pérez es inexplicable.
- Dio pena también la historia de los niños canarios de El Polvorín, de Las Palmas de Gran Canaria, que fueron rescatados de una cueva en la que habían entrado por una tarotista que improvisó un péndulo. No me detendré a explorar posibilidades para gente normal, que ya son ustedes mayorcitos.
- Por último, los poltergeist, que parece que desde que rodaron la película a alguno se le llenó la cabeza de ruidos raros, cosas que vuelan y voces cavernosas. ¿Emanaciones del cerebro de los adolescentes o de gente con estrés? No: leyendas urbanas de fantasmones con chaleco de investigar. El presentador introdujo la categoría de "colegios encantados", porque en uno de los Estados Unidos pasaron cosas 'espeluznantísimas'. Es bonito, ¿no? Después echaron un trozo de la peli aquella en la que a una niña rubita se la come un televisor.
Por cierto, entre los 'enemas' presentados no estaba Roswell. ¿Se te olvidó?; habría sido de juzgado de guardia. ¿Y los documentales esos de dónde los sacaste?, ¿del archivo secreto de los hermanos Lumière?
Un saludo para el "comité de sabios" que montaron al principio de la legislatura para velar por la conveniencia y calidad de los productos televisivos en la cadena pública.
jueves, enero 17, 2008
En pro de Cuarto milenio
Días atrás, algunos críticos han tenido a bien socorrer la ignorancia de los guionistas de Cuarto milenio, en concreto en lo que respecta al caso de L`Escala (Gerona), el 18 de marzo de 1997 (bueno, en realidad esto ha ocurrido en multitud de ocasiones. Estas cosas pasan, Iker, cuando uno se asesora en fuentes de las que más valdría alejarse kilómetros; y no me refiero a kilómetros físicos, sino kilómetros intelectuales, porque, si no, te joden un programa, lo convierten en una baratija anticultural. Yo asumo que tú no quieres engañar al público, ni tomarlo por enfermizamente crédulo; que procuras dar una información en la que tienes en cuenta TODA la información, que no quieres ocultar datos fundamentales ni refutaciones ya antiguas de supuestos sucesos. Lo que ocurre es que te rodeas de asesores y colaboradores que son una pena, y una vergüenza, y que muchas veces no tienen ni puta idea de lo que están hablando. He detectado esto también cuando te has referido a algunos sucesos ocurridos en Canarias. Espero que vayas corrigiendo esta situación, que no hace más que perjudicar tu programa, que parece que va dirigido a una audiencia infantil.
Mira, con respecto a L´Escala te recomiendo leas estos dos artículos: uno en Gluón con Leche y el otro en Misterios del Aire. La próxima vez que pretendas ilustrar al espectador sobre este intrascendente caso (y muy relevante, al mismo tiempo), ya sabes qué información citar.
Por último, aprovecho para dejar el link a una entrevista radiofónica que le hicieron hace unos días a Ballester Olmos. Dura los primeros quince minutos. Sí, Iker (y colaboradores), escúchala, que te vendrá de perilla. Te lo juro.
PS: una propina, las piedrecitas de Ica
Mira, con respecto a L´Escala te recomiendo leas estos dos artículos: uno en Gluón con Leche y el otro en Misterios del Aire. La próxima vez que pretendas ilustrar al espectador sobre este intrascendente caso (y muy relevante, al mismo tiempo), ya sabes qué información citar.
Por último, aprovecho para dejar el link a una entrevista radiofónica que le hicieron hace unos días a Ballester Olmos. Dura los primeros quince minutos. Sí, Iker (y colaboradores), escúchala, que te vendrá de perilla. Te lo juro.
PS: una propina, las piedrecitas de Ica
martes, enero 15, 2008
Falleció Eloy Rodríguez Valdés
El pasado 28 de diciembre falleció el psicólogo Eloy Rodríguez Valdés, a quien los organizadores del Curso Interdisciplinar de Ciencia y pseudociencias de la Universidad de La Laguna invitamos en su primera edición para que impartiera una conferencia sobre uno de los temas de su especialidad: las sectas coercitivas. Tuve la oportunidad de invitarlo a un programa de Televisión Española en Canarias, en los estudios de Las Palmas de Gran Canaria, a mediados de los años 90, para hablar de este mismo tema y del pensamiento crítico.
Eloy era, además, un escéptico "natural", se podría decir, o quizá también por deformación profesional, pues tuvo que lidiar con no pocos iluminados y gurús. No se andaba por la ramas: por eso no era santo de la devoción de los "mentes abiertas" de Canarias, lo cual no me negarán que era un plus personal por añadidura.
Reproduzco unos recortes de prensa como recuerdo:
------------
Publicado hoy en El Mundo-La Gaceta de Canarias

Y el pasado día 18 de noviembre, un mes antes de fallecer, el mismo diario le hizo su última entrevista, al mismo tiempo que incluía unas breves declaraciones mías en un aparte.

Eloy era, además, un escéptico "natural", se podría decir, o quizá también por deformación profesional, pues tuvo que lidiar con no pocos iluminados y gurús. No se andaba por la ramas: por eso no era santo de la devoción de los "mentes abiertas" de Canarias, lo cual no me negarán que era un plus personal por añadidura.
Reproduzco unos recortes de prensa como recuerdo:
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Publicado hoy en El Mundo-La Gaceta de Canarias

Y el pasado día 18 de noviembre, un mes antes de fallecer, el mismo diario le hizo su última entrevista, al mismo tiempo que incluía unas breves declaraciones mías en un aparte.

lunes, enero 14, 2008
lunes, diciembre 31, 2007
Escépticos cabrones
El prestidig... perdón, el ilusion... perdón, el "dotado" de la gran cara Uri Geller nos advierte sobre la maliciosa presencia de los escépticos en este vídeo:
¿Creen que hay truco? No, qué va; lo que hay es mucho escéptico y mucho cabrón...
Vean como no hay truco (vía Hipótesis). Geller habla en hebreo, pero a él se le entiende todooooooooooooooo:
¿Tampoco se lo creen? Si ven esto dejarán de ser escépticos:
Bueno, como seguramente ya habrán abierto su mente (como los charlatanes que retuercen la física cuántica para vender sus patrañitas místicas -tarde o temprano subiré una entrada sobre este tema, aunque no seá más que para recomendar unos pocos enlaces útiles), nada mejor que acabar estos apuntes con investigación de la buena, de la que inspira el Milenio de Cuatro (vía The Teleplastic Inquirer):
¿Creen que hay truco? No, qué va; lo que hay es mucho escéptico y mucho cabrón...
Vean como no hay truco (vía Hipótesis). Geller habla en hebreo, pero a él se le entiende todooooooooooooooo:
¿Tampoco se lo creen? Si ven esto dejarán de ser escépticos:
Bueno, como seguramente ya habrán abierto su mente (como los charlatanes que retuercen la física cuántica para vender sus patrañitas místicas -tarde o temprano subiré una entrada sobre este tema, aunque no seá más que para recomendar unos pocos enlaces útiles), nada mejor que acabar estos apuntes con investigación de la buena, de la que inspira el Milenio de Cuatro (vía The Teleplastic Inquirer):
miércoles, diciembre 26, 2007
Políticos canarios: superstición 1, ciencia 0
Sobre el cuento de la leyenda de Tacande: carta publicada hoy en "El Día".
http://www.eldia.es/2007-12-26/canarias/canarias8.htm
Las tradiciones, los cuentos y las historias de nuestra tierra pueden constituir un tema interesante de estudio desde un punto de vista histórico, etnográfico o sociológico. Probablemente, a la mayoría de canarios nos deleita escuchar o leer sobre mitos, fábulas o narraciones extraordinarias de nuestra tierra. Sin duda alguna, puede resultar interesante y divertido conocer tales leyendas que hablan de, por ejemplo, fantasmas y almas en pena; eso sí, siendo conscientes de lo que estrictamente son: leyendas que ilustran sobre las antiguas formas de pensar y de vivir de nuestros antepasados. Ahora bien, cuando un ayuntamiento, como el de El Paso, en La Palma, encabezado por su alcaldesa, María Dolores Padilla, propone la rehabilitación de una casa (sede de la antigua leyenda del alma de Tacande, una bonita historia de ánimas y espíritus) y la creación de una especie de centro para fomentar o estudiar cuestiones esotéricas y paranormales, la cosa cobra una nueva dimensión bastante preocupante, por cierto. Esa noticia la hemos leído recientemente en la prensa. Es alarmante porque no es lo mismo divulgar cultura e historia de nuestra tierra que fomentar y divulgar la superstición, la pseudociencia, la anticultura y, en definitiva, simples patrañas. Ése sería el resultado si el absurdo proyecto de crear un centro de divulgación o estudio de lo paranormal se llevara finalmente, y tristemente, a cabo.
Esta "brillante" idea de nuestros políticos palmeros nos trae a la mente, en claro contraste, otra casa en ruinas, con otra larga historia que ha aparecido hasta la saciedad en la prensa: la de la Casa Amarilla, esta vez en el Puerto de la Cruz, Tenerife. Resulta que nuestra tierra fue, a principios del siglo XX, escenario de un hito histórico e internacional en la historia de la ciencia. En la zona de La Paz del citado municipio, la Academia Prusiana (hoy Alemania) de las Ciencias fundó en 1913 la primera estación primatológica del mundo, es decir, el primer centro para la investigación con primates, concretamente con chimpancés. Su segundo director, Wolfgang Köhler, fue uno de los fundadores de la Escuela de la Gestalt, una de las más influyentes teorías en la historia de la Psicología. Sus importantes trabajos científicos en Tenerife, sobre la inteligencia de los chimpancés y sobre el conocido concepto de insight, aparecen en todos los libros de historia de la Psicología, de pensamiento y de razonamiento del mundo. Pues bien, la Casa Amarilla, sede del centro, continúa hoy cayéndose y en ruinas ante la desidia y desinterés de los políticos portuenses. Y ello pese a los esfuerzos que durante muchos años llevó a cabo la Asociación W. Köhler con el objetivo de salvar el único lugar de Canarias donde ha sucedido algo de trascendencia internacional en toda la historia de la ciencia.
Esta asociación al menos consiguió que el Cabildo la declarara Bien de Interés Cultural con categoría de Sitio Histórico. Pero nos preguntamos, ¿y para qué ha servido? Todo sigue igual, pese a las llamadas por parte de eminentes y prestigiosos científicos de todo el mundo, como la primatóloga Jane Goodall, premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, quien grabó un vídeo desde Tanzania afirmando que sería una tragedia que se perdiera la Casa Amarilla. En este sentido son más de treinta las universidades e institutos de investigación de todo el mundo los que han solicitado la salvación del inmueble, desde Australia hasta EEUU.
Igualmente, el equipo decanal de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Laguna organizó hace unos años la reunión de la Conferencia Nacional de Decanos de España, propiciando que allí se firmara una declaración conjunta en la que se pedía la rehabilitación de la Casa Amarilla. Al anterior alcalde del Puerto de la Cruz, Marcos Brito, se le entregó el escrito y un dossier-propuesta sobre posibilidades de uso y rehabilitación de la casa: un museo de la Psicología y la Primatología y una sala para reuniones y congresos. Allí, se comprometió ante todos los decanos de Psicología de España a salvarla. Eso fue en 2003. Dejó su cargo en las pasadas elecciones y, como es natural, nada de nada: la casa sigue cayéndose. Sólo quedaría esperar que algo cambie al fin con la nueva alcaldía.
En definitiva, nos parece escandaloso el desinterés, la desidia y "el pasotismo" de nuestros políticos ante todo aquello que no genere beneficios electorales, esto es, ante la cultura y la ciencia; su inexistente preocupación ante la pérdida de lugares donde pasó algo interesante -y real- en la historia mundial y no donde se alberga un simple cuentito de fantasmas. Ese desinterés se manifiesta también en esa Televisión Canaria que llaman "la nuestra", en la que detestables programas del corazón y de ámbito paranormal copan las distintas franjas horarias casi en su totalidad. En la que la cultura de verdad brilla por su ausencia. Luego nos quedará volver a quejarnos del nivel cultural de nuestra tierra.
Carlos Javier Álvarez González
Profesor Titular de Psicología (ULL) y 37 firmas más, la mayoría profesores e investigadores de la ULL y otros centros
http://www.eldia.es/2007-12-26/canarias/canarias8.htm
Las tradiciones, los cuentos y las historias de nuestra tierra pueden constituir un tema interesante de estudio desde un punto de vista histórico, etnográfico o sociológico. Probablemente, a la mayoría de canarios nos deleita escuchar o leer sobre mitos, fábulas o narraciones extraordinarias de nuestra tierra. Sin duda alguna, puede resultar interesante y divertido conocer tales leyendas que hablan de, por ejemplo, fantasmas y almas en pena; eso sí, siendo conscientes de lo que estrictamente son: leyendas que ilustran sobre las antiguas formas de pensar y de vivir de nuestros antepasados. Ahora bien, cuando un ayuntamiento, como el de El Paso, en La Palma, encabezado por su alcaldesa, María Dolores Padilla, propone la rehabilitación de una casa (sede de la antigua leyenda del alma de Tacande, una bonita historia de ánimas y espíritus) y la creación de una especie de centro para fomentar o estudiar cuestiones esotéricas y paranormales, la cosa cobra una nueva dimensión bastante preocupante, por cierto. Esa noticia la hemos leído recientemente en la prensa. Es alarmante porque no es lo mismo divulgar cultura e historia de nuestra tierra que fomentar y divulgar la superstición, la pseudociencia, la anticultura y, en definitiva, simples patrañas. Ése sería el resultado si el absurdo proyecto de crear un centro de divulgación o estudio de lo paranormal se llevara finalmente, y tristemente, a cabo.
Esta "brillante" idea de nuestros políticos palmeros nos trae a la mente, en claro contraste, otra casa en ruinas, con otra larga historia que ha aparecido hasta la saciedad en la prensa: la de la Casa Amarilla, esta vez en el Puerto de la Cruz, Tenerife. Resulta que nuestra tierra fue, a principios del siglo XX, escenario de un hito histórico e internacional en la historia de la ciencia. En la zona de La Paz del citado municipio, la Academia Prusiana (hoy Alemania) de las Ciencias fundó en 1913 la primera estación primatológica del mundo, es decir, el primer centro para la investigación con primates, concretamente con chimpancés. Su segundo director, Wolfgang Köhler, fue uno de los fundadores de la Escuela de la Gestalt, una de las más influyentes teorías en la historia de la Psicología. Sus importantes trabajos científicos en Tenerife, sobre la inteligencia de los chimpancés y sobre el conocido concepto de insight, aparecen en todos los libros de historia de la Psicología, de pensamiento y de razonamiento del mundo. Pues bien, la Casa Amarilla, sede del centro, continúa hoy cayéndose y en ruinas ante la desidia y desinterés de los políticos portuenses. Y ello pese a los esfuerzos que durante muchos años llevó a cabo la Asociación W. Köhler con el objetivo de salvar el único lugar de Canarias donde ha sucedido algo de trascendencia internacional en toda la historia de la ciencia.
Esta asociación al menos consiguió que el Cabildo la declarara Bien de Interés Cultural con categoría de Sitio Histórico. Pero nos preguntamos, ¿y para qué ha servido? Todo sigue igual, pese a las llamadas por parte de eminentes y prestigiosos científicos de todo el mundo, como la primatóloga Jane Goodall, premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, quien grabó un vídeo desde Tanzania afirmando que sería una tragedia que se perdiera la Casa Amarilla. En este sentido son más de treinta las universidades e institutos de investigación de todo el mundo los que han solicitado la salvación del inmueble, desde Australia hasta EEUU.
Igualmente, el equipo decanal de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Laguna organizó hace unos años la reunión de la Conferencia Nacional de Decanos de España, propiciando que allí se firmara una declaración conjunta en la que se pedía la rehabilitación de la Casa Amarilla. Al anterior alcalde del Puerto de la Cruz, Marcos Brito, se le entregó el escrito y un dossier-propuesta sobre posibilidades de uso y rehabilitación de la casa: un museo de la Psicología y la Primatología y una sala para reuniones y congresos. Allí, se comprometió ante todos los decanos de Psicología de España a salvarla. Eso fue en 2003. Dejó su cargo en las pasadas elecciones y, como es natural, nada de nada: la casa sigue cayéndose. Sólo quedaría esperar que algo cambie al fin con la nueva alcaldía.
En definitiva, nos parece escandaloso el desinterés, la desidia y "el pasotismo" de nuestros políticos ante todo aquello que no genere beneficios electorales, esto es, ante la cultura y la ciencia; su inexistente preocupación ante la pérdida de lugares donde pasó algo interesante -y real- en la historia mundial y no donde se alberga un simple cuentito de fantasmas. Ese desinterés se manifiesta también en esa Televisión Canaria que llaman "la nuestra", en la que detestables programas del corazón y de ámbito paranormal copan las distintas franjas horarias casi en su totalidad. En la que la cultura de verdad brilla por su ausencia. Luego nos quedará volver a quejarnos del nivel cultural de nuestra tierra.
Carlos Javier Álvarez González
Profesor Titular de Psicología (ULL) y 37 firmas más, la mayoría profesores e investigadores de la ULL y otros centros
jueves, diciembre 20, 2007
Cuando el testigo 'miente'
El Mundo-La Gaceta de Canarias, 7 de diciembre de 2007.

De paso, aprovecho para recomendar una entrada de audio en Magonia

De paso, aprovecho para recomendar una entrada de audio en Magonia
miércoles, diciembre 05, 2007
La leyenda de Tacande y los cuentos paranormales
Días atrás la prensa tinerfeña recogió en sus páginas la noticia de que la historiadora María Victoria Hernández ha demostrado la existencia histórica de los protagonistas de la leyenda del alma de Tacande, en el Paso (La Palma). Me parece algo estupendo. Lo que no me parece tan bien es que un ayuntamiento se haya embarcado, con su alcaldesa María Dolores Padilla a la cabeza, en vender la leyenda como un asunto paranormal, y que, además, haya sugerido, como parte del proyecto de rehabilitación de la casa ahora en ruinas, la construcción anexa de un centro para estudiar los fenómenos paranormales. Por supuesto, esta propuesta del centro de cosas raras es un completo disparate, algo totalmente innecesario y que contará como una mancha en la trayectoria profesional de la alcaldesa en el futuro si tal idea sale adelante.
La leyenda, como hay centenares parecidas en todo el mundo, cuenta que en 1625 Ana González, vecina de Tacande, moría al dar luz a un niño bautizado como Salvador. Tres años después se produjeron supuestas manifestaciones extraordinarias en la casa donde había vivido y fallecido: su alma arrullaba la cuna del bebé, pues se movía sola ante los presentes; y en otras ocasiones se escuchaban tambores, castañuelas y panderos, y coros de voces femeninas. La cosa acabó con la visita al lugar de un sacerdote por recomendación del alma, para practicar un exorcismo o algo parecido. Y colorín colorado... En resumen, una historia que entra en la categoría de casas encantadas con poltergeist (espíritus ruidosos) en su interior, como los actuales cazafantasmas llaman a estos rumores sin pruebas que los sustenten.
No existen casas encantadas; sólo personas encantadas. Personas que creen que determinados ruidos, olores y sensaciones psicológicas tienen su origen en entidades externas procedentes de un más allá. Estas supersticiones, que algunos pretenden divulgar como si tuvieran algún valor en sí mismas superior al que realmente tienen, no son más que creencias basadas en una concepción del mundo ya superada. No existe la magia, que no pasa de ser un pobre recurso retórico para camuflar la credulidad más infantil.
Historias como la de la casa de Tacande están basadas en la transmisión oral de unos supuestos hechos de generación en generación. Como el lector se podrá imaginar, esta comunicación de persona a persona sufre importantes contaminaciones a medida que el proceso tiene lugar. Normalmente se añaden detalles inexistentes que embellecen la historia o la deforman completamente, hasta convertirla en un relato apto para ser consumido por sucesivas generaciones de cerebros sin capacidad para cuestionar lo que les han transmitido. Infinidad de experimentos científicos a lo largo de siglo XX han demostrado cuán falible y de poco crédito son los testimonios basados en observaciones supuestamente extrañas. En el caso de Tacande partimos de unos hechos que son en sí mismos absurdos, pues nadie con juicio crítico puede pensar que el "alma" de nadie pueda vagar por ahí produciendo ruidos, desplazando objetos y haciendo sonar tambores. Primero hay que probar que el alma existe, y luego que es capaz de producir semejantes portentos. Pero en las historias de lo paranormal, la casa se comienza por el tejado, nunca mejor dicho. Y en el caso de la historieta del fantasma palmero estamos ante un ejemplo de cristianismo supersticioso, donde las almas piden cuentas por las malas acciones cometidas en vida.
Para proceder a la rehabilitación de la casa de Tacande y la leyenda asociada no hay que recurrir a fenómeno paranormal alguno. No existe prueba alguna de que existan fenómenos paranormales. Ni siquiera existe una definición clara y precisa de lo que es un supuesto fenómeno paranormal. Por supuesto, del hecho de que la historiadora palmera haya demostrado que existieron los protagonistas de este piadoso bulo no se deriva que tales episodios de película de serie B ocurrieran realmente. Mientras los únicos argumentos que se presenten sean el relato de la propia historia podemos descartarla sin más, como algo propio de una época en la que los miedos irracionales asociados a una tradición religiosa eran el pan de cada día.
Los científicos desean hallar nuevos fenómenos y efectuar descubrimientos relevantes; sin embargo, más de un siglo de publicidad, afirmaciones desproporcionadas, programas televisivos vergonzosos (como el que emite la cadena Cuatro los domingos por la noche) y otras muchas afirmaciones gratuitas, leyendas, creencias y manías personales no han conseguido aportar ni una sóla prueba fehaciente de que estamos ante algo más que el deseo de creer, fenómenos naturales explicables, interpretaciones sesgadas y el inmenso poder del rumor para extenderse entre personas y sociedades propicias. Es decir, que nos encontramos ante diversas variantes de las leyendas urbanas, expresión que, afortunadamente, se ha ido popularizando a medida que algunos sectores periodísticos críticos y el público en general han ido asimilando que aquí no está en juego más allá alguno ni vida después de la muerte que valga, sino una manifestación de la capacidad del ser humano para inventar realidades que sólo existen en el interior de su cabeza.
Me da la impresión que la alcaldesa de El Paso está muy mal asesorada. No estamos en 1882, año en que la Society for Psychic Research se fundó en Gran Bretaña, entre otras cosas, para averiguar qué había de cierto en las casas encantadas (una manía especialmente victoriana), sino en 2007. Han pasado casi 130 años y estas leyendas siguen en la mente de quienes no han tenido la oportunidad de acceder a la literatura crítica y en boca de quienes confían en medrar socialmente amparados por la credulidad de los receptores de sus majaderías prefabricadas y por el insaciable afán de lucro de los programas radiotelevisivos especializados en tales asuntos. Una alcaldesa no debe derrochar el erario público o malgastarlo con un enfoque equivocado, ni el Cabildo, o la institución competente si su para-propuesta sale adelante. No debe promocionar supersticiones que sólo amedrentaban a nuestras abuelas, y no a todas. Los gobernantes están para fomentar la cultura, entre otras cosas, no para alentar historietas de miedo en versión cazafantasmas siglo XXI disfrazados de defensores del patrimonio folclórico. Que no le tomen el pelo quienes se puedan presentar como defensores de un patrimonio cultural reconvertido en asunto paranormal injustificadamente, pues en realidad no son más que periodistas interesados en exprimir supersticiones y creencias infundadas. No permita que los residentes en El Paso y los turistas sean engañados por no haber tenido a mano asesores solventes.
La leyenda, como hay centenares parecidas en todo el mundo, cuenta que en 1625 Ana González, vecina de Tacande, moría al dar luz a un niño bautizado como Salvador. Tres años después se produjeron supuestas manifestaciones extraordinarias en la casa donde había vivido y fallecido: su alma arrullaba la cuna del bebé, pues se movía sola ante los presentes; y en otras ocasiones se escuchaban tambores, castañuelas y panderos, y coros de voces femeninas. La cosa acabó con la visita al lugar de un sacerdote por recomendación del alma, para practicar un exorcismo o algo parecido. Y colorín colorado... En resumen, una historia que entra en la categoría de casas encantadas con poltergeist (espíritus ruidosos) en su interior, como los actuales cazafantasmas llaman a estos rumores sin pruebas que los sustenten.
No existen casas encantadas; sólo personas encantadas. Personas que creen que determinados ruidos, olores y sensaciones psicológicas tienen su origen en entidades externas procedentes de un más allá. Estas supersticiones, que algunos pretenden divulgar como si tuvieran algún valor en sí mismas superior al que realmente tienen, no son más que creencias basadas en una concepción del mundo ya superada. No existe la magia, que no pasa de ser un pobre recurso retórico para camuflar la credulidad más infantil.
Historias como la de la casa de Tacande están basadas en la transmisión oral de unos supuestos hechos de generación en generación. Como el lector se podrá imaginar, esta comunicación de persona a persona sufre importantes contaminaciones a medida que el proceso tiene lugar. Normalmente se añaden detalles inexistentes que embellecen la historia o la deforman completamente, hasta convertirla en un relato apto para ser consumido por sucesivas generaciones de cerebros sin capacidad para cuestionar lo que les han transmitido. Infinidad de experimentos científicos a lo largo de siglo XX han demostrado cuán falible y de poco crédito son los testimonios basados en observaciones supuestamente extrañas. En el caso de Tacande partimos de unos hechos que son en sí mismos absurdos, pues nadie con juicio crítico puede pensar que el "alma" de nadie pueda vagar por ahí produciendo ruidos, desplazando objetos y haciendo sonar tambores. Primero hay que probar que el alma existe, y luego que es capaz de producir semejantes portentos. Pero en las historias de lo paranormal, la casa se comienza por el tejado, nunca mejor dicho. Y en el caso de la historieta del fantasma palmero estamos ante un ejemplo de cristianismo supersticioso, donde las almas piden cuentas por las malas acciones cometidas en vida.
Para proceder a la rehabilitación de la casa de Tacande y la leyenda asociada no hay que recurrir a fenómeno paranormal alguno. No existe prueba alguna de que existan fenómenos paranormales. Ni siquiera existe una definición clara y precisa de lo que es un supuesto fenómeno paranormal. Por supuesto, del hecho de que la historiadora palmera haya demostrado que existieron los protagonistas de este piadoso bulo no se deriva que tales episodios de película de serie B ocurrieran realmente. Mientras los únicos argumentos que se presenten sean el relato de la propia historia podemos descartarla sin más, como algo propio de una época en la que los miedos irracionales asociados a una tradición religiosa eran el pan de cada día.
Los científicos desean hallar nuevos fenómenos y efectuar descubrimientos relevantes; sin embargo, más de un siglo de publicidad, afirmaciones desproporcionadas, programas televisivos vergonzosos (como el que emite la cadena Cuatro los domingos por la noche) y otras muchas afirmaciones gratuitas, leyendas, creencias y manías personales no han conseguido aportar ni una sóla prueba fehaciente de que estamos ante algo más que el deseo de creer, fenómenos naturales explicables, interpretaciones sesgadas y el inmenso poder del rumor para extenderse entre personas y sociedades propicias. Es decir, que nos encontramos ante diversas variantes de las leyendas urbanas, expresión que, afortunadamente, se ha ido popularizando a medida que algunos sectores periodísticos críticos y el público en general han ido asimilando que aquí no está en juego más allá alguno ni vida después de la muerte que valga, sino una manifestación de la capacidad del ser humano para inventar realidades que sólo existen en el interior de su cabeza.
Me da la impresión que la alcaldesa de El Paso está muy mal asesorada. No estamos en 1882, año en que la Society for Psychic Research se fundó en Gran Bretaña, entre otras cosas, para averiguar qué había de cierto en las casas encantadas (una manía especialmente victoriana), sino en 2007. Han pasado casi 130 años y estas leyendas siguen en la mente de quienes no han tenido la oportunidad de acceder a la literatura crítica y en boca de quienes confían en medrar socialmente amparados por la credulidad de los receptores de sus majaderías prefabricadas y por el insaciable afán de lucro de los programas radiotelevisivos especializados en tales asuntos. Una alcaldesa no debe derrochar el erario público o malgastarlo con un enfoque equivocado, ni el Cabildo, o la institución competente si su para-propuesta sale adelante. No debe promocionar supersticiones que sólo amedrentaban a nuestras abuelas, y no a todas. Los gobernantes están para fomentar la cultura, entre otras cosas, no para alentar historietas de miedo en versión cazafantasmas siglo XXI disfrazados de defensores del patrimonio folclórico. Que no le tomen el pelo quienes se puedan presentar como defensores de un patrimonio cultural reconvertido en asunto paranormal injustificadamente, pues en realidad no son más que periodistas interesados en exprimir supersticiones y creencias infundadas. No permita que los residentes en El Paso y los turistas sean engañados por no haber tenido a mano asesores solventes.
martes, noviembre 20, 2007
Carter vio Venus
En el vídeo televisivo con el que Luis Alfonso Gámez acompaña su última entrada en Magonia se cita el caso del presidente norteamericano Jimmy Carter, e incluso aparece brevemente en el reportaje para decir que vio algo en el cielo que cambió de color (un ovni con toda la barba, seguro; en realidad, una observación del planeta Venus el 6 de enero de 1969 en Leary, Georgia). En mi libro Luces en los cielos (Benchomo, Santa Cruz de Tenerife, 2003, pp. 135-6 cito el episodio en el contexto del habitual relajo con el que los medios de comunicación tratan cualquier noticia relacionada con los platillos volantes, con sus imaginarias andanzas y con las pomposas declaraciones de los que siguen manteniendo con las manos vacías que tras esta creencia se oculta la presencia de naves extraterrestres en nuestro planeta. Reproduzco a continuación el fragmento en cuestión, porque, por supuesto, en la noticia televisiva no aparece tal explicación ni por asomo.
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Incluso periódicos de prestigio internacional como el Whasington Post flaquean en su profesionalidad cuando informan de avistamientos de ovnis. Un ejemplo muy significativo es la noticia que en 1977 insertó de la conocida "observación ovni" del ex presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter —una simple confusión con el planeta Venus, como tuvo oportunidad de comprobar Robert Sheaffer (1). Aunque ya habían transcurrido ocho años desde la observación, el Post publicó la noticia a pesar de que Sheaffer les hizo saber que estaba a punto de aclarar los hechos. Días después de aparecer en primera página esta referencia el citado crítico informó al rotativo de la explicación, pero se limitaron a incluirla en páginas interiores y con modesta tipografía. Aunque era la verdad, no era noticia. Este proceder, universalmente extendido en todos los medios de comunicación por muy escrupulosos que sean en otras cuestiones, es irónicamente bautizado por Sheaffer como el síndrome "lo que quiero es sensación, no me molesten con hechos". Este periodismo tiene una sencilla coartada: "la libertad de expresión", aunque muy a menudo se abuse de ella. De la misma forma, los que no nos dedicamos al cultivo y crianza del misterio, debemos hacer uso de la citada libertad, encontrando terrenos propicios para el debate. No se trata de sentirnos unos iluminados —que ya hay demasiados—, sino de imponernos la obligación de transmitir una visión de este fenómeno social más cercana a la realidad. Responsabilidad frente al despotismo de los medios comerciales.
Para los verdaderos interesados y curiosos en el fenómeno de los ovnis recomiendo que sigan el consejo que ofreció Sheaffer en Veredicto OVNI:
“Cuando lea, vea o escuche una historia que menciona a un conocido partidario de los ovnis en sus declaraciones referentes a un ‘hecho’ asombroso, piense que la afirmación del ‘experto’ no ha sido contrastada en absoluto, incluso cuando la fuente es una publicación respetada o una agencia de noticias de mucha fama”.
Y añade:
"Los errores y declaraciones sin fundamento que jamás serían aceptadas al informar de un hecho político o de un descubrimiento científico son un hecho habitual cuando se trata de informar sobre ovnis”.
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(1)Veredicto OVNI. Examen de la evidencia. Robert Sheaffer. Tikal Ediciones, Gerona, 1994, cap. 2 y pp. 210-1.
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Incluso periódicos de prestigio internacional como el Whasington Post flaquean en su profesionalidad cuando informan de avistamientos de ovnis. Un ejemplo muy significativo es la noticia que en 1977 insertó de la conocida "observación ovni" del ex presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter —una simple confusión con el planeta Venus, como tuvo oportunidad de comprobar Robert Sheaffer (1). Aunque ya habían transcurrido ocho años desde la observación, el Post publicó la noticia a pesar de que Sheaffer les hizo saber que estaba a punto de aclarar los hechos. Días después de aparecer en primera página esta referencia el citado crítico informó al rotativo de la explicación, pero se limitaron a incluirla en páginas interiores y con modesta tipografía. Aunque era la verdad, no era noticia. Este proceder, universalmente extendido en todos los medios de comunicación por muy escrupulosos que sean en otras cuestiones, es irónicamente bautizado por Sheaffer como el síndrome "lo que quiero es sensación, no me molesten con hechos". Este periodismo tiene una sencilla coartada: "la libertad de expresión", aunque muy a menudo se abuse de ella. De la misma forma, los que no nos dedicamos al cultivo y crianza del misterio, debemos hacer uso de la citada libertad, encontrando terrenos propicios para el debate. No se trata de sentirnos unos iluminados —que ya hay demasiados—, sino de imponernos la obligación de transmitir una visión de este fenómeno social más cercana a la realidad. Responsabilidad frente al despotismo de los medios comerciales.
Para los verdaderos interesados y curiosos en el fenómeno de los ovnis recomiendo que sigan el consejo que ofreció Sheaffer en Veredicto OVNI:
“Cuando lea, vea o escuche una historia que menciona a un conocido partidario de los ovnis en sus declaraciones referentes a un ‘hecho’ asombroso, piense que la afirmación del ‘experto’ no ha sido contrastada en absoluto, incluso cuando la fuente es una publicación respetada o una agencia de noticias de mucha fama”.
Y añade:
"Los errores y declaraciones sin fundamento que jamás serían aceptadas al informar de un hecho político o de un descubrimiento científico son un hecho habitual cuando se trata de informar sobre ovnis”.
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(1)Veredicto OVNI. Examen de la evidencia. Robert Sheaffer. Tikal Ediciones, Gerona, 1994, cap. 2 y pp. 210-1.
lunes, noviembre 19, 2007
La fiabilidad de los testigos (entrevista radiofónica)
Estos días se ha difundido la noticia, nada original por cierto, de que un grupo de científicos, militares y funcionarios gubernamentales han pedido que se reabra la investigación oficial sobre platillos volantes en Estados Unidos.
Entre los citados se encuentra el ex gobernador de Arizona, Fife Symington, que durante una rueda de prensa afirmó que "queremos que el gobierno de EEUU deje de publicar historias que perpetúan el mito de que todos los objetos volantes no identificados se pueden explicar en términos convencionales". Esto es el mundo del revés, en buena medida. No sé si "el gobierno de los USA" ha asegurado en alguna ocasión que todos los casos ufológicos son explicables en términos convencionales, pero eso, desgraciadamente, no es cierto. Es probable que potencialmente todos lo sean, pero en acto, no todos lo son. No existen investigadores y curiosos totipotentes que tengan la capacidad de explicar todos los casos, de la misma forma que no hay comisarios de policía que puedan explicar todos los delitos de que tienen conocimiento. Pero, ¿nos lleva esto a pensar que tras esos asesinos no identificados se ocultan entes supra-humanos? Son muchas las circunstancias que intervienen en la producción final de un relato ufológico como para permitir que todos sean completamente explicables.
Pero, ¿de qué está pretendiendo convencernos el ex gobernador de Arizona?; ¿estará pretendiendo convencernos de que en esos casos no resueltos se ocultan super bichos del espacio inteligentes? Pues si sólo lo intenta con su palabra y la palabra de otros (el decir, el recuerdo de una experiencia) mal lo lleva...
Por supuesto, todos los que participaron en la rueda de prensa han tenido experiencias. Faltaría más. Los convencidos de antemano tienen que dar fe, como en las religiones.
Por su parte, Jean-Claude Ribes, astrónomo del Centro Nacional Francés para la Investígación Científica, dijo que "es necesario vencer los prejuicios". Sí, eso es cierto, es necesario vencer los prejuicios. Eso lleva diciéndolo la ufología crítica y escéptica décadas, pero los creyentes y los negociantes del misterio de diseño no han hecho el más mínimo caso. Por ejemplo, aseguran que algunos episodios sugieren que se trata de máquinas voladoras con características que superan nuestras capacidades terrestres. Me pregunto cómo han podido llegar a eso conclusión sin presentar pruebas de ello; pruebas del mismo tipo de las que existen de que hay fragmentos de materia interplanetaria que caen en la Tierra.
Y por último, la clave de bóveda de esta enésima versión de teatrillo mediático de los platillos volantes, con el que unos pocos pilotos y científicos creyentes que no tienen otra cosa mejor que hacer nos obsequian de vez en cuando: "Si se pudiera comprobar que ese es el caso -la de las capacidades tecnológicas sobrehumanas- la hipótesis extraterrestre sería la más plausible para esas naves avanzadas, una posibilidad fantástica pero no racional dados los datos existentes". Hay unas cuantas morcillas que se le han colado a este científico francés en sus afirmaciones, si no las ha colado porque no podía dejar de colarlas, claro, que si no, para qué iban a convocar una rueda de prensa Washington, oiga usted...
"Si se pudiera comprobar..."; por supuesto, es que habría que empezar por ahí, antes de afirmar nada. Ése es el problema, que no se ha comprobado, y llevamos sesenta años. Pero para comprobar eso no hace falta vencer ningún prejuicio, que es la morcilla de dos párrafos más arriba: se comprobaría y punto, sin necesidad de convocar una rueda de prensa para acabar hablado de los posibles hipotéticos que tal vez a lo mejor llega el día que si tenemos la mente abierta y no soltamos topicazo tras topicazo. Es decir, bastaría con aportar alguna prueba de que esto es algo más que una creencia personal enquistada.
Y de momento la hipótesis extraterrestre no es la más plausible, por todo ello. Porque, como se ha repetido un millón de veces, las pruebas, que en realidad son recuerdos e indicios circunstanciales, no están a la altura de lo que se pretende. Así que lo extraterrestre sigue viviendo en el limbo de lo más fantástico y de lo poco atenido a lo que sabemos racionalmente, dados los datos existentes.
Mucho ruido y pocas nueces, como siempre. De ello acaba de escribir también Luis Alfonso Gámez en Magonia.
Estas noticias suelen arrastrar sobreentendidos, lugares comunes y, posiblemente, deseo de notoriedad por parte de los expertos. Es bastante sospechoso que este grupo de expertos se haya dirigido en primer lugar, como suele ser habitual, a la prensa, y no a las revistas académicas, que es el lugar natural al que hay que dirigirse cuando pretendes demostrar la detección de un misterio con las implicaciones que el mito de los platillos volantes tendría si fuese algo más que una macro-leyenda urbana.
En último término, los relatos de los pilotos están basados en su percepción de algo que no supieron identificar, como siempre. De la escasa fiabilidad científica del testimonio humano estuve hablando en una entrevista radiofónica que me hicieron para un programa de radio especializado, en Puerto de la Cruz (Tenerife). Tienen el archivo sonoro completo en este enlace.
Entre los citados se encuentra el ex gobernador de Arizona, Fife Symington, que durante una rueda de prensa afirmó que "queremos que el gobierno de EEUU deje de publicar historias que perpetúan el mito de que todos los objetos volantes no identificados se pueden explicar en términos convencionales". Esto es el mundo del revés, en buena medida. No sé si "el gobierno de los USA" ha asegurado en alguna ocasión que todos los casos ufológicos son explicables en términos convencionales, pero eso, desgraciadamente, no es cierto. Es probable que potencialmente todos lo sean, pero en acto, no todos lo son. No existen investigadores y curiosos totipotentes que tengan la capacidad de explicar todos los casos, de la misma forma que no hay comisarios de policía que puedan explicar todos los delitos de que tienen conocimiento. Pero, ¿nos lleva esto a pensar que tras esos asesinos no identificados se ocultan entes supra-humanos? Son muchas las circunstancias que intervienen en la producción final de un relato ufológico como para permitir que todos sean completamente explicables.
Pero, ¿de qué está pretendiendo convencernos el ex gobernador de Arizona?; ¿estará pretendiendo convencernos de que en esos casos no resueltos se ocultan super bichos del espacio inteligentes? Pues si sólo lo intenta con su palabra y la palabra de otros (el decir, el recuerdo de una experiencia) mal lo lleva...
Por supuesto, todos los que participaron en la rueda de prensa han tenido experiencias. Faltaría más. Los convencidos de antemano tienen que dar fe, como en las religiones.
Por su parte, Jean-Claude Ribes, astrónomo del Centro Nacional Francés para la Investígación Científica, dijo que "es necesario vencer los prejuicios". Sí, eso es cierto, es necesario vencer los prejuicios. Eso lleva diciéndolo la ufología crítica y escéptica décadas, pero los creyentes y los negociantes del misterio de diseño no han hecho el más mínimo caso. Por ejemplo, aseguran que algunos episodios sugieren que se trata de máquinas voladoras con características que superan nuestras capacidades terrestres. Me pregunto cómo han podido llegar a eso conclusión sin presentar pruebas de ello; pruebas del mismo tipo de las que existen de que hay fragmentos de materia interplanetaria que caen en la Tierra.
Y por último, la clave de bóveda de esta enésima versión de teatrillo mediático de los platillos volantes, con el que unos pocos pilotos y científicos creyentes que no tienen otra cosa mejor que hacer nos obsequian de vez en cuando: "Si se pudiera comprobar que ese es el caso -la de las capacidades tecnológicas sobrehumanas- la hipótesis extraterrestre sería la más plausible para esas naves avanzadas, una posibilidad fantástica pero no racional dados los datos existentes". Hay unas cuantas morcillas que se le han colado a este científico francés en sus afirmaciones, si no las ha colado porque no podía dejar de colarlas, claro, que si no, para qué iban a convocar una rueda de prensa Washington, oiga usted...
"Si se pudiera comprobar..."; por supuesto, es que habría que empezar por ahí, antes de afirmar nada. Ése es el problema, que no se ha comprobado, y llevamos sesenta años. Pero para comprobar eso no hace falta vencer ningún prejuicio, que es la morcilla de dos párrafos más arriba: se comprobaría y punto, sin necesidad de convocar una rueda de prensa para acabar hablado de los posibles hipotéticos que tal vez a lo mejor llega el día que si tenemos la mente abierta y no soltamos topicazo tras topicazo. Es decir, bastaría con aportar alguna prueba de que esto es algo más que una creencia personal enquistada.
Y de momento la hipótesis extraterrestre no es la más plausible, por todo ello. Porque, como se ha repetido un millón de veces, las pruebas, que en realidad son recuerdos e indicios circunstanciales, no están a la altura de lo que se pretende. Así que lo extraterrestre sigue viviendo en el limbo de lo más fantástico y de lo poco atenido a lo que sabemos racionalmente, dados los datos existentes.
Mucho ruido y pocas nueces, como siempre. De ello acaba de escribir también Luis Alfonso Gámez en Magonia.
Estas noticias suelen arrastrar sobreentendidos, lugares comunes y, posiblemente, deseo de notoriedad por parte de los expertos. Es bastante sospechoso que este grupo de expertos se haya dirigido en primer lugar, como suele ser habitual, a la prensa, y no a las revistas académicas, que es el lugar natural al que hay que dirigirse cuando pretendes demostrar la detección de un misterio con las implicaciones que el mito de los platillos volantes tendría si fuese algo más que una macro-leyenda urbana.
En último término, los relatos de los pilotos están basados en su percepción de algo que no supieron identificar, como siempre. De la escasa fiabilidad científica del testimonio humano estuve hablando en una entrevista radiofónica que me hicieron para un programa de radio especializado, en Puerto de la Cruz (Tenerife). Tienen el archivo sonoro completo en este enlace.
miércoles, octubre 31, 2007
Misterios, a la luz de la ciencia II
El próximo día 6 de noviembre tendrá lugar en Bilbao la segunda edición de la jornada Misterios, a la luz de la ciencia, organizada, entre otras entidades, por el Círculo Escéptico. Éste es el programa:
18.00 horas: Las caras de Bélmez: ¿falsa ciencia o mal periodismo?, por Javier Cavanilles, periodista del diario El Mundo.
18.30 horas: Agua depurativa, por José Carlos Pérez Cobo, biólogo de la UPV.
19.00 horas: Ondas electromagnéticas y salud, por Joseba Zubia, físico de la UPV.
19.30-19.45 horas: Descanso.
19.45 horas: Algunas creencias erróneas sobre nuestro cerebro, por Carlos J. Álvarez, psicólogo de la Universidad de La Laguna.
20.15 horas: Mesa redonda. El Pensamiento mágico en una sociedad desarrollada.
Más detalles en este enlace
18.00 horas: Las caras de Bélmez: ¿falsa ciencia o mal periodismo?, por Javier Cavanilles, periodista del diario El Mundo.
18.30 horas: Agua depurativa, por José Carlos Pérez Cobo, biólogo de la UPV.
19.00 horas: Ondas electromagnéticas y salud, por Joseba Zubia, físico de la UPV.
19.30-19.45 horas: Descanso.
19.45 horas: Algunas creencias erróneas sobre nuestro cerebro, por Carlos J. Álvarez, psicólogo de la Universidad de La Laguna.
20.15 horas: Mesa redonda. El Pensamiento mágico en una sociedad desarrollada.
Más detalles en este enlace
lunes, octubre 29, 2007
El yeti y otros bichos ¡vaya timo!
El yeti y otros bichos ¡vaya timo!
Carlos Chordá
Editorial Laetoli, Navarra, España, 2007.
En su recomendable introducción a algunas leyendas englobadas bajo el rimbombante nombre de criptozoología, Carlos Chordá comenta con precisión y humor las principales manías que manifiestan aquéllos que se hacen llamar criptozoólogos. Nos explica como, con considerable desfachatez, la criptozoología se ha inventado un pasado propio que existe, pero que no le pertenece. Me refiero, por ejemplo, a la subespecie de mariposa esfinge de Morgan, al okapi y al celacanto, "extraños" animales que fueron descubiertos por investigadores científicos (la mariposa, con larguísima espiritrompa, fue una predicción de Darwin basándose en la longitud del cáliz de una orquídea de Madagascar), no por aficionados al gigantismo animal y a las leyendas de las que no existe prueba científica alguna. Chordá va aclarando perfectamente todas estas cuestiones en su muy entretenido libro.

Y ya que he citado al celacanto, no me resisto a apuntar el glorioso patinazo de la agencia EFE con el citado pez en 2002, reproducido (¡vivan los asesores científicos!) por ese "peaso" de revista científica que es Más allá, al presentar como novedad de última hora su descubrimiento, cuando en realidad había sido pescado en 1939 cerca de las costas de Madagascar. Los 'críptidos', perdón, criptozoólogos, aparecieron luego en una foto en la citada revista. Para troncharse.
El Yeti y otros bichos ¡vaya timo! es un ameno librito para distinguir entre ciencia y paja, entre el trabajo riguroso de los zoólogos de campo y la neurosis criptozoológica. Constantemente se descubren docenas de nuevas especies; sin embargo, los 'criptos' no están implicados nunca. ¿Con qué derecho, por tanto, presentan talles hallazgos como propios en la propaganda criptozoológica? ¿Quizá con la intención de que el público poco informado crea que tal conexión es legítima?; ¿porque realmente se lo creen? Si es así, lean el libro de Chordá y desengáñense.
Con ironía -y un poco de mala leche de vez en cuando- el autor dinamita los débiles cimientos en los que se apoyan las alucinaciones criptozoológicas. Entre los bichos que Chordá reúne -el yeti, Nessie, el dinosaurio mokele-mbembe- no podía faltar un famoso ser cultural, y no me refiero al Homo sapiens, sino al chupacabras. Este simpático e imaginario bicho es un poco todo al mismo tiempo: extraterrestre, resultado de un experimento genético, visitante de una dimensión paralela, etc.; pero, sobre todo, es un ser cultural porque sus apariciones se han circunscrito mayoritariamente al ámbito hispanoamericano. Esto es indicio de su origen artificial y legendario, como cualquiera que no tenga su cerebro infectado por esa magia que crea amplias tragaderas sabe o sospecha de inmediato. Entre sus apariciones, el autor resume sus supuestas andanzas -o de un pariente suyo- en Tenerife en 1979, basándose en un artículo que publiqué en el número 19 (2005) de El Escéptico. No olviden visitar, por cierto, las entradas que Luis Alfonso Gámez dedica a este y otros animalitos imaginarios en su blog Magonia (haciendo una búsqueda por "monstruos").
Recomiendo el libro a todos los aficionados a lo extraño, en particular a los criptozoológos que hacen cripto-investigaciones. Aprenderán un poco y quizá, con suerte, podrán ir quitando el prefijo critpo de sus investigaciones. Éstos deben comenzar por el último capítulo del libro de Chordá, que lleva por título ¿Cripto... zoología?; el resto, que empiece por el principio. Ah, y no se pierdan la simpática dedicatoria, en la que más de uno se reconocerá, sin duda.
Carlos Chordá
Editorial Laetoli, Navarra, España, 2007.
En su recomendable introducción a algunas leyendas englobadas bajo el rimbombante nombre de criptozoología, Carlos Chordá comenta con precisión y humor las principales manías que manifiestan aquéllos que se hacen llamar criptozoólogos. Nos explica como, con considerable desfachatez, la criptozoología se ha inventado un pasado propio que existe, pero que no le pertenece. Me refiero, por ejemplo, a la subespecie de mariposa esfinge de Morgan, al okapi y al celacanto, "extraños" animales que fueron descubiertos por investigadores científicos (la mariposa, con larguísima espiritrompa, fue una predicción de Darwin basándose en la longitud del cáliz de una orquídea de Madagascar), no por aficionados al gigantismo animal y a las leyendas de las que no existe prueba científica alguna. Chordá va aclarando perfectamente todas estas cuestiones en su muy entretenido libro.

Y ya que he citado al celacanto, no me resisto a apuntar el glorioso patinazo de la agencia EFE con el citado pez en 2002, reproducido (¡vivan los asesores científicos!) por ese "peaso" de revista científica que es Más allá, al presentar como novedad de última hora su descubrimiento, cuando en realidad había sido pescado en 1939 cerca de las costas de Madagascar. Los 'críptidos', perdón, criptozoólogos, aparecieron luego en una foto en la citada revista. Para troncharse.
El Yeti y otros bichos ¡vaya timo! es un ameno librito para distinguir entre ciencia y paja, entre el trabajo riguroso de los zoólogos de campo y la neurosis criptozoológica. Constantemente se descubren docenas de nuevas especies; sin embargo, los 'criptos' no están implicados nunca. ¿Con qué derecho, por tanto, presentan talles hallazgos como propios en la propaganda criptozoológica? ¿Quizá con la intención de que el público poco informado crea que tal conexión es legítima?; ¿porque realmente se lo creen? Si es así, lean el libro de Chordá y desengáñense.
Con ironía -y un poco de mala leche de vez en cuando- el autor dinamita los débiles cimientos en los que se apoyan las alucinaciones criptozoológicas. Entre los bichos que Chordá reúne -el yeti, Nessie, el dinosaurio mokele-mbembe- no podía faltar un famoso ser cultural, y no me refiero al Homo sapiens, sino al chupacabras. Este simpático e imaginario bicho es un poco todo al mismo tiempo: extraterrestre, resultado de un experimento genético, visitante de una dimensión paralela, etc.; pero, sobre todo, es un ser cultural porque sus apariciones se han circunscrito mayoritariamente al ámbito hispanoamericano. Esto es indicio de su origen artificial y legendario, como cualquiera que no tenga su cerebro infectado por esa magia que crea amplias tragaderas sabe o sospecha de inmediato. Entre sus apariciones, el autor resume sus supuestas andanzas -o de un pariente suyo- en Tenerife en 1979, basándose en un artículo que publiqué en el número 19 (2005) de El Escéptico. No olviden visitar, por cierto, las entradas que Luis Alfonso Gámez dedica a este y otros animalitos imaginarios en su blog Magonia (haciendo una búsqueda por "monstruos").
Recomiendo el libro a todos los aficionados a lo extraño, en particular a los criptozoológos que hacen cripto-investigaciones. Aprenderán un poco y quizá, con suerte, podrán ir quitando el prefijo critpo de sus investigaciones. Éstos deben comenzar por el último capítulo del libro de Chordá, que lleva por título ¿Cripto... zoología?; el resto, que empiece por el principio. Ah, y no se pierdan la simpática dedicatoria, en la que más de uno se reconocerá, sin duda.
lunes, octubre 22, 2007
Los caras de Bélmez en El Mundo-La Gaceta de Canarias
El Mundo-La Gaceta de Canarias incluyó ayer domingo (p. 30) esta entrevista a Javier Cavanilles sobre la publicación de su libro Los caras de Bélmez, junto con Francisco Máñez.

De paso, aprovecho para dejar constancia de dos novedades:
- La última (por ahora) y estúpida manipulación cometida por los inventores de patrañas en torno a la observación de un par de bólidos en pasado sábado (véase también este enlace);
- y la reseña-demolición que Luis R. González ha efectuado del último librejo del personaje que sentó a Jesucristo en el Coliseo romano (no se rían).

De paso, aprovecho para dejar constancia de dos novedades:
- La última (por ahora) y estúpida manipulación cometida por los inventores de patrañas en torno a la observación de un par de bólidos en pasado sábado (véase también este enlace);
- y la reseña-demolición que Luis R. González ha efectuado del último librejo del personaje que sentó a Jesucristo en el Coliseo romano (no se rían).
lunes, octubre 08, 2007
Los caras de Bélmez
Publicado originalente en este enlace (Círculo Escéptico).
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Yo no sé si al lector le satisface y divierte contemplar como los misterios S.A. se derrumban por obra y gracia de un autor capaz de enfrentarse a la farándula paranormalista. A mí sí; por eso me alegré especialmente cuando supe que Javier Cavanilles y Francisco Máñez estaban escribiendo un libro sobre el episodio más absurdo de hispano-paranormalandia, las caras de Bélmez, una historia que venía coleando desde 1971. El asunto fue prácticamente olvidado entonces, pero en 1996 se celebró un congreso en Bélmez para conmemorar los 25 años del fenómeno, que dio paso en 2004 a la manipulación de los hechos por parte de la prensa ocultista hasta convertirse en un desmadre no igualado en la pequeña historia de los misterios comerciales de España. El libro de Cavanilles y Máñez, que lleva el irónico y acertado título de Los caras de Bélmez, ha sido recientemente publicado, para satisfacción de todos aquellos que procuramos que no nos den gato por liebre.

El caso de las caras de Bélmez fue desde sus inicios tan absurdo, tan obvia su naturaleza fraudulenta, que ni siquiera las principales obras de divulgación parapsicológica lo han recogido en estas últimas tres décadas; así de desacreditado quedó tras el estallido inicial. Al margen de ello, sólo los ocultistas locales han pregonado que allí, en ese pueblo de Jaén, residía el mayor misterio parapsicológico de Europa; ahí es nada.
La obra rompe con el escenario típico de Paranormalandia. Es ajena a los variados intereses -no sólo económicos- presentes en el marcado español de lo enigmático; no les sigue el juego; no se adapta a la última corriente de interés mediático por un tema exprimido durante décadas, sino que analiza a todos los protagonistas desde fuera implacablemente, sin concesiones. Un meritorio trabajo de recopilación informativa y de interpretación. Por todo ello, el trabajo de Cavanilles y Máñez no será reseñado en las revistas paranormalistas.
Los autores ponen de manifiesto las absurdas historietas y maniobras ejecutadas desde principios del actual siglo por los periodistas, hipnólogos y espiritistas que han intentado mamar de la teta belmeciana. Las distintas versiones de lo ocurrido, totalmente contradictorias y ridículas, son pasto para el rumiante consumidor de ocultismo barato. No deja de sorprender, ni al crítico más acostumbrado, en qué poca consideración tiene este gremio a sus clientes; quizá porque saben que de ellos no va surgir crítica ni cuestionamiento alguno, por muy anormal y chocante que sea lo que se les transmite. Las falsedades llegaron a asociarse a hechos históricos como el famoso asedio al Santuario de la Virgen de la Cabeza durante la Guerra Civil española. El mamoneo paranormal también quiso explotar este episodio de la historia de España a favor de las imaginaciones teleplásticas.
Intercalados a lo largo de libro aparecen significativos episodios de la historia de la parapsicología, como el fraude infantil de las hadas de Cottingley o las investigaciones de Rhine, así como unas clarificadoras biografías de Hans Bender y Germán de Argumosa, uno de esos ridículamente ditirambizados pseudoinvestigadores, a quien ponen en su sitio: un simple espiritista con corbata antes que un parapsicólogo (lo de "profesor" lo dejo para que el lector descubra por sí mismo la realidad de esta atribución). Ambos, con background académico el alemán y una etiqueta espiritista de anís El Mono el español, son dos creyentes en los fenómenos que decían investigar. La participación del cántabro en Bélmez, que se paseó por el lugar en 1971 como una estrella, podría ser calificada de patética. Por su parte, Bender aprovechó para hacer un poco de turismo cuando estuvo en la zona.
Cavanilles y Máñez salpican su libro de atinadas muestras de humor, como cuando en la página 74 escriben que el parapsicólogo "Uttama Sitkari" (¿por qué serán tan cursis los paranormalistas a la hora de elegir pseudónimos?) se refería a que la mente de María (la dueña de la casa en la que habían aparecido las caras) era la que provocaba la aparición de rostros mediante una especie de proyección telepática involuntaria llamada psicorragia. "Sólo le faltó alistar a la difunta en la Patrulla X", aseguran los autores. Pero, por favor, no se pierdan, en el contexto del juicio celebrado tras la demanda presentada por Pedro Amorós contra El Mundo y los autores del libro, lo de la 'tentativa inidónea' en el momento de intentar demostrar su fantasmagórico currículum... (pp. 334-335).
Por el lado de los defectos, hay que apuntar que los errores tipográficos son más frecuentes de lo deseable, como si hubiesen carecido de tiempo para una revisión; algunas referencias están traspapeladas y falta parte de las del capítulo titulado "Tres tristes tigres"; e, incomprensiblemente, no figura la numeración de páginas en el índice. Y por pedir, pediría un índice onomástico, que habría facilitado mucho la labor de una segunda lectura más específica de algunos aspectos destacados. Esperemos que todos estos detalles sean subsanados en una posible segunda edición.
Una de las conclusiones más significativas que puede extraer el lector, en particular de la actualización del tema a partir de 2004, es el proceder y la dinámica interna típica de algunas asociaciones pro-misterios: ausencia de legalidad, funcionamiento rígidamente piramidal, rápida segregación del disidente, campañas de difamación contra quien ha revelado el entramado de fantasías en que se basan los figurones de lo paranormal, etc. Y es que el conocimiento y la verdad les importa un pimiento a todos estos avispados mercachifles del ocultismo...
Espero y deseo que la publicación de obras como Los caras de Bélmez no sea una excepción en el mercado editorial español. Hacen falta libros como éste, libros refutadores e informativos, libros que caigan en manos de adolescentes curiosos, interesados en las cosas raras, que, o bien les quiten las ganas de prestar atención a Paranormalandia y su tráfago pseudo-religioso mercantilista, o bien les inste a profundizar en estos temas de su interés con un cuchillo entre los dientes, en sentido figurado.
¿Cuál podría ser una frase que resumiese la historia del misterio ocultista con más caspa de España? ¿Qué le parece ésta, de los propios autores?: "Desde todos los puntos de vista, y desde el primer día, las caras de Bélmez de la Moraleda fueron un timo" (p. 123). Seguramente, algún humorista las volverá a colocar dentro de unos años en su lista de enigmas favoritos. Mientras, pasen un buen rato leyendo Los caras de Bélmez.
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Yo no sé si al lector le satisface y divierte contemplar como los misterios S.A. se derrumban por obra y gracia de un autor capaz de enfrentarse a la farándula paranormalista. A mí sí; por eso me alegré especialmente cuando supe que Javier Cavanilles y Francisco Máñez estaban escribiendo un libro sobre el episodio más absurdo de hispano-paranormalandia, las caras de Bélmez, una historia que venía coleando desde 1971. El asunto fue prácticamente olvidado entonces, pero en 1996 se celebró un congreso en Bélmez para conmemorar los 25 años del fenómeno, que dio paso en 2004 a la manipulación de los hechos por parte de la prensa ocultista hasta convertirse en un desmadre no igualado en la pequeña historia de los misterios comerciales de España. El libro de Cavanilles y Máñez, que lleva el irónico y acertado título de Los caras de Bélmez, ha sido recientemente publicado, para satisfacción de todos aquellos que procuramos que no nos den gato por liebre.

El caso de las caras de Bélmez fue desde sus inicios tan absurdo, tan obvia su naturaleza fraudulenta, que ni siquiera las principales obras de divulgación parapsicológica lo han recogido en estas últimas tres décadas; así de desacreditado quedó tras el estallido inicial. Al margen de ello, sólo los ocultistas locales han pregonado que allí, en ese pueblo de Jaén, residía el mayor misterio parapsicológico de Europa; ahí es nada.
La obra rompe con el escenario típico de Paranormalandia. Es ajena a los variados intereses -no sólo económicos- presentes en el marcado español de lo enigmático; no les sigue el juego; no se adapta a la última corriente de interés mediático por un tema exprimido durante décadas, sino que analiza a todos los protagonistas desde fuera implacablemente, sin concesiones. Un meritorio trabajo de recopilación informativa y de interpretación. Por todo ello, el trabajo de Cavanilles y Máñez no será reseñado en las revistas paranormalistas.
Los autores ponen de manifiesto las absurdas historietas y maniobras ejecutadas desde principios del actual siglo por los periodistas, hipnólogos y espiritistas que han intentado mamar de la teta belmeciana. Las distintas versiones de lo ocurrido, totalmente contradictorias y ridículas, son pasto para el rumiante consumidor de ocultismo barato. No deja de sorprender, ni al crítico más acostumbrado, en qué poca consideración tiene este gremio a sus clientes; quizá porque saben que de ellos no va surgir crítica ni cuestionamiento alguno, por muy anormal y chocante que sea lo que se les transmite. Las falsedades llegaron a asociarse a hechos históricos como el famoso asedio al Santuario de la Virgen de la Cabeza durante la Guerra Civil española. El mamoneo paranormal también quiso explotar este episodio de la historia de España a favor de las imaginaciones teleplásticas.
Intercalados a lo largo de libro aparecen significativos episodios de la historia de la parapsicología, como el fraude infantil de las hadas de Cottingley o las investigaciones de Rhine, así como unas clarificadoras biografías de Hans Bender y Germán de Argumosa, uno de esos ridículamente ditirambizados pseudoinvestigadores, a quien ponen en su sitio: un simple espiritista con corbata antes que un parapsicólogo (lo de "profesor" lo dejo para que el lector descubra por sí mismo la realidad de esta atribución). Ambos, con background académico el alemán y una etiqueta espiritista de anís El Mono el español, son dos creyentes en los fenómenos que decían investigar. La participación del cántabro en Bélmez, que se paseó por el lugar en 1971 como una estrella, podría ser calificada de patética. Por su parte, Bender aprovechó para hacer un poco de turismo cuando estuvo en la zona.
Cavanilles y Máñez salpican su libro de atinadas muestras de humor, como cuando en la página 74 escriben que el parapsicólogo "Uttama Sitkari" (¿por qué serán tan cursis los paranormalistas a la hora de elegir pseudónimos?) se refería a que la mente de María (la dueña de la casa en la que habían aparecido las caras) era la que provocaba la aparición de rostros mediante una especie de proyección telepática involuntaria llamada psicorragia. "Sólo le faltó alistar a la difunta en la Patrulla X", aseguran los autores. Pero, por favor, no se pierdan, en el contexto del juicio celebrado tras la demanda presentada por Pedro Amorós contra El Mundo y los autores del libro, lo de la 'tentativa inidónea' en el momento de intentar demostrar su fantasmagórico currículum... (pp. 334-335).
Por el lado de los defectos, hay que apuntar que los errores tipográficos son más frecuentes de lo deseable, como si hubiesen carecido de tiempo para una revisión; algunas referencias están traspapeladas y falta parte de las del capítulo titulado "Tres tristes tigres"; e, incomprensiblemente, no figura la numeración de páginas en el índice. Y por pedir, pediría un índice onomástico, que habría facilitado mucho la labor de una segunda lectura más específica de algunos aspectos destacados. Esperemos que todos estos detalles sean subsanados en una posible segunda edición.
Una de las conclusiones más significativas que puede extraer el lector, en particular de la actualización del tema a partir de 2004, es el proceder y la dinámica interna típica de algunas asociaciones pro-misterios: ausencia de legalidad, funcionamiento rígidamente piramidal, rápida segregación del disidente, campañas de difamación contra quien ha revelado el entramado de fantasías en que se basan los figurones de lo paranormal, etc. Y es que el conocimiento y la verdad les importa un pimiento a todos estos avispados mercachifles del ocultismo...
Espero y deseo que la publicación de obras como Los caras de Bélmez no sea una excepción en el mercado editorial español. Hacen falta libros como éste, libros refutadores e informativos, libros que caigan en manos de adolescentes curiosos, interesados en las cosas raras, que, o bien les quiten las ganas de prestar atención a Paranormalandia y su tráfago pseudo-religioso mercantilista, o bien les inste a profundizar en estos temas de su interés con un cuchillo entre los dientes, en sentido figurado.
¿Cuál podría ser una frase que resumiese la historia del misterio ocultista con más caspa de España? ¿Qué le parece ésta, de los propios autores?: "Desde todos los puntos de vista, y desde el primer día, las caras de Bélmez de la Moraleda fueron un timo" (p. 123). Seguramente, algún humorista las volverá a colocar dentro de unos años en su lista de enigmas favoritos. Mientras, pasen un buen rato leyendo Los caras de Bélmez.
lunes, octubre 01, 2007
Pablo Francescutti en El País Semanal
Ayer domingo Pablo Francescutti publicó una rápida historia de los platillos volantes en El País Semanal. Le quedó un poco apretujada, por enorme cantidad de temas que cita, pero está bien para hacerse una idea general del mito, y para darse cuenta de que, a pesar de los desahogados que hablaron del mito número 1 de la ciencia contempóránea (sin que se tenga constancia de que se les haya caído la cara de la vergüenza), lo de los ovnis es, en gran medida, un cuento chino, perdón, nortemericano. Al margen, claro, de su claro potencial científico para antropólogos y sociólogos (como Francescutti), psicólogos y folcloristas.
miércoles, septiembre 12, 2007
La colección ¡Vaya timo!, en La Vanguardia
Revista DOMINGO, 9 SEPTIEMBRE 2007 LA VANGUARDIA
Los ovnis son un timo. Y la parapsicología, el Yeti , la astrología o el creacionismo, también.
ANIMALES Y RACIONALES
MANUEL DÍAZ PRIETO
Un grupo de científicos edita una colección de libros que denuncian la falsedad de las pseudociencias y aporta datos para la crítica
Quien diga que ha visto extraterrestres, ha hablado con ellos o tiene confirmación de su existencia por medios desconocidos y se permite ilustrarnos sobre sus rasgos físicos y su temperamento como si de perros o gatos se tratara es un desvergonzado, un alucinado con afán propagandista o un engañabobos acostumbrado a aprovecharse
de los necios”. Ricardo Campo, doctorando del Departamento de Filosofía en la Universidad de La Laguna, se ha especializado en el estudio de las creencias populares relacionadas con el mito extraterrestre y su conclusión la resume el título del libro que acaba de publicar: Los ovnis ¡vaya timo! Una obra de divulgación que pretende –con sólidos argumentos y mucho humor– propiciar una mirada crítica sobre una de las más trilladas supercherías que en nuestra cultura se venden cada día como ciertas. Pero los ovnis constituyen sólo uno de los misterios aparentemente sobrenaturales que forman parte de nuestra cotidianidad. “Vivimos rodeados de falsedades pseudocientíficas”, asegura el astrofísico Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona y presidente de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, que es la impulsora, junto con la editorial Laetoli, de la colección ¡Vaya Timo! Según Armentia, esta colección se dirige a ese crédulo que llevamos dentro y nos muestra por qué los ovnis, el feng-shui, la astrología y otras modas son verdaderos timos: creencias falsas, vanas ilusiones que nos quitan tiempo y dinero (y a veces la salud). De forma que en ella el lector encontrará argumentos contundentes para pensar críticamente. “En definitiva, para pensar, que es la herramienta más útil que tenemos para librarnos de los timos”.
La parapsicología, el Yeti, la Sábana Santa, el creacionismo y los ovnis ocupan los primeros cuatro títulos. Pero amenazan con más. Lo explica Javier Armentia: “Vendrán más y, posiblemente, muy polémicos, como el de la homeopatía o el de la astrología. Y habrá libros de las caras de Bélmez, del influjo de la luna, de muchas otras cosas. Son necesarios porque hay mucha pseudociencia que se pone de moda y, de hecho, se convierte en un negociete”. Y el astrofísico ofrece como ejemplo el feng-shui: “Cualquiera que lea las bases de esta presuntamente antigua disciplina oriental –que no lo es tanto, realmente– podría concluir que es una estupidez. Ni el mundo se compone de cinco materiales diferentes, ni hay energías positivas o negativas... Y encima pagas 500 euros para que un listillo te diga que tienes que mover la cama de sitio y colocar un colgante horroroso al lado del espejo para mejorar el chi-kung. Es simplemente una tomadura de pelo, un timo.
Paradójicamente, muchos conciudadanos pagan al consultor feng-shui, y hasta muchos arquitectos se lo montan así para ir de chachis y sacar unos extras”. Es frecuente escuchar a los crédulos el argumento de que “la ciencia se ha equivocado muchas veces, y cosas que antes negaba hoy las acepta”, o que “no todo lo que existe puede ser demostrado por la ciencia, hay cosas que ésta no puede estudiar”, o que “los que creemos en lo esotérico y paranormal somos como Galileo, y ustedes los científicos son la nueva Inquisición; algún día nos darán la razón”. “Pero la ciencia –explica el psicólogo Carlos Javier Álvarez, un investigador de la neurociencia cognitiva del lenguaje– se define sobre todo por su método. Y una de sus características es la objetividad: cualquier teoría o hipótesis cobrará visos de verosimilitud y se verá apoyada si –y sólo si– existen datos objetivos, empíricos y fiables que la sustenten”. La psicología sabe desde hace tiempo que no nos podemos fiar de nuestras percepciones, nuestra memoria, nuestra intuición o nuestras experiencias personales. Si queremos ver o encontrar algo, muchas veces lo encontraremos. Por eso es típico en ciencia el uso de instrumentos o técnicas de observación que eviten la posible influencia del factor humano. Si todo esto se hace bien, cualquier resultado experimental debe poder ser repetido por cualquier otro investigador. Sin embargo, nos cuenta Álvarez en su obra La parapsicología ¡vaya timo!, miles de personas afirman tener algún tipo de poder extraordinario, como hablar con los muertos o ver el futuro. Muchos viven precisamente de escribir libros, realizar programas de televisión, formar sectas con adeptos crédulos o vendernos sus extrañas ideas en miles de formas. “Si tan convencidos están, ¿por qué no demuestras sus poderes a través de procedimientos controlados y donde no puedan producirse sencillos trucos de ilusionista o fraudes? ¿Por qué suelen huir cuando se les reta a que lo demuestren?”.
El astrofísico y divulgador científico Carl Sagan decía: “¿Por qué todo fenómeno paranormal desaparece –o no se produce– cuando hay unescéptico delante?”.Yquien mejor parece haber encarnado ese papel de escéptico en la historiamásreciente es el ilusionista estadounidense James Randi, que dedicó gran parte de su vida a poner a prueba y desenmascarar innumerables fraudes relacionados con el mundo de lo paranormal, siguiendo el camino que en el pasado ya había empezado a transitar el célebre escapista Houdini. En la década de 1960, Randi ofreció 1.000 dólares de su bolsillo a la primera persona que ofreciera pruebas objetivas de cualquier fenómeno paranormal, como había hecho en los años 20 la revista Scientific American. Con el tiempo y muchas otras aportaciones, el premio conocido como el Reto de Randi ha aumentado a un millón de dólares. No se pide demasiado: sólo hay que probar cualquiera capacidad o poder de tipo oculto o paranormal en las mismas condiciones que cualquier otro experimento científico en psicología, con los controles adecuados para que no pueda haber trampas. Además, para asegurar la legalidad y objetividad de la prueba, esa fundación no participa en el proceso de comprobación, y el método es pactado entre la persona que supuestamente tiene ese poder y los experimentadores.
“¿No resulta sospecho que en todos estos años nadie haya pasado siquiera los test preliminares de la prueba?”, se pregunta Randi con ironía.
El detector de fantasmas
Pero todas estas evidencias apenas hacen mella en el crédulo que casi todos llevamos dentro. Y todavía hoy mucha gente sigue pensando que Uri Geller realmente doblaba las cucharas con el poder de la mente. Y a pesar de que diversos especialistas nos han mostrado cómo realizaba sus trucos sin necesidad de ningún poder extrasensorial todavía seguimos aceptando la posibilidad de que las ondas mentales retuerzan el metal. Y es que de esta pasión por lo misterioso y de la ancestral credulidad humana se alimentan muchas otras disciplinas de lo que se ha dado en denominar pseudociencias y que podrían definirse como aquellas teorías o creencias que intentan mostrase con un ropaje científico pero que, examinadas de cerca, no cumplen con los presupuestos y requisitos propios de la ciencia. Así florecen disciplinas como la criptozoología (estudio de los animales ocultos), capaces de escribir largos ensayos sobre el Yeti o el monstruo del lago Ness; o la quiromancia, capaz de leer el futuro en las líneas de la mano. Pero una muestra de nuestro nivel de credulidad nos lo ofrece la publicidad de una revista especializada en estos temas, donde se ofertan artefactos como el generador de ondas Beta-Alpha- Theta-Delta, capaz de incrementar la claridad mental. O el poderoso Sello de Salomón, magnetizado especialmente mediante un procedimiento de carga vibracional. O el genial Megabrain, que nos permiteun aprendizaje acelerado, una relajación autógena y equilibrar los chakras.Olos detectores de biomasa, que nos permitirán comprobar si tenemos fantasmas en casa.
¡Menudo timo!
Los ovnis son un timo. Y la parapsicología, el Yeti , la astrología o el creacionismo, también.
ANIMALES Y RACIONALES
MANUEL DÍAZ PRIETO
Un grupo de científicos edita una colección de libros que denuncian la falsedad de las pseudociencias y aporta datos para la crítica
Quien diga que ha visto extraterrestres, ha hablado con ellos o tiene confirmación de su existencia por medios desconocidos y se permite ilustrarnos sobre sus rasgos físicos y su temperamento como si de perros o gatos se tratara es un desvergonzado, un alucinado con afán propagandista o un engañabobos acostumbrado a aprovecharse
de los necios”. Ricardo Campo, doctorando del Departamento de Filosofía en la Universidad de La Laguna, se ha especializado en el estudio de las creencias populares relacionadas con el mito extraterrestre y su conclusión la resume el título del libro que acaba de publicar: Los ovnis ¡vaya timo! Una obra de divulgación que pretende –con sólidos argumentos y mucho humor– propiciar una mirada crítica sobre una de las más trilladas supercherías que en nuestra cultura se venden cada día como ciertas. Pero los ovnis constituyen sólo uno de los misterios aparentemente sobrenaturales que forman parte de nuestra cotidianidad. “Vivimos rodeados de falsedades pseudocientíficas”, asegura el astrofísico Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona y presidente de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, que es la impulsora, junto con la editorial Laetoli, de la colección ¡Vaya Timo! Según Armentia, esta colección se dirige a ese crédulo que llevamos dentro y nos muestra por qué los ovnis, el feng-shui, la astrología y otras modas son verdaderos timos: creencias falsas, vanas ilusiones que nos quitan tiempo y dinero (y a veces la salud). De forma que en ella el lector encontrará argumentos contundentes para pensar críticamente. “En definitiva, para pensar, que es la herramienta más útil que tenemos para librarnos de los timos”.
La parapsicología, el Yeti, la Sábana Santa, el creacionismo y los ovnis ocupan los primeros cuatro títulos. Pero amenazan con más. Lo explica Javier Armentia: “Vendrán más y, posiblemente, muy polémicos, como el de la homeopatía o el de la astrología. Y habrá libros de las caras de Bélmez, del influjo de la luna, de muchas otras cosas. Son necesarios porque hay mucha pseudociencia que se pone de moda y, de hecho, se convierte en un negociete”. Y el astrofísico ofrece como ejemplo el feng-shui: “Cualquiera que lea las bases de esta presuntamente antigua disciplina oriental –que no lo es tanto, realmente– podría concluir que es una estupidez. Ni el mundo se compone de cinco materiales diferentes, ni hay energías positivas o negativas... Y encima pagas 500 euros para que un listillo te diga que tienes que mover la cama de sitio y colocar un colgante horroroso al lado del espejo para mejorar el chi-kung. Es simplemente una tomadura de pelo, un timo.
Paradójicamente, muchos conciudadanos pagan al consultor feng-shui, y hasta muchos arquitectos se lo montan así para ir de chachis y sacar unos extras”. Es frecuente escuchar a los crédulos el argumento de que “la ciencia se ha equivocado muchas veces, y cosas que antes negaba hoy las acepta”, o que “no todo lo que existe puede ser demostrado por la ciencia, hay cosas que ésta no puede estudiar”, o que “los que creemos en lo esotérico y paranormal somos como Galileo, y ustedes los científicos son la nueva Inquisición; algún día nos darán la razón”. “Pero la ciencia –explica el psicólogo Carlos Javier Álvarez, un investigador de la neurociencia cognitiva del lenguaje– se define sobre todo por su método. Y una de sus características es la objetividad: cualquier teoría o hipótesis cobrará visos de verosimilitud y se verá apoyada si –y sólo si– existen datos objetivos, empíricos y fiables que la sustenten”. La psicología sabe desde hace tiempo que no nos podemos fiar de nuestras percepciones, nuestra memoria, nuestra intuición o nuestras experiencias personales. Si queremos ver o encontrar algo, muchas veces lo encontraremos. Por eso es típico en ciencia el uso de instrumentos o técnicas de observación que eviten la posible influencia del factor humano. Si todo esto se hace bien, cualquier resultado experimental debe poder ser repetido por cualquier otro investigador. Sin embargo, nos cuenta Álvarez en su obra La parapsicología ¡vaya timo!, miles de personas afirman tener algún tipo de poder extraordinario, como hablar con los muertos o ver el futuro. Muchos viven precisamente de escribir libros, realizar programas de televisión, formar sectas con adeptos crédulos o vendernos sus extrañas ideas en miles de formas. “Si tan convencidos están, ¿por qué no demuestras sus poderes a través de procedimientos controlados y donde no puedan producirse sencillos trucos de ilusionista o fraudes? ¿Por qué suelen huir cuando se les reta a que lo demuestren?”.
El astrofísico y divulgador científico Carl Sagan decía: “¿Por qué todo fenómeno paranormal desaparece –o no se produce– cuando hay unescéptico delante?”.Yquien mejor parece haber encarnado ese papel de escéptico en la historiamásreciente es el ilusionista estadounidense James Randi, que dedicó gran parte de su vida a poner a prueba y desenmascarar innumerables fraudes relacionados con el mundo de lo paranormal, siguiendo el camino que en el pasado ya había empezado a transitar el célebre escapista Houdini. En la década de 1960, Randi ofreció 1.000 dólares de su bolsillo a la primera persona que ofreciera pruebas objetivas de cualquier fenómeno paranormal, como había hecho en los años 20 la revista Scientific American. Con el tiempo y muchas otras aportaciones, el premio conocido como el Reto de Randi ha aumentado a un millón de dólares. No se pide demasiado: sólo hay que probar cualquiera capacidad o poder de tipo oculto o paranormal en las mismas condiciones que cualquier otro experimento científico en psicología, con los controles adecuados para que no pueda haber trampas. Además, para asegurar la legalidad y objetividad de la prueba, esa fundación no participa en el proceso de comprobación, y el método es pactado entre la persona que supuestamente tiene ese poder y los experimentadores.
“¿No resulta sospecho que en todos estos años nadie haya pasado siquiera los test preliminares de la prueba?”, se pregunta Randi con ironía.
El detector de fantasmas
Pero todas estas evidencias apenas hacen mella en el crédulo que casi todos llevamos dentro. Y todavía hoy mucha gente sigue pensando que Uri Geller realmente doblaba las cucharas con el poder de la mente. Y a pesar de que diversos especialistas nos han mostrado cómo realizaba sus trucos sin necesidad de ningún poder extrasensorial todavía seguimos aceptando la posibilidad de que las ondas mentales retuerzan el metal. Y es que de esta pasión por lo misterioso y de la ancestral credulidad humana se alimentan muchas otras disciplinas de lo que se ha dado en denominar pseudociencias y que podrían definirse como aquellas teorías o creencias que intentan mostrase con un ropaje científico pero que, examinadas de cerca, no cumplen con los presupuestos y requisitos propios de la ciencia. Así florecen disciplinas como la criptozoología (estudio de los animales ocultos), capaces de escribir largos ensayos sobre el Yeti o el monstruo del lago Ness; o la quiromancia, capaz de leer el futuro en las líneas de la mano. Pero una muestra de nuestro nivel de credulidad nos lo ofrece la publicidad de una revista especializada en estos temas, donde se ofertan artefactos como el generador de ondas Beta-Alpha- Theta-Delta, capaz de incrementar la claridad mental. O el poderoso Sello de Salomón, magnetizado especialmente mediante un procedimiento de carga vibracional. O el genial Megabrain, que nos permiteun aprendizaje acelerado, una relajación autógena y equilibrar los chakras.Olos detectores de biomasa, que nos permitirán comprobar si tenemos fantasmas en casa.
¡Menudo timo!
lunes, septiembre 03, 2007
¿Qué buscan los escépticos?
Mal andamos si alguien se hace esta pregunta. Lo sensato es preguntarse qué buscan los alternativos, los enigmáticos y misteriosos, los gurúes de la hinbestigación y demás embrutecedores de sus semejantes. Qué buscan éstos aparte de dinero, claro.
En su última entrada en Paranormalidades Josué Belda defiende la necesidad de la labor habitual de los críticos y escépticos en el terreno del mercadeo paranormalista, respondiendo a la pregunta ¿Qué buscan los escépticos? Comienza diciendo que muchas veces le han hecho esta pregunta si los escépticos si no creen en las cosas que critican. Como siempre, esta forma de ver las cosas aporta indicios sobre el pensamiento de quien se extraña de la labor de los críticos. Y, como acabo de asegurar, lo extraño es que haya quien se pregunte por el sentido de la crítica; y también lo malo, pero ése es otro tema.
A veces yo me digo que la utilidad de la crítica escéptica es escasa, que el mercado y la mentira -que van de la mano- tienen vidas propias, y con unos anticuerpos poderosos frente a la duda y la vergüenza. Otros días soy más optimista, e incluso me divierte descubrir las debilidades en el razonamiento de los que no tienen mejor ocupación que divulgar estúpidas paridas conspiracionistas o acongojantes relatos de la vieja majadera con los pelos de la nuca erizados y el olor del misterio en sus narices.
Para lo que no es útil el escepticismo es para ir a la tele a participar en un programa-basura. Hace un par de meses me invitaron a la Televisión Canaria (qué suerte que ustedes no la pueden ver) para sentarme a una mesa friki en la que se trataron cosas del "más allá". Aquí, como siempre, los sobrentendidos son muy potentes, así que lo mismo se habló de psicofonías que de algún mamonazo echacartas que estafó a una mujer, como todos esos impresentables que aparecen en la tele cada mañana.
El planteamiento del programa era engañoso: como digo, la hipotética existencia del más allá fue algo que se dio por cierto desde el momento en que al presentador no le interesaba más que fomentar las reacciones semi-histéricas de la misma forma que un puñado de granos de millo (maíz) excita a unas gallinas. Parece que esa dinámica de patio de vecinos envalentonados y vociferantes es lo que demanda el televidente del montón. ¡Qué desperdicio de neuronas por parte de los productores, director y presentador del programa! ¡Coño, con lo sagrado que es el silencio! Alguien podría decirme que éste es uno de los rasgos que determina la superioridad de Cuarto milenio ante el salsarosismo televisivo imperante. No, el citado programa religioso simplemente adopta el estilo característico del ocultismo con pretensiones de normalización social: la metralla paranormalista se arropa con el falso asombro de su telepredicador; las barbaridades son editadas junto con las declaraciones de algún científico despistado o poco concienciado; y las falsedades históricas se presentan como huevos Kinder dirigidos a los adolescentes con cerebro infantil.
Algunas de las perlas del programa televisivo en el que participé fueron:
- Una mujer que mostró un par de fotos de su casa en las que aparecía un fantasma o un retrato que no se hallaba realmente en ese lugar, o cualquier otra combinación que ustedes prefieran y con la que les castañeteen los dientes.
- Un cura que decía que el diablo existe y que el laicismo sólo ha traído que la gente deje de creer en este señor -en el diablo- y en Dios.
- Grabación de una entrevista radiofónica con otro cura (por si era poco el que había en la sala) de Lyon que practica exorcismos. Media hora contando soporíferas chorradas. Me aburrí en el "bakesteich". Según me comentaron, el presentador del programa de humor Cuarto milenio lo entrevistó esa misma semana. Eso de los exorcismos vende, oiga, y a algunos les excita esa mezcla de alteración psiquiátrica y pantomima preconciliar. Qué asco...
- Otro tipo que decía era exorcista y que se enzarzó en una divertida discusión con el cura por quién tiene derecho a hacer estas prácticas. Me reí un rato.
- Por mi parte, una vez que me senté a la mesa, cada vez que intentaba explicar algo con más de veinte palabras me cortaba el presentador. A veces me tocaba con su pierna por debajo de la mesa (estaba al lado) para que interrumpiera a alguno de los sujetos que allí había. ¿Pero para qué, si luego me cortaba a su vez?
- Un parapsicólogo que también hacía limpiezas y que cobraba 30 euros por sesión. Lo llamé desahogado y sujeto sin escrúpulos, o algo así. Lo encajó de puta madre, con torería. Y es que su tarea no consistía en barrer el suelo o en poner la lavadora.
- Un chico flaco como un jockey, muy amanerado, que decía que la oui-ja había causado todos los males imaginables a su familia.
- Una señora que se sentía estafada porque su vidente le pasaba una chuleta de carne por su cuerpo para limpiarla (no piensen mal: la chuleta era una chuleta, no una salchicha).
- Y por último, un tipo que había vivido una experiencia cercana a la muerte, el típico relato. Sólo me dejaron decir que era una cosa que fabrica nuestro cerebro porque... (corte que te pego). Le dije que se desengañara, que no había estado muerto, porque si lo hubiese estado no estaría allí con nosotros, que si se lo dijeron se lo diagnosticaron mal. "Hay que vivirlo para opinar", fue su respuesta, claro.
Como se podrán imaginar, la crítica se muestra incapaz ante un escenario como éste. Su objetivo es otro, no debatir en pie de igualdad; se dirige a las tripas del televidente, en particular al peristaltismo rectal -en sentido figurado-, no a las neuronas. Gran parte de la televisión puede quedar así retratada.
¿Qué buscan, por tanto, de nuevo, los escépticos?
Semanas atrás, en el Golem blog su autor se hacía eco de un artículo de Fernando Savater en El País en torno a la cándida pretensión de renombrados autores por llevar la nueva buena atea a las conciencias de sus lectores. Fernando Savater, con un poco de ironía, aseguraba:
Daniel Dennett, Richard Dawkins, Michel Onfray, Sam Harris, André Comte-Sponville, Christopher Hitchens... En ese catálogo, los autores anglosajones destacan por su agresividad y también por un cierto candor misionero en su refutación de las viejas creencias. Incluso dedican numerosas páginas a demoler las pruebas tradicionales de la existencia de Dios (que no han mejorado desde Tomás de Aquino), empeño que a estas alturas del siglo XXI, y con Hume, Kant y Freud a nuestras espaldas, resulta casi conmovedor de puro antiguo, como bordar fundas para almohadas o algo así.
La clave del texto de Savater se encuentra en esta frase, que es precisamente la que más sorprendió a Ángel "Gólem":
Al parecer dan por descontado que aportando razones lograrán librar a los ilusos de convicciones que, ay, ninguno de ellos ha adquirido por vía racional.
Yo apunté en los comentarios de la entrada que, precisamente, suele ser inútil convencer a un creyente religioso con argumentos racionales, de la misma forma que es imposible convencer a quien cree que existen numerosos restos de presencia extraterrestre en la arquitectura antigua de que no existen pruebas científicas que avalen tal sospecha.
Se trata del pensamiento mágico o esotérico (y su degradación en pensamiento ocultista en el siglo XIX). Las vías para llegar a lo que pueda ser un convencimiento son totalmente distintas de las del pensamiento racional. El pensamiento mágico parte de unas conclusiones (influidas por muchos factores, entre ellos los emotivos) y busca pruebas, indicios que las confirmen (la existencia de Dios, la presencia de extraterrestres en la antigüedad, la existencia de un más allá donde perdure la conciencia, etc.).
Por eso, el intento de Dawkins y demás está en buena medida condenado al fracaso: no hablan el mismo "idioma" que los creyentes, y normalmente es como intentar dialogar con una pared.
Este importante aspecto del debate entre pensamiento racional y creencias mágicas es tratado por Wiktor Stoczkowski en Para entender a los extraterrestres (Acento Editorial, Madrid, 2001). La terminología empleada por el etnólogo es racionalidad productiva (la de las ciencias que se someten a la contrastación empírica) y racionalidad restringida (la de las creencias apriorísticas, por ejemplo, la presencia de astronautas extraterrestres en la antigüedad, que es el caso analizado en la obra citada). El libro de Stoczkowski, aun no siendo de digestión sencilla, pues obliga a pensar al lector -como bien dice el autor en la introducción- es útil para entender por qué ocupan ciertos nichos culturales las creencias alternativas, en qué y cómo se fundamentan, y por qué la crítica a la manera de Dawkins y otros no supone un verdadero riesgo para la pervivencia de estos constructos, a no ser que el propio individuo que los alberga en su mente abra la puerta y deje pasar a Dawkins y compañía. Si no, se quedarán fuera mientras el creyente (en lo que sea) permanece en su casa psicosocial a resguardo de quien no sabe, ni intuye, ni sospecha.
Quizá mi comentario pudo dar la impresión de que lo mejor que podemos hacer los críticos es abandonar nuestra labor, en vista de una aparente inutilidad. Pues no, sin duda. Afortunadamente, el planteamiento de Stoczkowski, siendo como es realista y atenido a la complejidad del mundo de las ideas, no lleva aparejada la inoperancia de la crítica -algo que ni siquiera es necesario que haga explícito desde el momento en que somete a un potente análisis a una fabricación como es la astroarqueología-; al contrario, en nuestra sociedad de la hiper-información no podemos pensar que todas las mentes estén cerradas ante la racionalidad productiva, ante el pensamiento crítico. Abundan los ejemplos de personas que, en tiempos, fueron creyentes, y luego evolucionaron hacia una interpretación de la realidad que -prefiero referirme a ella por vía negativa- no es la del mercadillo en el que trabajan los Pepe Gotera y Otilio del misterio y los enigmas. Ésta es, pues, nuestra razonable esperanza.
En definitiva: los escépticos no escriben para los magufos, normalmente: lo hacen para los creyentes que se inician, para los curiosos, para los que no se han dejado embaucar aún por la parafernalia mercantilista de los enigmas misteriosos y de los misterios enigmáticos, por las energías alternativas y por los alternativos energético$. Y empezamos a constatar que algunas voces perciben la utilidad social de la crítica escéptica (entrada del día 8 de agosto), cosa que hace sentirse a los mercaderes de cosas raras enigmáticas y supercalifragilísticas como a los responsables de una multinacional hamburguesera cuando a aquel fulano le dio por pasarse un mes comiendo sus Delikatessen, y hacerlo público. Dense un salto, si su estómago lo aguanta, por los comentarios de algunas entradas recientes del blog de Luis Alfonso Gámez. Ése es el nivel de los divulgadores de misterios españoles, reacción propia de garrapatas que son incomodadas en su idílico paraíso chupóptero de las mentes juveniles-juveniles y misteriófilas. A ver si empezamos a pensar por nosotros mismos, no guiados por la fuerza magnética de la cuenta corriente de cuatro iluminados con chaleco de arqueólogo, que ya tenemos edad...
Lo que buscan los escépticos, aunque a usted le repatee, le irrite y le enoje hasta el babeo rabioso, es lo que Josué Belda expone en su entrada. Se lo lee tranquilamente por la mañana, por la tarde y por la noche durante una semana. No tema aumentar la dosis, que no le causará intoxicación alguna.
En su última entrada en Paranormalidades Josué Belda defiende la necesidad de la labor habitual de los críticos y escépticos en el terreno del mercadeo paranormalista, respondiendo a la pregunta ¿Qué buscan los escépticos? Comienza diciendo que muchas veces le han hecho esta pregunta si los escépticos si no creen en las cosas que critican. Como siempre, esta forma de ver las cosas aporta indicios sobre el pensamiento de quien se extraña de la labor de los críticos. Y, como acabo de asegurar, lo extraño es que haya quien se pregunte por el sentido de la crítica; y también lo malo, pero ése es otro tema.
A veces yo me digo que la utilidad de la crítica escéptica es escasa, que el mercado y la mentira -que van de la mano- tienen vidas propias, y con unos anticuerpos poderosos frente a la duda y la vergüenza. Otros días soy más optimista, e incluso me divierte descubrir las debilidades en el razonamiento de los que no tienen mejor ocupación que divulgar estúpidas paridas conspiracionistas o acongojantes relatos de la vieja majadera con los pelos de la nuca erizados y el olor del misterio en sus narices.
Para lo que no es útil el escepticismo es para ir a la tele a participar en un programa-basura. Hace un par de meses me invitaron a la Televisión Canaria (qué suerte que ustedes no la pueden ver) para sentarme a una mesa friki en la que se trataron cosas del "más allá". Aquí, como siempre, los sobrentendidos son muy potentes, así que lo mismo se habló de psicofonías que de algún mamonazo echacartas que estafó a una mujer, como todos esos impresentables que aparecen en la tele cada mañana.
El planteamiento del programa era engañoso: como digo, la hipotética existencia del más allá fue algo que se dio por cierto desde el momento en que al presentador no le interesaba más que fomentar las reacciones semi-histéricas de la misma forma que un puñado de granos de millo (maíz) excita a unas gallinas. Parece que esa dinámica de patio de vecinos envalentonados y vociferantes es lo que demanda el televidente del montón. ¡Qué desperdicio de neuronas por parte de los productores, director y presentador del programa! ¡Coño, con lo sagrado que es el silencio! Alguien podría decirme que éste es uno de los rasgos que determina la superioridad de Cuarto milenio ante el salsarosismo televisivo imperante. No, el citado programa religioso simplemente adopta el estilo característico del ocultismo con pretensiones de normalización social: la metralla paranormalista se arropa con el falso asombro de su telepredicador; las barbaridades son editadas junto con las declaraciones de algún científico despistado o poco concienciado; y las falsedades históricas se presentan como huevos Kinder dirigidos a los adolescentes con cerebro infantil.
Algunas de las perlas del programa televisivo en el que participé fueron:
- Una mujer que mostró un par de fotos de su casa en las que aparecía un fantasma o un retrato que no se hallaba realmente en ese lugar, o cualquier otra combinación que ustedes prefieran y con la que les castañeteen los dientes.
- Un cura que decía que el diablo existe y que el laicismo sólo ha traído que la gente deje de creer en este señor -en el diablo- y en Dios.
- Grabación de una entrevista radiofónica con otro cura (por si era poco el que había en la sala) de Lyon que practica exorcismos. Media hora contando soporíferas chorradas. Me aburrí en el "bakesteich". Según me comentaron, el presentador del programa de humor Cuarto milenio lo entrevistó esa misma semana. Eso de los exorcismos vende, oiga, y a algunos les excita esa mezcla de alteración psiquiátrica y pantomima preconciliar. Qué asco...
- Otro tipo que decía era exorcista y que se enzarzó en una divertida discusión con el cura por quién tiene derecho a hacer estas prácticas. Me reí un rato.
- Por mi parte, una vez que me senté a la mesa, cada vez que intentaba explicar algo con más de veinte palabras me cortaba el presentador. A veces me tocaba con su pierna por debajo de la mesa (estaba al lado) para que interrumpiera a alguno de los sujetos que allí había. ¿Pero para qué, si luego me cortaba a su vez?
- Un parapsicólogo que también hacía limpiezas y que cobraba 30 euros por sesión. Lo llamé desahogado y sujeto sin escrúpulos, o algo así. Lo encajó de puta madre, con torería. Y es que su tarea no consistía en barrer el suelo o en poner la lavadora.
- Un chico flaco como un jockey, muy amanerado, que decía que la oui-ja había causado todos los males imaginables a su familia.
- Una señora que se sentía estafada porque su vidente le pasaba una chuleta de carne por su cuerpo para limpiarla (no piensen mal: la chuleta era una chuleta, no una salchicha).
- Y por último, un tipo que había vivido una experiencia cercana a la muerte, el típico relato. Sólo me dejaron decir que era una cosa que fabrica nuestro cerebro porque... (corte que te pego). Le dije que se desengañara, que no había estado muerto, porque si lo hubiese estado no estaría allí con nosotros, que si se lo dijeron se lo diagnosticaron mal. "Hay que vivirlo para opinar", fue su respuesta, claro.
Como se podrán imaginar, la crítica se muestra incapaz ante un escenario como éste. Su objetivo es otro, no debatir en pie de igualdad; se dirige a las tripas del televidente, en particular al peristaltismo rectal -en sentido figurado-, no a las neuronas. Gran parte de la televisión puede quedar así retratada.
¿Qué buscan, por tanto, de nuevo, los escépticos?
Semanas atrás, en el Golem blog su autor se hacía eco de un artículo de Fernando Savater en El País en torno a la cándida pretensión de renombrados autores por llevar la nueva buena atea a las conciencias de sus lectores. Fernando Savater, con un poco de ironía, aseguraba:
Daniel Dennett, Richard Dawkins, Michel Onfray, Sam Harris, André Comte-Sponville, Christopher Hitchens... En ese catálogo, los autores anglosajones destacan por su agresividad y también por un cierto candor misionero en su refutación de las viejas creencias. Incluso dedican numerosas páginas a demoler las pruebas tradicionales de la existencia de Dios (que no han mejorado desde Tomás de Aquino), empeño que a estas alturas del siglo XXI, y con Hume, Kant y Freud a nuestras espaldas, resulta casi conmovedor de puro antiguo, como bordar fundas para almohadas o algo así.
La clave del texto de Savater se encuentra en esta frase, que es precisamente la que más sorprendió a Ángel "Gólem":
Al parecer dan por descontado que aportando razones lograrán librar a los ilusos de convicciones que, ay, ninguno de ellos ha adquirido por vía racional.
Yo apunté en los comentarios de la entrada que, precisamente, suele ser inútil convencer a un creyente religioso con argumentos racionales, de la misma forma que es imposible convencer a quien cree que existen numerosos restos de presencia extraterrestre en la arquitectura antigua de que no existen pruebas científicas que avalen tal sospecha.
Se trata del pensamiento mágico o esotérico (y su degradación en pensamiento ocultista en el siglo XIX). Las vías para llegar a lo que pueda ser un convencimiento son totalmente distintas de las del pensamiento racional. El pensamiento mágico parte de unas conclusiones (influidas por muchos factores, entre ellos los emotivos) y busca pruebas, indicios que las confirmen (la existencia de Dios, la presencia de extraterrestres en la antigüedad, la existencia de un más allá donde perdure la conciencia, etc.).
Por eso, el intento de Dawkins y demás está en buena medida condenado al fracaso: no hablan el mismo "idioma" que los creyentes, y normalmente es como intentar dialogar con una pared.
Este importante aspecto del debate entre pensamiento racional y creencias mágicas es tratado por Wiktor Stoczkowski en Para entender a los extraterrestres (Acento Editorial, Madrid, 2001). La terminología empleada por el etnólogo es racionalidad productiva (la de las ciencias que se someten a la contrastación empírica) y racionalidad restringida (la de las creencias apriorísticas, por ejemplo, la presencia de astronautas extraterrestres en la antigüedad, que es el caso analizado en la obra citada). El libro de Stoczkowski, aun no siendo de digestión sencilla, pues obliga a pensar al lector -como bien dice el autor en la introducción- es útil para entender por qué ocupan ciertos nichos culturales las creencias alternativas, en qué y cómo se fundamentan, y por qué la crítica a la manera de Dawkins y otros no supone un verdadero riesgo para la pervivencia de estos constructos, a no ser que el propio individuo que los alberga en su mente abra la puerta y deje pasar a Dawkins y compañía. Si no, se quedarán fuera mientras el creyente (en lo que sea) permanece en su casa psicosocial a resguardo de quien no sabe, ni intuye, ni sospecha.
Quizá mi comentario pudo dar la impresión de que lo mejor que podemos hacer los críticos es abandonar nuestra labor, en vista de una aparente inutilidad. Pues no, sin duda. Afortunadamente, el planteamiento de Stoczkowski, siendo como es realista y atenido a la complejidad del mundo de las ideas, no lleva aparejada la inoperancia de la crítica -algo que ni siquiera es necesario que haga explícito desde el momento en que somete a un potente análisis a una fabricación como es la astroarqueología-; al contrario, en nuestra sociedad de la hiper-información no podemos pensar que todas las mentes estén cerradas ante la racionalidad productiva, ante el pensamiento crítico. Abundan los ejemplos de personas que, en tiempos, fueron creyentes, y luego evolucionaron hacia una interpretación de la realidad que -prefiero referirme a ella por vía negativa- no es la del mercadillo en el que trabajan los Pepe Gotera y Otilio del misterio y los enigmas. Ésta es, pues, nuestra razonable esperanza.
En definitiva: los escépticos no escriben para los magufos, normalmente: lo hacen para los creyentes que se inician, para los curiosos, para los que no se han dejado embaucar aún por la parafernalia mercantilista de los enigmas misteriosos y de los misterios enigmáticos, por las energías alternativas y por los alternativos energético$. Y empezamos a constatar que algunas voces perciben la utilidad social de la crítica escéptica (entrada del día 8 de agosto), cosa que hace sentirse a los mercaderes de cosas raras enigmáticas y supercalifragilísticas como a los responsables de una multinacional hamburguesera cuando a aquel fulano le dio por pasarse un mes comiendo sus Delikatessen, y hacerlo público. Dense un salto, si su estómago lo aguanta, por los comentarios de algunas entradas recientes del blog de Luis Alfonso Gámez. Ése es el nivel de los divulgadores de misterios españoles, reacción propia de garrapatas que son incomodadas en su idílico paraíso chupóptero de las mentes juveniles-juveniles y misteriófilas. A ver si empezamos a pensar por nosotros mismos, no guiados por la fuerza magnética de la cuenta corriente de cuatro iluminados con chaleco de arqueólogo, que ya tenemos edad...
Lo que buscan los escépticos, aunque a usted le repatee, le irrite y le enoje hasta el babeo rabioso, es lo que Josué Belda expone en su entrada. Se lo lee tranquilamente por la mañana, por la tarde y por la noche durante una semana. No tema aumentar la dosis, que no le causará intoxicación alguna.
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